Elogio de una mítica cruel

La obra de Bruno Schulz

Por Alejo González Prandi

schulzb

En vísperas de la II Guerra Mundial, la invasión de tropas soviéticas y alemanas a Polonia, hicieron de este país un lugar común para la muerte, la miseria, el exilio y la censura. La brutal represión y violación de todos los derechos de los ocupantes nazis y estalinistas provocaron un panorama tan desolador que las tareas de recuperación perduraron por años.

Entre todas las víctimas polacas inocentes, en este caso elijo la vida del escritor judío Bruno Schulz, que murió asesinado por un miembro de la Gestapo en 1942. De Schulz se pueden inferir una serie de las largas y caóticas teorías acerca de su obra. Sin embargo, de sus días es poco lo que ha quedado o es injusto lo que él ha querido dejarnos.

Las tiendas color canela (1934) y Sanatorio bajo la clepsidra (1937), según el crítico Juan Carlos Vidal, son “dos volúmenes de relatos que conmocionaron a las vanguardias artísticas de su tiempo y le consagraron definitivamente como escritor”. En otro orden del elogio, su compatriota y trotamundos W. Gombrowicz, lo denominó “el más europeo de nuestros escritores”, si acaso se puede entender como un elogio.

En la edición de su Obra completa, preparada por la editorial Siruela, se destaca en Schulz “el predominio de la forma sobre el contenido”. El sueño sobre la realidad. Un mundo onírico, de personajes que hablan y viven como nubes. Todo bajo la sombra de una misma mítica, despiertos para sí mismos pero siempre a punto de extinguirse para los demás. Las imágenes flotan filosas en una descripción pura y clara, de un vacío de personajes que enternecen por su violencia, como es el nacimiento y la identidad de todo lo doméstico.

Vidal anota en una introducción a los textos fundamentales de Schulz que “el padre, la provincia y la mujer con látigo” son las tres columnas que sostienen a nuestro escritor. Él mismo dijo: “Se ha intentado explorar la historia de una familia, de una casa de provincias, no a partir de elementos reales, acontecimientos, caracteres o destinos verdaderos, sino buscando develar su contenido mítico, el sentido último de esta historia”.

En su mítica, hace del padre “la vertiente espiritual”, mientras que “la mujer será la fuerza y el símbolo de los nuevos tiempos”. Para Vidal, “esa fusión de la modernidad con la mujer dominadora, va a ser una idea-fuerza de la literatura schulziana”.

El Mesías negado
En sus propios zapatos, a Schulz le alcanzará un episodio trágico para recluirse entre la correspondencia de un pueblo polaco donde nada pasa y la invención de una literatura que, esforzadamente pero sin argumentos válidos, muchos intentarán comparar a la de Franz Kafka. La muerte de su padre, cuando el escritor era adolescente, lo saca por momentos de sus sueños para hacerse cargo de su madre, una hermana (“que había visto a su padre cortándose el cuello con una navaja de afeitar”), dos sobrinas y una prima. Nunca dejó de sufrir los embates de una economía tan golpeada como su país y tan ajena a su identidad poética.

Nacido en 1892, en Drohobycz –ciudad que sólo abandonó en escasas ocasiones- fue profesor de dibujo y grabador. Alguna vez dijo: “El comienzo de mi dibujar se pierde en la niebla mitológica”. Sus primeros seguidores –en su mayoría compatriotas- acuerdan en que la obra gráfica y literaria es lo mismo. Sus creaciones plásticas comprenden una serie de planchas, numerosas ilustraciones, autorretratos y carátulas. Para él pintar “era una manera cruel de dibujar, a golpes y a emboscadas y de ataques”.

La guerra acabó con Schulz, destruyó gran parte de su correspondencia, dibujos y grabados, se perdió su diario íntimo e hizo desaparecer El Mesías, su última novela.

Su obra se completa con relatos sueltos y artículos de crítica. Luego de que estalinismo llevara a cabo tal aniquilamiento, catalogó a Schulz y a Gombrowicz, entre otros, como “excrecencias de la sociedad burguesa”. Por entonces, editar alguno de sus títulos sólo podía ser el resultado de la maquinación de un loco suicida. Le debemos a Jerzy Ficowski Las regiones de la gran herejía, considerada la biografía más completa sobre Schulz. Tiempo después Arthur Sandauer, logró editar parte de su obra en París.

Gombrowicz anota en su diario íntimo que Bruno era un hombre que se negaba a sí mismo; que había nacido esclavo, que deseaba la degradación, un masoquista. “Él no había sido hecho para reinar”, aseveró. Cuando Gombrowicz llegó a la conclusión de que su paisano “había sido expulsado de la vida”, Schulz ya había escrito su manifiesto más contundente acerca de la palabra y la poesía. Desde allí, todavía dice: “Lo que no tiene sentido no es real para nosotros”.

Publicado en el blog La Víspera, el 15 de agosto de 2005

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