La poesía, entre el reino y la revolución

Entrevista a Víctor Redondo

Bar_Central_StationFaltaban pocos meses para el “Argentinazo”, y en un bar de Plaza de Mayo el poeta Víctor Redondo se sentó a conversar con El Vendedor de Tierra. Nacido en Buenos Aires en 1953, durante la última dictadura militar vivió en Barcelona y regresó al país para fundar con sus “hermanos poetas” uno de los mayores “comités centrales de la poesía”. VR es autor de Poemas a la maga (1977), Homenajes (1980), Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (1985), Mercado de ópera (1989) y de una novela, Las familias secretas (1985). Aquí nos explica sus concepciones poéticas y políticas, su lamento por la pérdida del lirismo, la función del intelectual, la trascendencia de Último Reino y porqué decidió luchar por la presidencia de la SADE para después presidir la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA).

Por Andrés Haedo, Celedonio Torres Ávalos y Alejo González Prandi

¿Cómo fue el inicio de tu formación literaria?
Soy egresado del (Colegio Nacional) Buenos Aires, y desde los 13 años me acostumbré a leer mucho. Pero mi formación literaria comenzó de casualidad. Un verano descubrí en la terraza de mi casa familiar un ropero donde estaban guardados bajo llave –no sé por qué- las novelas que mi mamá había leído en su juventud. O sea, que mis primeras lecturas fueron los best sellers de la época del ’50. Después, como no tenía dinero para comprarme libros nuevos, me formé una hermosa biblioteca clásica a buen precio, gracias a mi apasionamiento por las librerías de viejo.

Cuando sucedió la última dictadura vos te fuiste a Barcelona. Tiempo después decidiste volver. ¿Por qué?
En lo que me impulsó a volver de Barcelona influyó mucho el haber ganado el primer premio de poesía “Jorge Guillén, en Conmemoración del Milenario de la lengua Castellana”. Yo pasé de desarrollar un trabajo cotidiano de “sudaca”, metiendo publicidad en los buzones, a salir reporteado en los medios catalanes con foto y artículos de media página. Luego, me hice cargo de montar una librería en el Primer Congreso de Intelectuales Latinoamericanos en el Exilio, en la Universidad de Barcelona. Además, decido volver porque extrañaba a todos mis amigos, y acá la situación política había cambiado bastante. Además, venía con la decisión de comenzar con el proyecto de Último Reino.

Alguna vez te ubicaste “entre el Che Guevara y Rimbaud”. ¿Cómo lográs la convivencia entre la rebeldía de la poesía y la política?
La poesía es rebelde por naturaleza. Quizás tengan razón los que dicen que es un desacomodamiento con el mundo lo que provoca el nacimiento de un acto creador. Pero no creo que la política sea ordenada. En todo caso, no me interesa la política ordenada. ¿Qué entendemos por orden? Si es el orden de cumplir las reglas de una militancia, puede ser que necesariamente tenga que ser ordenada. La única política que me interesa, en todo caso, es la que plantea la transformación radical de esta sociedad. Por lo tanto, sólo me interesa la política revolucionaria y la poesía como expresión de esa revolución.

¿O sea que la poesía tiene que ser un instrumento de lucha?
Yo no dije que la poesía tiene que ser un instrumento de lucha. Como dijo (André) Breton: “La poesía es revolucionaria o no es”. La poesía es revolucionaria por sí misma. El hecho poético, aunque le esté cantando a un pajarito, implica un deseo de trascender la realidad. Y el espíritu del poeta se identifica naturalmente con el progreso de las condiciones de vida de la gente. Por decirlo de una manera…

Entonces, ¿podemos decir que hay una poesía política?
Es que no estoy hablando de política. La poesía política, por lo general, me parece aburrida. Aunque no hay que denigrarla tanto como lo está. Porque pasó de ser la luminaria de los ’60 a ser escarnecida por todos. A su vez, parece ser una contradicción en sí misma. Sin embargo, hay una poesía política maravillosa, como puede ser la de Blas de Otero. Pero yo me refiero a que la poesía en sí conlleva necesariamente un espíritu trasgresor. De ahí también que, por ejemplo, poetas que tenían ideologías políticas reaccionarias como es el caso de Ezra Pound o de T.S. Eliot, sin embargo su poesía no es reaccionaria.

