Córdoba: el canto de los coros II

pag. 8A partir del ‘70:

 

Por Celina Garay

Solíamos reunirnos un grupo de escritores en el departamento de la calle Caseros de la ciudad de Córdoba, donde vivía Tessie Ricci (1959-1988). Allí conocí a Alejandro Schmidt y una pregunta que muchas veces me hice se vuelve memorable: ¿Qué hacías durante la última dictadura militar? Schmidt me respondió: -Leía a Proust.

Este exilio en el silencio fue una de las actitudes que muchos poetas tuvieron durante la década del 70; otros, agrupados en talleres resistían en la confrontación, tal es el caso del Taller editorial Sol Urbano, integrado por Víctor Lellín, Jorge Felippa, Jorge Martínez, Daniel Curado, Jorge Torriglia y otros que se integrarían entrado los años (V. Poesía de Córdoba, Los años 70 de Eugenia Cabral en el diario La Voz del Interior, 1/07/93) o El Taller de Escritor con Julio Castellanos, Francisco Colombo, Susana Cabuchi, Daniel Moyano, Ofelia Castillo entre los principales.

Hay que apuntar que poetas como Oscar Monesterolo (1952) publicaron en estos años sus más importantes libros: Medianoche en el hombre (1972), Ceremonias (1974), El bosque milagros (1978). Y también es ineludible recordar la aparición de la Revista Laurel con la dirección de Alberto Díaz Bagu hacia 1979. Revista en la cual, junto a viejos nombres como los de Malvina Rosa Quiroga, Mario Arguello, Amelia Saieg, Julio Requena, el hoy “centenario” Juan Filloy, aparecieron en nuevos: María Calviño, Graciela Ferrero, Rafael Roldán Auzqui y otros muchos.

Bibiana Euguía publica a fines de 1984 un Index bibliográfico de autores de Córdoba del ’80.Esta excelente contribución interesa para conocer cómo se deshojaron los años de transición. O en todo caso, ¿transición hacia qué promoción, hacia qué cultura? Es cierto que hacía mella el 83 pero lo notable es la sensación de un gusto nuevo que teníamos en la boca y que a fines de esta década se siente en aquellas ediciones de autor donde la videocultura, el rock y la poesía hacían sus primeras apariciones juntas, luego irrepetibles bajo el mercantilismo corporativo que resultó la democracia de fin de milenio. Autores como Javier Almeida publican Escoria y Cincel (1989); Poemas a Claudia (1986-1987), editado en 1988; y Reyvaj (1987); cito asimismo a Gerardo Pérez Taschetta con su Sinfonía del Bienamado Anlyen (1988); a Carlos Schilling que publica en 1985, Imágines y a Iván Wielikosielek que en 1994 publica Versículos.

Antes de pasar a la lectura de algunos poemas con las respectivas fichas bibliográficas de sus autores quiero hacer mención de la aparición de nuevas revistas literarias a partir de fines de esta década [‘90], que muestran su inclaudicable vacación literaria, entre ellas: Las Palabras de la Tribu, N° 1/1989); Imaginera (N° 0/1991); Celacanto (N° 1/1992).

Muchos de los autores que ven su primer libro en estos años hasta hoy en día, lo hacen con el auspicio del Fondo Estímulo de la Actividad Editorial Cordobesa de la Municipalidad de Córdoba, que ha significado la edición de más de doscientos títulos, razón por la cual recalco este aporte. Otra institución por donde, como se verá más adelante, transitan muchos poetas es la Universidad de Córdoba. Es el caso de Esteba Gabriel Anadón, Silvio Mattoni, Rosana Formia.

Sin más introducción, alguno de los poemas de estos autores que presenté en el evento Las Vanguardias Literarias en Iberoamérica durante noviembre de 1994, en Cuba:

Alejandro Schmidt es de Villa María, donde nació en 1955 y reside. Ha publicado Las Bienaventuranzas y Clavemenor en 1983, Tajo en la piedra en 1984, Elegías y Epitafios en 1985, Serie Americana en 1988, El muerto y Arder en 1991. Dirigió la revista literaria El Gran Dragón Rojo y La Mujer Vesida de Sol (1986-1991) y actualmente las carpetas de poesía argentina Alguien llama. Presencia imprescindible en la poesía argentina contemporánea, Schmidt ha dicho como dice el mismo(1) hasta 1987 una poesía intimista y bien provinciana, en Serie… rinde homenaje a los escritores americanos del realismo sucio, a los seriales norteamericanos y todos los mitos populares del cine, la TV y la música; luego trabaja sobre las lecturas del neorromanticismo de esta latitud bajo la égida de Mastronardi, J. L. Ortiz, Voscos Lescano, R. Ribero y A. Nicotra.

 

Todos esperamos grandes cosas

apenas desierto
bajo la llovizna del otoño
salí al patio
resuelto a ser llevado por el día

era la noche
y unos pájaros
atravesaban las cosas
arrastrando el amanecer
altos y blancos casi
contra luz
y el esplendor de la lluvia

sordos y en ángulo iban llamándose
llamando

apoyado contra la galería
vi sus cuerpos que
                despacio
vencían el planeta.

