“La poesía es una emperatriz perversa”

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Entrevista a Jorge Smerling

Jorge Smerling (Buenos Aires, 1957) comenzó tocando el piano. El primer libro que publica es Onirocrisis (1980) y continúa con El Vacío de la Paloma (1980), El Circo Natural (1982), Bombardeo de las Siestas Vecinas (1984), Canción para Viola (1986), Quasar (1989), Canción de Adiós para un Rey Oscuro (1993), Mosca de Cuerno (1993), Canción para una Fotografía de Ausencia (1995), Señor: el Alma es un Fragmento de tus Ojos y Misa por los Árboles (1995). En el siguiente reportaje nos habla de la soledad, la creación poética y de porqué se pelea con Dios.

Por Alejo González Prandi, Andrés Haedo y Celedonio Torres Avalos

 ¿Cuándo empieza tu amor por la poesía?
– No me acuerdo, pero habrá sido a los 15 años, más o menos. Yo me dedicaba a la música y ahí se produjo una transformación, porque dejé la música y empecé a escribir poesía, Más allá que la poesía es música. Hay un concierto que es el de Rachmaninov, el número 2, que yo lo tengo incorporado. O sea, no hay diferencia.

Vos decís que la poesía es música. ¿Crees que puede darse una definición de la poesía?
– No. El que la define la mata.

¿Hay una forma de vida especial para el poeta?
– No hay manera. Pero lo que haga no tiene que corroer, no tiene que poner a la poesía entre la espada y la pared. Creo que en algún punto tienen que ser compatibles. Porque si pensamos en Wallece Stevens, por ejemplo, él era un alto ejecutivo de una empresa de seguros, y un día encontraron sus poemas. Lo que sí creo que no se le debe ser infiel. Uno tiene que acceder a lo que pide, y en cualquier momento. Seas lo que seas y hagas lo que hagas. Ser un peón de la poesía, porque uno está a merced de la poesía. Más allá de que uno quiera someter a la belleza, quiera someter a la poesía y quererla mover, así como una pieza de ajedrez, no hay manera. O sea, la poesía tiene sus códigos, es una emperatriz perversa y en algún momento te va a mandar una nueva jugada. Entonces, sometete, punto.

¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
– Bueno, todos empezamos con Neruda, pero el libro que tengo de cabecera es Una Temporada en el Infierno, de Rimbaud.

A la creación poética algunos la definieron como una necesidad metafísica, otros como producto racional, otros como una fuente divina, inspiración de las musas, inconsciente. ¿Qué es para vos la creación artística?
– Yo no hablo de creación, sino de re-creación. La creación ya está. Después, pienso que es ordenar el caos de cada uno, además de ser un don. El hecho de la re-creación es destruir para construir. Destruir para construir es porque hay algo que no gusta. Pero de todas maneras, hablar de una re-creación es como definir la poesía, que no la puedo definir. Y además, nunca entendí yo de golpe estoy escribiendo, y porque hoy me quiero sentar a escribir y me salen palotes y redondeles. Cuando yo era joven tenía todas las definiciones y todas las teorías. A medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que nada de eso vale, y lo único que puedo hacer es escribir apenas un poema.

En tu poesía se perciben momentos  de alabanza y de bronca hacia Dios. O sea, se dan dos caras contrapuestas.
– Es lógico. Quien vive se contradice. Por otro lado, también uno tiene dudas. También en un poema digo: “Señor, asegúrame la otra vida”. Más allá de que yo sea muy religioso tengo mis dudas.

Sí, justamente eso es la religión. La duda. Creo que la duda es lo que hace al hombre religioso. No la certera seguridad de que Dios existe.
– Yo creo que la duda te hace escribir. La duda te permite un montón de cosas más que la certeza. La certeza te pone en un lugar firme, clavado ahí, y no te permite seguir investigando. Entonces, a veces me peleo con Dios, a veces le pido.

smerlingDe tus libros publicados, ¿cuál es el libro al que más cariño le tenés?
– Los dos primeros los tiraría a la quema, pero hay dos: Canción de Adiós para un Dios Oscuro y Canción para una Fotografía de Ausencia.