¿Cuál es el compromiso que debería tener el poeta –si es que lo tiene- con los hechos del mundo?
Si bien yo trato de tomar el punto de unificación de los contrarios, trato que todo se amalgame. Creo que en este caso el poeta tiene que tomar las dos actitudes. En el terreno de la poesía, su misión es ser fiel a los mandatos del lenguaje poético. O sea, la poesía es la que manda, no los temas que la poesía aborda. Depende del cómo. La poesía es el cómo. No importa de qué esté hablando.

¿Y en cuanto a lo político?
No me meto con eso. Cada uno carga como puede el ensayo de la desilusión constante. Creo que lo ideal es que se mezclen las cosas y que el poeta, frente a la situación histórica en la que está atrapada la humanidad, debería tomar una posición clara. Una posición que debería ir en dirección a superar los males de esta sociedad, que son el hambre, la marginación, la desocupación y todo lo que conocemos.

Creación y lirismo
¿Qué hechos te marcaron a apostar por la reedición de tus propios libros y no por la edición de uno nuevo?
Mirá, en primer lugar las reediciones no las decidí yo. Tengo cuatro libros de poesía y cada uno es totalmente distinto al que le sigue. Después del último, llegué a una especie de crac interior. Estuve 30 años sin publicar, porque las musas me habían dejado. Tenía otras cosas en qué preocuparme. No es una obligación escribir poesía, no es un trabajo. Al menos yo no la considero un trabajo.

¿Cómo ves la creación poética hoy en la Argentina?
Mirá, te voy a contestar por otro lado. Un poeta catalán, Pere Gimferrer, dijo que el porvenir de la poesía no la marcan ni los laureados, ni los premiados, ni los famosos. Lo marcan los chicos de 25 años y el camino de la poesía que eligen para seguir. Eso me parece exacto. Lo más importante de la poesía es siempre lo que escriben los más jóvenes. Porque ése es el futuro nuestro, el futuro de la poesía. El futuro de nuestro “gremio”.

¿Y qué pensás de esa poesía joven?
Y… no me alegra mucho. Mayoritariamente, no me gusta. Lamento muchísimo la pérdida del lirismo. Aunque puedo entender porqué lo han perdido. Creo que corrientes literarias norteamericanas como el realismo sucio le han hecho mal a la literatura argentina.

¿Y esa pérdida de lirismo en la poesía no está presidida por poéticas como las de Juan Gelman?
Gelman es un gran lírico. Para mí, Gelman es un lírico y un romántico. Tengo muchísimo respeto por la gente que se dedica a la poesía, por los jóvenes que se dedican a la poesía. Creo que tenemos que protegerlos, que defenderlos. Y creo que tenemos que aprender a entender que todo el mundo desarrolla su propio camino por el arte. Y, a veces, si uno critica lo que se está haciendo en este momento quizás esté coartando la posibilidad de un desarrollo positivo. Yo creo que en este momento, en general, se opta por una poesía demasiado sencilla.

La vida en el reino
Tapa+Último+ReinoDijiste que cuando volviste de España comenzaste con el proyecto de Último Reino. ¿Cómo fue su inicio y cómo se transforma en lo que es hoy un referente de la poesía?
Si le quitamos el nombre, ese grupo ya existía de diez años antes. Último Reino se conforma por la unión de dos grupos, Nosferatu y El sonido y la furia. Cuando vuelvo de España, surgió la idea de empezar a volcar en publicaciones el resultado del trabajo nuestro con la poesía de tantos años. No solamente publicábamos material propio, sino también lo que habíamos leído, de lo que habíamos aprendido. Dar la visión de la poesía que nosotros teníamos. Dimos a conocer autores como los chilenos Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle, Pablo de Rokha, que eran prácticamente desconocidos en el país. Estoy más que conforme con todo lo que publicamos. Es realmente fantástico. Es el trabajo de todo un grupo y de muchísimos años de poesía.

