Cinco poemas

Poemas de Héctor Miguel Ángeli

angeli

EL CANGREJO

En el acuario de Santos
vi tu metafísico pariente,
el cangrejo de la fábula del crimen.
Sin más te recordé.
El muy hipócrita
llevaba una capa de candor celeste.
Cualquiera hubiera dicho
que su alma era una nube o un esmalte.
Pero habría sus tenaces mordeduras
como habrían los negros sus paraguas.
Sin más te recordé.
Fue en Santos, en un acuario alucinado.
Afuera, los negros sangraban de deseo.
Y el cangrejo pudo atarme
por debajo de los visitantes.

(Poema publicado por primera vez en EVT. Integra el libro La gran divagación)

 

PENITENCIA

Pupila del alba, despiértame.
Sol de todos, alégrame.
Pan desolado, aliéntame.
Lengua del río, sáciame.
Orilla del viento, incítame.
Campo del cielo, llévame.
Rumor de mi alma, confiésame.
Salvaje colina, aguárdame.
Gangrena del charco, descúbreme.
Piel de la arena, estréchame
Génesis del fruto, intégrame.
Piedra del camino, acuéstame.
Estrella infinita, abrígame.

Amor, oh irreparable amor, sálvame.

(Del libro Los techos)

 

EL ARROYO

Déjame por la mañana,
entre los ríos del sauce
                         y tu silencio.
Déjame donde una pequeña orilla
de alegría
recuerde tu instante,
entre las barcas del cielo
                          y tu silencio.

Déjame donde termino de llamarte.

(Del libro Las manchas)

 

MI MADRE ADVIERTE LA GIBA DE PLATA

Madre, te has quedado sola…
y sé que te comprendo,
pues en estos días
ya alcancé tu edad.
No puedo decirte qué me pasa.
¿Viste? Se nos muere todo.
Los astros se apagan en la noche
y la mañana pesa siempre más.
Si cierro la puerta de mi cuarto
no te aíslo, al contrario…
en estos días, como un gran recuerdo,
te quiero abrazar,.
Ayer, por ejemplo, y era muy tarde,
mientras escribía,
retóricamente te pregunté al fin:
¿Qué auxilio hay para los tristes?
Y apenas murmuraste:
papá no volverá.

(Del libro La giba de plata)

 

SENTADO A LA MESA DEL LOBO

Sentado a la mesa del lobo
no hay fruto que me arroje al desierto.
El lobo es un prócer especial.
Cada uno de sus gestos
me abre la puerta del bosque.
Y me daría también la llave
si yo se la pediese.
No es necesario ser bueno o ser malo
para sentarse a la mesa del lobo.
Sólo se requiere
saludar como todos los días
a nuestros propios asesinos.
Y tal vez algo más:
cavar un pozo en las colinas
para esconder nuestros amores.
Sentado a la mesa del lobo
a veces sueño que he dormido,
pero veces me consume la dicha
de haber sido una pasión.

(Del libro Matar a un hombre)

Publicado en Año 2, N° 6, Verano de 1997-1998

Link: Entrevista a Héctor Miguel Ángeli



Categorías:EVT Nº 06

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