Poesía del náufrago eterno

Poesía de Salta: Joaquín Castellanos

Por Alejo González Prandi

Joaquín Castellanos nació en Salta en 1861 y murió en 1932. Fue docente, periodista, legislador y llegó a ser legislador de su provincia natal. Autor de varios libros de poesía, como La isleña (1881), El nuevo Edén (1883), El borracho (1887), Tierra madre (1892) y La gran querencia (1925), entre otros títulos.

Hoy en día es considerado como uno de los primeros poetas de la literatura salteña, especialmente por su poema El borracho, de amplia y popular repercusión nacional en su época. Posteriormente es ampliado y corregido por el autor bajo el título de El temulento. Al respecto, Leopoldo Lugones opina: “El nuevo, El Temulento, nada me dice. Es una voz erudita: latín puro, en suma; paralítica por desuso, debilitada por la sinonimia, cosa de academia que por ningún lado se adecua a un poema (…) Yo fui, precisamente, de los que con más brío popularizaron El borracho”.

Según cuenta el propio Castellanos, el cambio de título se lo aconsejó un amigo suyo, argumentando que si dejaba pasar el tiempo “la gente que en su mayoría es estúpida y malévola, confundiría al autor con el personaje del poema”.

Su participación en política alcanzó a ser una de sus vocaciones predilectas. Intervino en la fundación de la Unión Cívica y en el periodismo de combate cuando se organiza la acción contra el desprestigiado gobierno de Juárez Celman. Años más tarde, la Unión Cívica Radical lo elige sucesivamente diputado de la Legislatura de Buenos Aires. Es ministro de Bernardo de Irigoyen en dicha provincia y, más tarde, diputado de la Capital en 1990 y 1914. Es, tal vez, la voz de Manuel J. Castilla quien mejor lo sepa retratar: “Por un lado, el poeta y el político, y por otro, su poesía. Por allá, la barricada, el comité, los panfletos y por aquí, entre negras consolas, entre sillones enfundados y espejos por donde pasa el tiempo con olor a jazmines, su poesía lírica, doblándose como el humo de un velo en las manos de las mujeres de largas cabelleras y en las guitarras”.

Pero después de gozar en los grandes festines, de saciar su “hambre de sed y amor”, después de amar el desierto y elegir las ciudades, de hacer de la taberna su hogar y de beber hasta el olvido, en su voz desolada se despide: “Ya es hora de que me aleje,/ ya es hora de que mi vida/ vaya, como el ave herida/ que arrasó la tempestad,/ a juntar desde la altura/ de lejanos horizontes/ la soledad de los montes/ con mi propia soledad”.

En 1914 aparece el limbo, poema dramático en prosa y verso que Castellanos firma con el seudónimo de “Dharma”. Se publican durante su vida, en sucesivas ediciones a partir de 1886, los libros de prosa Ojeadas literarias, Labor dispersa, Acción y pensamiento, Marcas a fuego y Güemes ante la historia. En 1951, se imprimió en Salta El borracho y Siete poemas inéditos, con síntesis biográfica de Federico Castellanos, hijo del poeta, y epílogo de Manuel J. Castilla. Aún hoy permanecen inéditos varios libros del autor.

 

VIII

¡Ay!, desde entonces, con afán profundo
De mi fría existencia en la aridez,
Para olvidarme y olvidar el mundo
Busco el aturdimiento en la embriaguez!

En la sorda ansiedad que me devora,
Yo de mi propio ser preciso huir;
Duda el que piensa, y el que siente, llora;
Vale más no pensar y no sentir.

¡Vale más en un torpe desenfreno
Matarse en el suicidio del placer;
El alcohol es el mejor veneno,
El mejor, exceptuando la mujer!

Cuando en la orgía estúpida me abismo
No bebo por el gusto de beber;
Bebo porque en el fondo de mi mismo
Tengo algo que matar o adormecer!

¡Oh, vida, dame otros placeres, dame
Otras formas de amar y de sentir!
Haz que una voz espiritual me llame
Con rumbo a mi perdido devenir.

¡Dale a mi alma un impulso que la mueva
Para escaparse de mi yo inferior;
Dame también dolor, pero una nueva
Y alta categoría de dolor!

¡Ya inútil… nada puedo… Fuerza ciega
Que otra más ciega aún mueve al azar,
Soy voluntario náufrago que entrega
Su barca al río que lo lleva al mar!

¡Sólo me queda ya mi orgullo fiero
Que en frente del abismo me hace erguir!
¡Viva la tempestad! ¡Viva el pampero!
¡Viva el oleaje en que me voy a hundir!

(del libro El temulento)

Publicado en EVT, Año 2, Nº 4, Verano de 1996/97

One thought on “Poesía del náufrago eterno

  1. Carlos Pistelli junio 12, 2016 / 5:57 am

    Fue gobernador salteño en 1919!!

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