¿Vos crees que hay que escribir con un compromiso político?
– No… el compromiso es con uno.

Sin embargo, vos en tus libros hablás de Hiroshima, de Nagasaki…
– Sí, pero yo doy testimonio de lo que me pasa o de lo que me sucede a mí con otra persona. Es como una especial interacción entre lo humano y el universo y las cosas y Dios. Yo en plena época de los milicos no escribía contra los milicos, después de 20 años escribo contra los milicos. Para mí el arte no tiene que ir acompañado de la realidad.

¿El arte sobrevive a las crisis del hombre?
– Y sí, sino no sería arte.

¿Vos crees que cuando el hombre crea imita la realidad?
– Crea otra.

Sí, me recuerda a Pavese: “Una imagen poética no es un adjetivo unido a un sustantivo, sino una nueva realidad puesta de manifiesto”.
– Claro…

¿Cuáles considerás que son los núcleos recurrentes de tu poesía?
– Bueno, el tema de la belleza y el tema de los cuerpos. Y Dios. Lógicamente entre todo esto está el amor, la vida, la muerte… lo que lo rodea. Como decía Borges, hay cuatro, cinco temas. No hay muchos más para escribir.

¿Crees que al arte se le puede atribuir nacionalidades o sexos?
– No, eso es una pelotudez.

A menudo hacés retiros espirituales. ¿Cómo se involucra eso en tu poesía?
– El retiro espiritual me ayuda cuando estoy fuera de mí. Es volverme a encontrar con vos mismo, con tus cosas y tus propias miserabilidades, aceptarlas, y en la medida de la aceptación, crecer de espíritu.

¿Cuál es el balance que hacés de tu obra?
– Hasta el momento el balance es de alegría, porque sigo fiel a la poesía. No me he pasado a la prosa. No escribo cuento, que es otro gremio (risas). Yo tengo una imagen que siempre la saco del deporte, que es como un penal. O sea, está el arquero, el poeta es el arquero, y la sociedad te tira un penal. Si atajás la pelota, no te equivocaste, y si te equivocás, bueno, mala suerte. Pero vos te jugaste a un palo. Parece burda pero tiene su profundidad, en cuanto a jugarte por algo y ser fiel a algo.

¿Cuál sería tu reacción si un día descubrís que no tenés nada para decir?
– No escribo, me dedico al silencio.

¿Qué es la sociedad?
– Hay varias soledades: la que se busca, la que no se busca y uno se encuentra metido. La soledad buscada me gusta, la soledad no buscada no me gusta. Y después la otra gran soledad creo que es cuando uno está frente a la página en blanco, hasta que un verso, una palabra rompe… o hace de red o de tabla de salvación para que no te caigas. Esa quizás sea la más terrible..

¿Qué opinión te merecen los suplementos culturales?
– Son una “merda” todos. Salvo La Nación. Es el único que se puede leer.

¿Qué mensaje le daría a los jovenes poetas?
– En principio que lean, que lean muchísimo y que se desilusionen mucho, y que vuelvan a intentar, pero que no escriban como si estuviesen descubriendo América. Que tengan una voz propia. Y sobre todo, lo más importante, que no vayan a los talleres literarios, porque todos escriben igual. Se pueden intercambiar nombres. Y otra cosa, es importante leer a los clásicos. Porque es la base de todo. Además, yo no sé porque entiendo a los clásicos y no entiendo a los contemporáneos, y de mi país, no del exterior. Algo falla. Algo falla, y no sé qué es. Además nunca se sabe de lo que están hablando. Empezás a leer una línea y después tenés que volver para saber qué carajo quiso decir porque la idea central se perdió, evidentemente. Hacen agua por todos los poemas de los jovenes de hoy.

¿Da la impresión que hay mucha gente que escribe?
– Muchísima, muchísima que escribe. Esa es la palabra. Muchísima gente que escribe, pero son muy pocos los poetas.

¿Cómo te gustaría que se te recuerde?
– Como una buena persona.

Publicado en EVT, Año 1, N° 3, Invierno de 1996

Link: Poemas de JS



Categorías:Entrevistas, EVT Nº 03

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