LA INDESICIÓN LA DESICIÓN
por OSCAR PORTELA

La necesidad de dominio de la voluntad requiere hoy de una gigantesca pantalla – el panóptico post-histórico- desde el cual los poderes que manejan el mundo puedan jugar ya sin lógica alguna el ajedréz de la supervivencia, en un planeta donde todo morar (habitar) resulta hoy imposible.

La muerte de las “humanitas” (la palabra humanidad solo tiene un significado: seguridad, asilo) no fue pensado sino por algunos nombres ilustres de la filosofía.

La indigencia del pensar frente a esta voluntad de dominio que solo anhela la supervivencia, y que jamás decide nada, porque toda desición comienza allí donde los actos de la razón instrumental fracasan, y comienza o recomienza algo no mesurable por una razón bastardeada por la esencia de la técnica.

Lo que aquí se afirma es que el descubrimiento de la fricción nuclear comenzó a prepararse en la Grecia de los presocráticos, y ancló en la modernidad cartesiana de la certidumbre del yo, con respecto al mundo como entidad cuantificable.

¡Nada, absolutamente nada de lo cual puedan hacer los gobiernos de los Estados Naciones, las dirigencias políticas o intelectuales y la impotencia de todo imaginario colectivo, las legislaciones internacionales, los súper estados o mega corporaciones, los foros internacionales, pueden decidir acerca de paz o guerra, aquello que Heidegger llamaba paz aguerrida, esas guerras preventivas actuales, consecuencia de la misma ineficacia de la razón instrumental.

Esta aporía con la cual se encuentra zaherido el espíritu y el alma solo en transito en una tierra baldía nos remite al mito de un Teseo ya sin una Ariadna.

El cese de fuego en la guerra del medio Oriente será entonces solo el paréntesis que abra una vez más el intervalo entre dos fugases instantes, durante los cuales esa voluntad de dominio, estará solo aparentemente manejada por las psicósis dirigenciales de quienes comodamente sentados frente a las pantallas gigantes de un mapa-mundi virtual, tratarán de oxigenar el pánico que sobrellevarán las multitudes más afectadas del planeta.

Nada más. Luego desastres más hondos, catástrofes mas devastadoras, eclipses más duraderos.

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No existiran victorias para nadie sino el horror vacuí y la flama de la beligerancia de esa voluntad de dominio que quiere hacerse con el todo de lo ente.

Después de milenios la luz de la razón muestra su otro rostro: el de la irracionalidad absoluta y el de su impotencia para pensar su misma esencia de mendicante indigente en tiempos de penuria en las cuales los instrumentos de destrucción no son ya ni el hacha ni la piedra.

¡Solo un recreo de ser posible entonces hasta que un timbre nos despierte del sueño y nos entregue al vacío de las alucinaciones más terribles!

La guerra del Medio Oriente mientras tanto multiplicara los odios, las estrategias fatales se condensaran en el interregno, y los habitantes de la tierra, adormilados por tanto estruendo y tanta sordera, despertarán una vez más, ahora entre las llamas de una implosión inextinguible.