La pasión, según Ángeli

Entrevista a Héctor Miguel Ángeli
libro angeli

HMA (Buenos Aires, 1930) aceptó ser entrevistado por este medio durante los primeros días del mes de agosto. La palabra siempre precisa, el humor, la ironía y la humildad acompañan su admirable poesía. Además de ser maestro, es traductor y autor de ocho libros de poesía. Entre otros premios, obtuvo la Faja de Honor de la SADE (1988). Ha publicado en los principales diarios del país. Sus libros son: Voces del primer reloj (1948), Los techos (1959), Manchas (1964), Las burlas (1966), Nueve tangos (1974), La giba de plata (1977), Para armar una mañana (1988) y Matar a un hombre (1991). [Posteriormente a esta entrevista, el autor publicó La gran divagación (1999) -en imagen- y Frutas sobre la mesa (2007)].

Por A. González Prandi, A. Haedo y C. Torres Avalos

En su juventud, ¿qué relación tuvo con el grupo Sur?
– Ninguna relación importante. Fue como un sastre que entrega la costura a su debido tiempo. Una relación estrictamente literaria. No trabé amistad con nadie. Lo cierto fue que a Murena le gustaron mis poemas y me presentó a Bianco para que yo empezara a colaborar en Sur. Primero colaboré con una crítica cinematográfica, luego publiqué poemas y críticas de libros, pero como dije, fue una relación puramente literaria.

¿Le parece que la revista sur tuvo una orientación especial en cuanto a lo literario, en contraposición a otros grupos?
– Yo creo que ahora, mirándolo desde lejos, como grupo y como revista cultural tenía, por sobre todas las cosas, una apertura hacia la grandeza, hacia la calidad. Por supuesto que tenía una posición política, eso no se puede negar; era una posición llamada de derecha. Pero dejando de lado los partidismos, fue un verdadero vehículo de cultura.

¿Cuál es el aporte que le han proporcionado las traducciones en su formación como poeta?
– La traducción es un trabajo extraordinariamente arduo, porque traducir poesía es algo casi imposible. Pero, bueno, es posible gracias al esfuerzo y a la visión del traductor. Desde ya que es un trabajo de la inteligencia que enriquece muchísimo a uno mismo. El poema en sí lo enriquece. La otra está dentro de un desafío intelectual.

¿Hay poemas suyos que son rimados y con métrica, y otros que no lo son? ¿Hay un motivo especial para ese cambio?
– No, no hay ningún motivo. A mí el poema me llega ya con una forma declarada. De pronto, toma la forma de versos rimados o de verso libre, es decir, según me llega. De manera que la forma ya viene incorporada al poema.

¿Usted piensa que se ha perdido la práctica de la rima?
– Yo pienso que la rima o la métrica no determinan un gran poema. El poema puede ser rimado, medido, o todo lo contrario, y el gran poema, si existe, existirá más allá de su forma o por su forma, auque la rima se considere anticuada.

Respecto del marcado compromiso social de su obra, ¿cuál es la razón de esta experiencia poética? ¿Es una necesidad intrínseca o es asumida como un deber de poeta?
– Como deber, nunca. Si escribimos un poema bajo un deber no creo que salga nada bueno. Es una autenticidad, es una exigencia interior que a uno lo conmueve, nada más. Pero lejos de un deber. Yo creo que el poema nunca tiene que ser premeditado. El poema surge, fluye con libertad. Toda imposición de afuera que no corresponda a la poesía en sí misma no puede dar buenos frutos. Por ejemplo, en Matar a un hombre hay un compromiso social, pero era mi vivencia, era mi estado de existencia, mi manera de vivir esa época.

En Matar a un hombre encontramos el poema La tía, el cual simboliza a la policía. ¿Qué transformaciones sufre la expresión poética en períodos donde la libertad se ve acotada?
– Claro, en algunos casos, como en este poema, tuve que buscar una alegoría para trasmitir lo que quería decir. Por su puesto, muchos lo entendieron y muchos no –la mayoría no, tanto es así que el poema salió publicado nada menos que en La Prensa. Pero, como decía, tuve que acudir de pronto a una alegoría que no sofocara al tema. Sentí mucho lo de esa época.. Me tuvo muy conmocionado.

¿Qué motivación encontró para escribir su libro de poesía destinado a chicos Para armar una mañana?
– Así como el poema se me impone, y no yo al poema, también ocurrió con este libro. Ante ciertas circunstancias o ciertas experiencias, el poema surgió como poesía infantil y lo tuve que aceptar, pero nunca escribí deliberadamente para chicos. Yo creo que en poesía las palabras “deliberar” y “premeditar” deben ser borradas. La poesía necesita autenticidad y espontaneidad.

¿Y cómo llega usted a la decisión de publicar?
– Es una cuestión de olfato, de intuición, cuando el conjunto de poemas logra cierto espíritu común, ya puede convertirse en un libro.

¿Hay algún libro suyo que aprecie más que otros?
– No, todos me son insignificantes (risas). Tal vez quiera un poco más a Los techos, porque tuvo más aceptación y mayor difusión que otros, y aunque parezca mentira, quiero mucho a Nueve tangos. Quizás porque no cumplieron su ciclo. Me refiero a que me hubiera gustado que alguien les pusiera música, pero nunca se dio.

En algún momento ciertos bares fueron un lugar de encuentros para escritores. ¿Qué diferencia encuentra entre aquella época y la actual?
– Lo primero que noto es que existe muchísima gente que escribe poesía, mucho más que antes; hay una cantidad abrumadora de jóvenes y no jóvenes que escriben; a pesar de eso hay menos bares y menos encuentros. Antes había mucho más quizá por una efervescencia, un fervor y una cierta bohemia que rescataba muchísimo la camaradería. Creo que hoy hay individualismos y tendencias muy particulares, una cierta apatía general, una disminución de la pasión. Tal vez se deba a que todo ahora se canaliza un poco por los talleres literarios.

¿Y qué piensa de los talleres literarios?
– No son nocivos. Mientras difundan y sirvan para apreciar el material poético, bienvenidos. Lo malo es cuando el coordinador les hace creer a sus alumnos que son escritores ya aptos para publicar tempranamente. Hay una cierta falsa imagen en el alumno a través del profesor. Eso podría llevar a un equívoco. Pero mientras sean lugares de revelación me parecen positivos.

¿Qué opina de la poesía que se escribe en este momento?
– Hay una dignidad literaria en este momento. Es decir, se escribe generalmente con cierta eficacia. Pero hay también, a la vez, creo, mucha uniformidad, al menos por los libros que me llegan a mí. Por ejemplo, diez libros de distintos autores parecen escritos por un mismo autor. Hay un denominador común en todos los poemas, una cierta poesía surgida más que de la pasión poética o del asombro o del temblor poético, de algo muy mental; yo digo que es como una poesía psicoanalítica, porque los poemas son como confesiones de diván.

¿Cómo es su convivencia con la poesía?
– Mi convivencia en la poesía es dolorosa en la gestación, en la creación en sí, dolorosa por las tantas exigencias que me impongo. En cambio, la prosa me hace feliz, me resulta feliz. Con la prosa gozo, no así con la poesía. Claro, ese dolor desaparece cuando termina el poema. Ante el poema realizado, entonces sí, me siento feliz. Por es la poesía me ayuda a soportar las pequeñeces de la vida, la soledad del alma. Estoy en buena compañía.

Publicado en Año 2, N° 6, Verano de 1997-1998

Links: Cinco poemas; Aproximaciones, texto de HMA



Categorías:Entrevistas, EVT Nº 06

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