¿Qué es lo que sustenta todos esos años? O sea, ¿por qué perduró?
Último Reino perduró porque nosotros nos asumimos como uno de los comités centrales de la poesía. Nos asumimos como militantes y defensores de la poesía. Transmisores de una antorcha y como una parte de un ejército mundial de poetas. Lo asumimos así, como un compromiso de vida y con la vida. Por eso perduró. Si algo nos distinguió fue haber escuchado todo. Leer siempre, pero vivir a fondo, al mango. En 22 años llevamos editados alrededor de 400 títulos, una experiencia que tiene muy pocos precedentes en el mundo. Pero no nos engañemos. No son virtudes de las editoriales. El mérito es del movimiento poético argentino, que es uno de los movimientos más importantes en lengua castellana.

Después de todos estos años, ¿cómo consideras la calidad de todos esos libros editados, a nivel general?
Sin erigirnos en jueces de la verdad, tratamos que los libros a publicar sean de nuestro agrado. En general, son libros que se pueden leer. Al principio, tratábamos que fueran muy afines a nuestra estética. Pero llegó un momento que cambiamos. La editorial es independiente, en consecuencia hay que dar cabida a todo.

¿Considerás que se ha perdido la idea de formar grupos con una mística, una tendencia, una ideología, con ciertos valores poéticos como tiene Último Reino?
Grupos poéticos hay, ahora a qué se dedican no sé… Ignoro si tienen ideología, si tienen mística, si aman realmente la poesía o si la poesía es un lugar en donde están porque les es simpático, divertido. No sé si en esos grupos hay un verdadero convencimiento en el poder de la poesía.

Luchas intelectuales
¿Cómo se lucha contra el poder establecido en un momento donde no hay ideas ni debates?
Hay muchos intelectuales que frente a la desilusión en no poder lograr un cambio en la sociedad optaron por buscar hacer cambios dentro de esta sociedad. Lo cual es imposible, porque lo que está agotado es el capitalismo. Nuestro sistema social y económico está agotado. Entonces, es imposible lograr cambios verdaderos dentro de esta estructura económica en la sociedad.

¿No existen alternativas?
El socialismo, por supuesto. Es necesario que una nueva clase social tome las riendas de la economía y ponga el aparato productivo en función y en beneficio de la gente. Que la gente pueda comprar cosas, que la plata en vez de llevársela tres millones de argentinos –que la tienen toda- se reparta en forma equitativa, que la política se planifique para las mayorías explotadas y no por y para los explotadores.

Y en este escenario que vos planteas, ¿cuál sería el papel del intelectual?
Ubicarse del lado de la clase trabajadora y pugnar para que los trabajadores tomen el poder.

Gremio y política
¿Qué motivos te llevaron a participar en las elecciones de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) en el ‘98?
Al margen de lo que yo piense políticamente, la situación que se vivía en la Argentina es que los escritores no jugaban ningún papel. ¿Por qué? Porque la entidad que teóricamente los representaba era un paquidermo obsoleto que lo único que hacía era colocar algunos personajes en los premios nacionales, municipales y realizarse homenajes. Era peor que una sociedad de beneficencia, porque no beneficiaba a nadie. Existía una real necesidad de que los escritores expresaran su punto de vista con respecto al manejo de la cultura, la evolución de la educación, y otros temas a través de una organización gremial. Se intentó cambiar pero nos enfrentamos con un aparato ridículamente fraudulento. No se pudo hace nada.

