Miguel Ángel Viola de ayer a hoy

Por Victorio Veronese

En la obra de Miguel Ángel Viola los “locos bajitos” ocupan un territorio vasto y vital. Pero no me voy a referir a ese territorio donde los chicos desordenan con sus desórdenes los quehaceres de todos los días. Sólo voy a recordar títulos: Cuentos para crecer, Viaje de negritas, La nada rayada, Para un títere de piedra.

Así como los locos bajitos están presentes en sus libros también lo están sus reflexiones sobre la ciencia; la ciencia, tal vez nacida del mismo parto de la poesía, y por lo tanto, su hermana gemela. En la carta que preceden los textos de Visita en la pared, le pregunta su destinatario, Jorge Smerling: “En qué punto del tablero estarán sus poemas hoy?” Pero dejemos sus reflexiones sobre la poesía y la ciencia y adentrémonos en su palabra poética, perdón, en su canto poético.

Comenzaremos por Piedra india, donde nos canta, con una voz profunda, venida desde el fondeo de la historia americana, por ellos no cae en el pintoresquismo, va a las raíces, a la esencia de todo lo humano, por eso le pide a Huancavilaca: “madre,/ dame la voz del indio”, y esa voz atraviesa el libro desde el primer poema, Piedra alta, hasta el último, Combate.

Viola es fiel, leal, consecuente con el objetivo que se impuso en ese trabajo, no da lugar a las distracciones, no se aleja en ningún momento, por lo tanto, en ningún verso, de esa experiencia del hombre que nace, crece, muere, es decir, vive toda su realidad en permanente contacto con la tierra, con la naturaleza, con Dios, el poeta, Viola, lo dice: “pieles manchadas de herrerías sin peso”// “Las piedras son las montañas/ que se pusieron a andar”// “Su cuerpo de agua hermosa que entró al metal temblando”. Valgan estos versos como ejemplo de lo que afirmáramos: bellos, bellísimos

Panteón de señoritas es una sucesión de “fotos”, donde los recuerdos se fijan con palabras que nacen de lo más simple y profundo del corazón; ahí vemos “la ropa fresca” colgada, “la sencillez de la casa”, “la lluvia”, “los patios” porque “el patio es la distancia/ de un levantado pájaro del cielo”.

Así podemos ver a través de la lectura de los poemas que componen Panteón de señoritas, la foto del aljibe recordado de una diáfana y tierna, como se recuerdan las cosas más simples y profundas: “En esta casa había un aljibe abierto/ abierto como otra/ constelación mojada del verano”, qué bellísimos versos. También están las fotos que eternizan los malvones azules y las jaulas donde “el infinito es sólo/ un pájaro que canta”. Entre esas fotos de patios con malvones y ropa fresca, encontramos un a de un ídolo popular, el de Carlos Gardel, y la foto es un soneto y se titula: Última fotografía de Medellín. También está la elegía al padre, donde nos volvemos a enfrentar con otra muerte. La muerte, un tema casi constante en la obra de Viola, aparece en un poema y en otro poema, en un libro y otro, pero no sólo como preocupación o por temor, sino como una necesidad de penetrar en su misterio, sabiendo, todo poeta lo sabe, que jamás ese misterio no será revelado; ahí, en ese saber, que nunca sabremos, está el valor, el coraje del auténtico poeta. Enfrentarse cara a cara con el misterio, ya sea el de la muerte o el de la belleza, y Viola no huye a ninguno de los arcanos, porque la poesía no es un territorio de cobardes. Viola siempre lo supo. Tanto, que en 1983, publicó Visitas en la pared, significativo título, inquietante, y no porque los críticos de la época lo hayan señalado, sino por lo que representa aquí y ahora, en este fin de siglo. Visitas en la pared dejó de convertirse en un vaticinio para convertirse en la realidad cotidiana. Basta con leer en el índice algunos títulos de los poemas: Invención de la muerte, Los últimos niños, El robot, Versión de la bomba, Más que elocuente. Sí, nos estaban anunciando este hoy, donde los pequeños asesinos conceden al antimundo ojos y memorias feroces, para después inventar la muerte, una muerte nueva, con imágenes violentas, repetidas, reiteradas, pero en colores, con muchos colores, con sangre, con mucha, mucha sangre, sangre humana y también ahora sangre de la otra, sangre de computadoras, esas luminosas bestias grises que nos miran desde sus pantallas, dispuestas a todo, “como las nubes que embestirán a los pájaros”.

La tierra, el Universo, el hombre, la preocupación por sus destinos es lo que convoca a Viola ante el papel en blanco, tarea ardua, difícil, peligrosa, pero hoy, a diez años de su muerte, podemos ver y sentir que atravesó esa aventura haciendo gala de un personal lenguaje poético, sin vacilaciones, tal vez con las ropas desgarradas, seguramente herido de muerte, pero firme en su propósito del objetivo propuesto.

En este libro, Visitas en la pared, el objetivo, el propósito, era anunciarnos este hoy, y lo hizo con total lucidez, sensibilidad y belleza.

Si bien es cierto que el centro del espacio poético de Miguel Ángel Viola está reservado a la aventura del hombre, Dios, es el referente más alto, más sublime de todo aquello que nos sucede, tanto en la visión física como la metafísica. A partir de Dios, nosotros, con nuestras virtudes y falencias, penas y alegrías, temores y horrores. Las bestias contra el cielo, otro título inquietante, es una demostración de ello.

Desde el primer poema, nos trae a la memoria y el alma, toda una historia de milenios, que de alguna manera las generaciones llevamos, precisamente, en la memoria y el alma.

Conversando con Héctor Miguel Ángeli sobre Las bestias contra el cielo, ante una pregunta mía, me decía que era el libro más religioso de Viola, opinión que comparto, estoy plenamente de acuerdo. Aquí, en Las bestias contra el cielo, el asunto, el motivo. Una vez más, Viola, emprende una aventura difícil, como lo es la relación, el contacto espiritual, y por qué no decirlo, si hace unos momentos afirmamos que la poesía no es ámbito de cobarde, de contacto espiritual y físico con Dios. El cuerpo jamás está ausente en ninguna aventura del hombre, y menos ante Dios, es decir, ante el Espíritu: “Tampoco desceñirás al mar como otra estirpe/ de pasos que terminan la cabeza de Dios en una piedra”.//”Ni tu cuerpo será izado como/ la bandera desigual”. Así se expresa Viola En la resurrección de un soldado, Dios, y el cuerpo, por supuesto, también se menciona al mar y a la piedra, poesía que avanza sobre el misterio del hombre y de las cosas, avanza sin pausa, con trazo firme, seguro, a pesar de lo abismal, lo peligroso, lo abismal, lo difícil, está la vitalidad del creador, del poeta, y Viola consagró su vida a ese difícil, peligroso, abismal Destino, que es el de la Poesía. Gracias. Muchas gracias por haberme permitido compartir con todos ustedes, este homenaje a Miguel Ángel Viola.

Publicado en EVT, Año 2, N° 6, Verano de 1997-1998

Link: Poemas de MAV



Categorías:EVT Nº 06, Opinión

1 respuesta

  1. Soy una de las personas que ha tenido el placer de ser alumna de el Sr. Miguel Angel Viola.
    Por el soy tecnica quimica, por el comence a escribir poesia a los diez años y de el guardo los mas gratos recuerdos de mi paso por la escuela primaria

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