¿Inteligencia o imaginación?

Debate

Por Lucrecia Pujol

Una definición psicológica de la inteligencia la define como la capacidad de adaptación a distintas situaciones (Piaget). No sin pasar por alto otras definiciones de distintos matices como son las de Hegel, Fitche (estos dos comparten algunas clasificaciones indirectamente relacionadas a la definición psicológica) o la de Bergson. No va al punto profundizar estas pues me parece correcto utilizar la psicológica en el sentido más inherente al hombre, y en especial al hombre primitivo como chispa de todas la inteligencias.

¿Existe la inteligencia como tal? ¿Cuál es el lubricante que la hace mover a esas “distintas situaciones”?. El hecho de que el hombre primitivo sobreviviera en ciertos ambientes es un indicio claro de inteligencia, de adaptación a su medio hasta llegar al hombre moderno, en el que su pensar se sigue adaptando a las necesidades imprescindibles e incluso ociosas. Volviendo a lo cuestionado, esa primitiva roca tallada como elemento de caza, esa flecha, esa rueda (que sigue rodando en el siglo XX), ¿no fue producto de una ingeniería que se llama imaginación?, ¿no sería esta (creatividad en el más puro de los sentidos) una antesala imprescindible para lo que hoy llama inteligencia en el más amplio de los conceptos?

No pretendo que la balanza se incline para el arte, puesto que la imaginación siempre se asimilo a la literatura, música, cine, etc. Al contrario, hay que sacar del fangoesa rueda que le corresponde de por partes iguales tanto el arte como a otros campos de la mente y, ¿porqué no?, del cuerpo.

Para minimizar esta abarcativa problemática pondré un ejemplo. Bacon decía que la imaginación es la facultad que se halla en la base de la poesía; me parece injusto porque tanto el científico, por ejemplo, el poeta se alimentan de la misma usina de creatividad, claro está que amaestrada por distintos titiriteros.

De manera que, priorizando la imaginación a la inteligencia, no parece más inteligente un excelente poeta de 20 años que no puede entender la operación de la división que Einstein en su momento más pleno. Quizás el poeta nunca podrá aprender a dividir como tampoco una simple metáfora, por más que ambos se lo propongan.

Publicado en EVT Año 1, N° 1, Primavera de 1995.


Categorías:EVT Nº 01, Opinión

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