Córdoba: el canto de los coros

pag. 7Sin duda los caminos por los que ha transitado la poesía cordobesa son muchos y variados. En estas páginas: los viejos y nuevos rumbos, poetas que han dejado su testimonio y los que aun siguen cantando. Celina Garay y Susana Degoy invitan a este encuentro entre la tierra y la historia.

 

Por Susana Degoy
La tradición poética de Córdoba arranca del nacimiento –en la capital de esa provincia- del primer poeta argentino: Luis José de Tejeda (1604-1680) y trasciende a través de la fama de otros grandes, como Leopoldo Lugones (1874-1938), nacido en la cordobesa Villa de María de Río Seco, y Arturo Captevilla (1889-1967). Pero el caudal no se agota allí: siempre hay poetas en Córdoba y –aunque resulte increíble- siempre hay editores dispuestos a jugarse por la poesía.

Hay constantes que definen a la provincia y que afloran en la obra de sus poetas, a lo largo de los dos últimos siglos: la mística, el humor y el compromiso social.

Hacia los años treinta se decía que no había un cordobés que no tuviera escrito un proyecto de ley y un libro de sonetos; la idea define claramente a estos provincianos doctorales, soñadores y autoirónicos. De ello pueden hablar los poetas: Alejandro Nicotra, Jorge Voscos Lescano, Glauce Baldovin, Romilio Ribero (poeta y pintor, muerto a los cuarenta y un años), Alejandro Nores Martínez (juez, periodista y famosísimo periodista satírico), María Alicia Dillon, Inés de Allende, Osvaldo Pol, para nombrar a algunos de los que nacieron en las décadas de los 30 y 40 y escriben –o, en algunos casos, escribían- así:

Escalera caracol

A gatas
               pesadamente
crujidos
               un escalón
otro escalón
                     rostros de yeso
cielo raso
                  desconocidos
rastros
              cansancio

Atrás las puertas que a golpes
cerraron los crepúsculos
un montoncito de polvo en el rellano.
Un escalón y otro más
el ojo celeste de la claraboya
al alba.
Una pequeña llave abrirá un desván.

María Alicia Dillon

 

La Misteriosa

Llegará el tiempo de
la Misteriosa.
De la piedra Misteriosa.
Llegará sin sus abalorios,
llegará en la catedral
de las lágrimas, en el puerto
de la imaginación,
a vivirte.

A la dulzura de las caravanas
que entregan sus carnívoras plantas
a la devoración.

El tiempo del Sembrador ha pasado.
¿Quién recogerá los frutos?
¿Quién será el devorado?

Romilio Ribero

 

Soneto a Córdoba

Alguna vez –yo sé que está conmigo
y es la razón donde me sé más fuerte-
ha de cambiar el viento de la suerte
y he de volver como antes a tu abrigo.

Puede que el puro sueño que persigo
se cumpla sólo el día de la muerte.
cuando los ojos ya no puedan verte,
cuando no diga lo que ahora digo.

Pero es igual, igual, porque el desvelo,
que es desvelo de sierra y campanario,
está en el corazón, no tiene horario.

Y en ese andar tan lejos de tu cielo
sólo el volver se me hace necesario
volver es la medida de mi consuelo.

Jorge Voscos Lescano

 

Como siempre…

Como siempre,
en las horas del sustento
el desvío de un cielo caducado.
La escala está deshecha
y además el Arcángel
dilapidó sus alas
en la carrera inútil.

Junto al barro
sólo queda el mirar…
Igual que un niño
cuando el circo desfila.

Osvaldo Pol

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