Premio Nobel: desde la disyuntiva nacional

Editorial N° 4

Sabemos las inevitables inclinaciones políticas que impiden el merecimiento justo del máximo premio internacional literario. Por eso mismo, el Nobel ha expuesto un verdadero mapa táctico a lo largo de su existencia. Pero dicho criterio ha sido muchas veces tapado o bien dejado completamente de lado por los grandes aciertos de sus decisiones. Aciertos que han sido tan altos como bajo alguno de sus errores.

Bien merecería ser expuesto el juicio con que la decisión del premio es tomada. Ya que estos no están claramente formulados, cabría aventurarse en algunos supuestos, como ser la excelencia literaria, su valor político-social o bien la vida misma del escritor en sus más amplios sentidos. Al respecto, Borges dijo: “La Academia Sueca antes premiaba a escritores que eran mundialmente conocidos. Ahora ha cambiado el modus operandi: se dedica a descubrir nuevos valores. No lo reprocho, me gustaría ser descubierto”. Lo cierto es que hoy en día ese modus operandi no está bien determinado. Tal vez cabría pensar lo conveniente para la Academia de esta indeterminación, y no por reproche sino por un legítimo derecho en cuanto a su independencia de juicio crítico.

No cabe duda que el mismo Borges fue objeto de esa incertidumbre que ha dejado de lado a otros tantos escritores que realmente merecían el máximo premio. Desde un esfuerzo interno de nuestro país, deberían gestarse las primeras iniciativas para que no sucedan otras parecidas injusticias que más tarde podrían lamentarse. Es indudable la importancia de ciertas autoridades en impulsar nombres como verdaderas postulaciones para que estén en la mira de la Academia. No parece un error, pero es un arma que puede ayudar como herir a la literatura argentina. Si verdaderamente hay un impulso propagandista tienen que intervenir personas idóneas en el tema para una selección (más allá de la que pueda hacer la Academia) casi quirúrgica, de manera que se puedan dar a conocer la importancia de determinados autores. Por eso nos parece necesario izar los nombres que este año han sido omitidos por una opinión más periodística que otra cosa, como ser: Olga Orozco, Juan Gelman, Juan Filloy. Sin obviar a los recientemente fallecidos, Ricardo Molinari, Enrique Molina y Roberto Juarroz.

Esperamos la objetividad de los responsables para tener en cuenta estos grandes escritores un tanto desconocidos para la opinión pública, pero sin olvidar que se trata del Premio Nobel, y no Nobiliario.

Publicado en EVT, Año 2, Nº 4, Verano de 1996/97

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