Todos esperamos grandes cosas
ser invitados a las fiestas
dominar el destino
vestir las prendas del imbécil
Así llegamos
quebrantados y oscuros
encendiendo el rostro
tras la mano

¡Dios Mío!
cuando terminará el quemarse la importancia
            estas palabras, hundidas en la tierra.
Maria Calviño, nace en Córdoba, en 1961, es poeta inspirada en la voz de Alejando Nicotra. Dedicada a la docencia universitaria en la cátedra de Literatura Inglesa de la universidad Nacional de Córdoba a la par que a la traducción de autores anglosajones comporta dentro de la misma generación de Anadón un tono sostenido de sensible y tierno alcance. En 1993 publica Círculo de Sombra, permanece inédito Temporada de la Casa. No quiero dejar de citar el trabajo de Adriana de Ortega (2), quien en los poemas de Calviño busca la escritura femenina entre los personajes centrales de su poesía, -nos dice- donde la percepción vegetal, instantánea, de lo poético es su gesto. Su escritura es concretísima. Leeremos:

 

Río Abajo

Hoy deshago otra vez este camino:
Paredes a medio levantar, techos de lata
Alejan del centro de la ciudad
El río, las ondas
De muros helados
Se pierden bajo el puente que cruzo
A media noche. Vuelvo
De aquello que tu amor recobra;
La luz de los inviernos de la infancia,
La trama de un tapiz
Hecho de pájaros, el piano,
La genealogía de una cuidad del sur
Del mundo. Río abajo
Quedan los pasos rápidos
La torpeza de la lengua en la piel:
Como si la costumbre de volver
Pudiera retenerte ahora, mientras
El arco de la luna nueva roza
Las copas de los árboles que brotan.
De mi generación es Pablo Anadón, quien nació Villa Dolores en 1963 y vive en Italia. Docente en la Universidad de Cosenza, Anadón realiza una importante tarea en la difusión, investigación y traducción de la poesía italiana. El libro de poesía Lo que trae y lleva el mar es publicado este año en Italia y llega de la mano del autor a Córdoba, obra que nos dona lo más íntimo de sus experiencias -dicho esto con palabras que el poeta rescata de Ungaretti (3)

 

Aro de hierro, noche

Aro de hierro, noche
Que atenazas mi frente,
Aprieta aún más.
Libérame
De mí:

Cierra tu negro círculo
Hasta ser filo del horizonte,

La costa donde rompen
Las olas de lo real,
Déjame amar
Ahora, aquí
El cuerpo que se alza de la espuma.
Rosana Formia nació en la La Francia, Provincia de Córdoba. Es colaboradora de diversas publicaciones periódicas. Publicó en 1994 su primer libro de poemas Caída del fuego. De este libro leeremos un fragmento de:

 

Dime que eres púrpura, mujer

Manos estuosas escuchan.
En el tarro lapidario
se coloca la lluvia
Toc toc tóc son continuoms encerrados.

Párase la lluvia y bípeda
comienza a correr abajo.
Ojos excitados
la oyen autotélica.
Sólida y sobre sí
y hataca.
Me causa ese manantial estridor
torrente lloral.
Ojos excitados
la sienten desmembrarse en el hastial
y caer densamente.
Manos estuosas
la recogen estrellamar.

Oye a sus enemigos.
Dermis seca y leña junta,
y se enciende, y escapa
de ellos mutilada mi cosa.
Alo a ella con la asteria pluvial
y arde también.
Hago el gesto de la pena
por mi lluvia pavor autumnal,
mientras sometida a tan miedo estival.
Noche y silencio
dan desapacibles a la nada.
Silvio Mattoni, también nacido en 1969, en Córdoba. Es licenciado en Letras Modernas y ha publicado en diversas revistas literarias, antologías y especialmente en el Diario la Voz del Interior de Córdoba. Su primer libro de 1994 lleva el nombre de El Bizantino. Leeremos:

 

Platón

Dormían las palabras del filósofo, cerraban
sus oídos enormes puertas, en su memoria hablaba
sólo el sueño, vestido de Alcibíades:
¨…compartimos el lecho, entrelazados, pero
no me tocó su boca; junto a él yazgo ahora,
sonríe ante los ojos de algún muchacho nuevo,
interpuesto de pronto por su frase, entre nuestros cuerpos,
embebidos de vino y perfumes. Cuando en la escena irrumpe
un grupo indistinguible, rompen las puestas y abren
la incertidumbre de una orgía, entonces, el soñante
despierta, viendo a Sócrates hablando, desvelado,
restableciendo, incólume, un discurso. Platón escribe ahora,
recordando, los restos de un relato para ordenar el sueño.
(1) Las metonimias del viento. Reportaje concedido a Carlos Gazzera del diario La Voz del Interior, suplemento de Cultura – 24 de junio de 1983. Pág. 40.

(2) Adriana Ortega. Una lectura de la escritura de las mujeres. Revista Imagin Era. N° 0. 1991. Córdoba.

(3) Pablo Anadón. Poesía italiana de los años 80. Revista Las palabras de la tribu. 1990. Córdoba.

Publicado en EVT, Año 1, N° 1, Primavera de 1995

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