Poetas reunidos (N° 4)

El jardín de la palabra

EVASIONES

                                   a mi esposa

Si preguntaran por mí los del comité
persígnate y ahuyenta los temores
que intentamos arrancarnos en el adiós,
persígnate y diles que fui de viaje
o que hoy he regresado de muy lejos,
o que no vengo de ninguna parte
porque ya no me tienen entre sus manos.

Si preguntan por mí los del aparato
invoca a los espíritus todos
para espantar la lluvia,
transforma en acero la mano blanda
y declara que he muerto sin rencores,
que me he detenido suavemente
sin rozar apenas el odio.

Si vienen los que un día fueron amigos
responde cualquier cosa tonta:
que piensen que sigo cazando hormigas
en la monotonía de cada jornada,
di que me pudro inexorablemente
ante una botella vacía que escondo
en cualquier golpe bajo la vida.

Si preguntan por mí nuestros hijos
alégrate porque en ellos vivo,
cuéntales de la próxima trastada,
o que juego la última partida
camino del cielo con una sonrisa
hasta quedarme en cualquier perro
que ande por el barrio.

No importa que vuelvas a mentir
-que más da que sigas mintiendo-
ni que el corazón reviente en silencio,
no aceptes que la impotencia venció,
sino que escapo del cerco de balas
para regresar sangrando cada vez,
aunque todo sea un sueño imposible.

No confieses que fui muriendo día a día
colmado de mentiras y miserias,
asfixiado por persecuciones solapadas,
en incansables jornadas de hambre
y malas noches sin futuro,
encogido sin penas ni glorias
entre el rebaño de locos espantados.

No digas que me quitaron la patria
para ponerle un nombre y un apellido,
no digas que vendí mi cara
a cambio de arrastrarme
hasta la supervivencia de mis hijos
y descargar en tus hombros
esta ausencia de espíritu.

Sólo tú y yo sabremos del cansancio
de tanto combate sin esperanza,
del amor que vivimos entre la desgracia,
de aquella novela inacabada,
de los pocos amaneceres de sexo y sol
y de las semillas que sembramos
en la tierra ingrata.

Y búscame en un hijo rebelde,
o en cada viejo que muere,
o en tanto balsero que no llega,
o en el oscuro preso que no siente;
y por qué no también en el otro,
en el que muerde el freno pero avanza
y hasta el que camina sumiso bajo el látigo.

Si preguntaran por mí grítales por fin,
que estoy contigo aunque me arranquen,
que aún en la jaula vuelo,
que te amo aunque te me gastes,
que creo en todo lo imposible
y que nos veremos en otro cielo
de esta vida miserable y maravillosa.

Rogelio del Cid (Matanzas, Cuba). El poema pertenece a Caos y amor desesperado.

 

SUB NOCTE PER UMBRAS

1

No puedo dormir. Tengo cosas que decirle a la
noche. La noche tiene cosas que decirme. Pero
todo es silencio; todos están lejos. Siento que estoy
lejos de mí y no hay nadie, no hay nada. La mujer
pálida rodeada de piedras me mira. Vive una flor
dentro de una de las piedras. Es una flor blindada
que no sabe hacia donde escapar. Temo el día
que me espera. Temo la espera inexorable del día.
La luz. La luz es un invento de los pájaros.

Julio Castellanos (Córdoba) El poema pertenece a Cercanías.

 

el_poema_lazzaroniCASUALIDAD

En el preciso instante
que una estrella
cae
el poema incendia
la llanura

Anahí Lazzaroni (La Plata, 1957). Reside en Tierra del Fuego. El poema pertenece al libro El poema se va sin saludarnos.

 

 

 

Flores amarillas crecen sobre la piedra
nadie perturba ese nacimiento
… dónde estarás hermosa niña dónde
cántame… soy la amarilla flor
que sobre la piedra crece…
Llora niña el viento quebró mi talle
canta niña canta (canta) mi suerte triste

Amaro Nay (Lima, Perú). Reside en Córdoba. El poema pertenece a Dalterius.

 

LA TARDE

2

Antes el río era sólo eso
el lado mínimo del camino
la ciudad demorada en sus ojos o
la tarde y sus árboles
caminantes de aquella
extensión de la palabra

Y el sol acariciaba las cosas
sin entorpecerlas
Y el recuerdo hilaba sus distancias
con la niñez de su alcance

Y el río y el sol y la ciudad
y las caricias y la tarde y la palabra
y la niñez eran sólo eso
el lado mínimo donde las cosas
demoraban la vida sin entorpecerla

Adalberto Pólit (Buenos Aires, 1943). El poema pertenece a Terca sombra.

Publicado en EVT, Año 2, Nº 4, Verano de 1996/97

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