Aproximación a la obra de Miguel Ángel Bustos

fragmentos

Por Norma Pérez Martín

“… Miguel Ángel Bustos, cuya religiosidad, al igual de Baudelaire, es una dimensión imprecisa, donde se mueven contradicciones y se mezclan filosofías ocultistas con dogmas cristianos. No escapa en Miguel Ángel Bustos la vibración interpretativa de su propia circunstancia vital, de sus tensiones prematuras y dolorosas.”

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“En Miguel Ángel Bustos hay una línea poética desoladora, metafísicamente preocupada por la criatura humana y su destino. Este poeta llega a tocar lo demoníaco, lo fantasmal, incursionando desde su yo hasta las más lejanas raíces de la Historia.”

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“Amigo entrañable de Leopoldo Marechal, cuando el 17 de abril de 1970 el maestro dicta una conferencia en Merlo (provincia de Buenos Aires) sobre La Nueva Literatura Argentina, convoca en dicho diálogo a Horacio Armani y a Miguel Ángel Bustos. En esa ocasión, el autor de Adán Buenosaires presenta a ambos creadores diciendo: “Horacio Arman y Miguel Ángel Bustos son dos poetas argentinos en acto”; “ambos trabajan en la búsqueda y expresión de la poesía puta” aunque hablo de poesía pura –aclara Marechal- con mucha reserva. Y luego continúa: “Bustos tiende a que su idioma poético sea un lenguaje de símbolos y exprese además del esplendor ontológico, de las formas que usa, ciertas aproximaciones de la verdad que tocan en la frontera de lo metafísico, es el idioma de Baudelaire, que vio en la creación divina una foresta de símbolos que podían leerse, y es el idioma de Rimbaud, que vio en la poesía una posible trasmutación alquímica de las palabras.”

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Al preguntarle, en esa misma ocasión Marechal a Bustos, cuál fue su primer poema, el joven artista respondió: “ Mi primer poema fue comparar a la madre con un tigre, con una leona que amamantaba a los tigres. Y ese poema ganó un premio. Yo tenía alrededor de siete años”.

A lo largo de toda su producción Miguel Ángel Bustos irá recorriendo una vía de autoconocimiento, hasta tocar las más profundas develaciones del ser en su comunión con el Universo”.

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Cuatro murales, su primer libro, él mismo lo define como “cuatro cuentos fantásticos ilustrados por él mismo”.

“Se trata de una galería de ilustraciones, donde las imágenes ahondan desde el mundo del inconsciente, hasta plasmarse en poética revelación total”.

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“Este creador, amante de la literatura oriental, de Nerval Hölderlin, Nietzsche, Lautremont, de los trovadores provenzales y de los relatos jasíadicos judíos, ha insistido casi obsesivamente: “Yo nunca he conocido serenidad”. Cuando Leopoldo Marechal le preguntaba si tenía dificultad para crear, él le respondía: “Yo soy la dificultad”. Y se quedaba en silencio. La producción casi literaria como plástica de Bustos se mueve entre la ingenuidad del niño y la compleja sabiduría de los iniciados”.

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Corazón de Piel Afuera (que abarca composiciones escritas entre 1957 y 1958) presenta al niño nunca olvidad, hipersensible y tenue que siempre guardó la fantasía del creador que nos ocupa. Juan Gelman ha dicho sobre este libro: “En Corazón de piel afuera circula lípido el poema, bajo la palabra exacta y tensa; allí reúne asombres y milagros, vuelo lírico poderoso y maduro, inesperado y tierno”.

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Fragmentos Fantásticos -en imagen- […], libro iniciático, contradictorio, donde los opuestos alcanzan un alto punto de ebullición. Estamos en presencia de un clima surrealista que los iniciados penetran hasta sus más conflictivas cavidades. Desafiando el principio lógico de identidad, la transformación del hombre está simbolizada a través de elementos cambiantes y recursos mágicos. Es inevitable que el poeta –buscador infatigable de lo Absoluto- caiga en la duda, el desasosiego, la furia, hasta desembocar en muchos casos en la locura”.

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En el año 1968 Miguel Ángel Bustos escribe el prólogo de su libro El Himalaya o la moral de los pájaros. Allí, dice nuestro poeta: “Quiero que este libro o Libros, que es uno, el mismo, el único, sea la historia de un juguete, de un resplandor, de la primera visión de algo que unió la imagen de milenios del hombre y los cielos de mi corazón.”

“Es tal vez, continúa diciendo Bustos, el cristal o el emblema o sendero del Eterno Retorno que vuelve como un llamado de salvaje inocencia. O el temblor, el relámpago de la Gran Pulsación en los soles innumerables hiere mi corazón y ya no es selva oscura lo tocable, el visible-invisible”.

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Prolongando la apertura del Romanticismo […], la visión de lo real visible con lo real misterioso se enriquece, en el campo del arte, con el Surrealismo. Miguel Ángel Bustos abrevó en esas fuentes. Si bien no se asume como un ortodoxo surrealista, sus imágenes, su manejo de los elementos oníricos, sus relámpagos genuinos de clarividencia expresados con alucinatorio destello expresivo, su carga de polivalentes símbolos, son signos demostrativos e innegables de su personal manera de asumir los aportes surrealistas.”

“Miguel Ángel Bustos no ha muerto. No sólo porque su obra está viva en cada lector que la trasmita, sino porque su mensaje es vivo por naturaleza. En efecto, después de recorrer el periplo del héroe, llega al Paraíso perdido, desembocando en la Unidad del Cosmos.”

Nota: Por falta de espacio -en la revista- no se publicó el texto en su totalidad. Para este caso, se realizó una selección del mismo.
Edición del Centro de Estudios Latinoamericanos
Publicado en EVT, AÑO 3, N° 7, julio de 1998

Links: Poemas de MAB; Reseña, por Emiliano Bustos; Cartas

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