Poetas reunidos (N° 3)

El jardín de la palabra

 

FUEGOS

(a Guillaume Apollinaire, 1880-1918)

Las cabecitas de las uvas
caen como salmos
sobre la mesa matinal.
Hay varios soles
que comparten un rayo
en el sosiego.
Voces a lo lejos
celebran niños.
La guerra está lejos y cerca
pero verdea
el corazón de las meditaciones,
y el poeta reclina sus viajes
junto a una gran mamita
pelirroja
ocupada en preparar
el funeral.

María Barrientos, nacida en Buenos Aires, 1959. El poema fue extraído de la carpeta de poesía Alguien Llama (Alejandro Schmidt).

 

ARENA

Es hora de considera errores.
Dejar de empujar este silencio
como una nube de arena sobre la memoria.

El hombre desconoce sus virtudes cuando el error
es un calzado que levanta polvo en la historia.

Debo reconocer que me equivoco.
Saber que ante el cansancio del cuerpo
la frente no reposa en este espacio ajeno al mundo,
cuando la paza muere en el reposo cuando la calma
es semejante a un bastón que se parte.

Entonces las piernas, las manos al frente
-el posible golpe- buscan el equilibrio.
Un equilibrio que son dos platillos suspendidos
por cordeles de arena.

En uno reposa el tiempo.

En el otro un hombre que empuja.

Ricardo Miguel Cosa (1958); del libro Homo Dixit, 1993

 

(POEMA SIN TÍTULO)

Te dejé en la esquina rodeado de perros
y los cuervos de la locura y girando
a un metro por encima de tu cabeza
conseguí un asiento en el micro
cerré las piernas que olían a semen
esquizofrénico y carcomido
pensé lo mismo de siempre
la inutilidad de mi vida
de la vida
de tu maldito absoluto
de que otra noche
sólo dormía dos horas
que mis manos están atadas
y mis pulmones enfermos
maldigo lo que hacés sentir
otra vez el mismo juego
y mi apostólico sentimentalismo feminismo
escupo sollozos por las cabeza desquiciadas
los negros cuervos de la locura
los negros cuervos destrozando el hígado
de los prometeicos
y mi sexo húmedo y lúbrico
de apariencias y encantamientos
me morderán las manos
como en mis sueños
y llegará mayo y tendré otro año encima
desollaré mi garganta cantando
seré festejada y me pondrán una manzana en la boca
dentro de horas estaré recomponiendo
las desfiguraciones del rostro con maquillaje
el cuerpo estará lavado y cubierto
y el alma
y el alma
quedará acechada
sólo por tus ojos
vacunos y malditos, ángel devastador

Marta Svocan, nacida en Córdoba, 1959. El poema fue extraído de El gusano vencedor (Iván Wielikosielek).

 

ALGO EN COMÚN

Hacemos el amor
para prolongar la embriaguez de la belleza.

Patricia Díaz Bialet

 
TE DESCUBRO EN EL CIELO

Te descubro en el cielo
cuando se va la tarde
como a estas estrellas primeras
que limitan la noche,
que la hacen humana,

para que mis ojos la recorran
como los viejos navegantes.
Cada una es un punto en la memoria,
donde contigo me reúno.
Vuelvo de este viaje,
y traigo el corazón, recuperado,
de mis manos a tus manos hermanas.

Esteban Gabriel Anadón, nació en Villa Dolores (Códoba); del libro La vida que se vive, 1992.

 

CONFIDENCIAS

En una mano pálida, tenue,
en unas gotas rojas y oscuras,
en la tabla de las proezas
(seca y sucia)
busca el rastro.

Alguien saluda desde lejos
y eso me inquieta.

Comienza a nevar.

Cualquier movimiento
ahora
se hace
imposible.

Lisandro González, nacido en Rosario, 1973; del libro Esta música abanica cualquier corazón, 1994.

Publicado en Año 1, N° 3, Invierno de 1996

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