¿Cuál fue tu sensación después de haber perdido la presidencia de la SADE y después haber denunciado fraude?
Dos sensaciones. La justicia en la Argentina es absolutamente lenta, injusta y está del lado de los que tienen alguna palanca. Por otra parte, la sensación de percibir el reclamo de los escritores de formar realmente una organización representativa.

¿Y por qué no seguiste luchando en la SADE?
Porque de una elección a otra pasan tres años. Además, la existencia de una corrupción económica que había generado un pasivo de 200 o 300.000 dólares. Entonces, era entrar (a la SADE) para hacerse cargo de una deuda impagable. Era más barato hacer una organización nueva.

¿Por qué no pensaste ese concepto antes de presentarse como candidato?
Por lo siguiente, la deuda de la SADE crece vertiginosamente a partir de esa elección que perdimos. O sea, ese pasivo se formó en estos tres años. Antes no existía esa deuda económica. Pero aunque esa deuda no se hubiera constituido, creo que también nos hubiéramos ido a formar otra agrupación. ¿Por qué? Porque la mayoría de los escritores argentinos no estaban ni querían estar en la SADE. Ni querían pisar el umbral. La SADE está destruida, en una bancarrota absoluta. No tiene gas, no tiene luz, no tiene socios… El finado Carlos Paz se salvó. En la SADE muchos van a tener que ir presos, muchos. Quienes robaron, y no sólo dinero.

¿Qué ofrece la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina) que no ofrezca la SADE?
SEA se transformó en un lugar de discusión y de actividad político cultural importante. En primer lugar, la SEA fue recibida con alegría, tanto por las cámaras del libro, por las secretarías de cultura, por la gente del mundo del libro en general. Se veía con mucho agrado que hubiera realmente un interlocutor válido que de alguna manera representara más a los escritores. Discutimos, elaboramos teorías, polemizamos, y creo que hemos hecho cosas…

El hecho que la SEA esté integrado por escritores notables le da una trascendencia mediática que la SADE no tiene. ¿Esa realidad, te favorece en lo político?
A mí no me favorece en nada en lo político. Favorece a la SEA.

Entonces, ¿por qué tu preocupación de crear la SEA? Si no hay un interés político, ¿qué es lo que te lleva a formar SEA?
No tengo una ambición política. En primer lugar, a la SEA no la formé yo. La constituyó un montón de gente que después me eligió a mí como presidente, probablemente en reconocimiento por la lucha que vengo llevando desde hace, por lo menos, seis años. Pero es un proyecto de mucha gente, si no estas cosas no caminan. Otorga un peso político en el sentido que nos da autoridad para discutir. Por ejemplo, cuando nosotros nos reunimos con la Cámara del Libro, discutimos y disentimos con ellos en temas fundamentales como la creación de una sociedad de gestión sobre las reprografías, es decir, las fotocopias. El año pasado (2000), en la Argentina se hicieron 300 millones de fotocopias. Eso causa un perjuicio a los editores, a los libreros y también a los autores por el no cobro de los derechos de autor.

¿Cuál es tu posición frente a la forma de hacer política en el país?
La política argentina actual es un índice del desconcierto absoluto, de la miseria teórica, de la falta de perspectiva de toda la clase dirigente argentina. Pienso que lo más importante que surgió en la política argentina son los piqueteros. Ellos son la conciencia desesperada del oprimido, del muerto de hambre, del que tiene que luchar para lograr algo en esta sociedad. Los piqueteros son la dignidad del pueblo. Yo hace 31 años confronto mis ideas políticas con las del Partido Obrero, el único partido al que en 31 años apoyo.

¿Tu participación dentro del PO es meramente una militancia?
Yo no soy militante, ellos sí se merecen todo mi respeto. Demasiadas cosas tengo que hacer. Por el PO tengo una simpatía natural. Aparte, yo soy marxista y trotskista. Si el PO desapareciera, yo seguiría siendo marxista y trotskista. Esto lo dije siempre.

Foto: Gentileza de VR
Publicado en EVT on line, febrero de 2005

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s