Leónidas Escudero, el poeta sabio

Por Andrés Haedo

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I- Ocasión
Le pedí a mi amigo que salgamos a la caza de libros. Eso de andar buscando poemas, voces distintas, ejemplares en extinción; después una cerveza, y entre la espuma y la risa, seguir hablando de poesía. Siempre como en los viejos tiempos (aunque no hace tanto ¿verdad?), siempre iguales pues para qué cambiar nuestra cuota de felicidad.
Así se me pegó Tras la llave, de Jorge Leónidas Escudero.

Un libro maravilloso (permítanme esta palabra), lleno de reflexiones y pensamientos que lo dejan a uno mirando el cielo, tal vez una rosa o – lo que es mejor-, mirando para adentro; para adentro de uno mismo.

Así es Leónidas, es como un juego pero en la realidad, y uno se empieza a contagiar de la magia que embriaga su poesía.

II- La búsqueda del la verdad
Dos aspectos quisiera resaltar de este poemario: a) la realización de la poesía como conocimiento y b) la ironía.

Siempre tuve la certeza de que la poesía encarna una forma de conocimiento. Por algo se habla del pasaje del mito al logos. Algo así como que a partir de los presocráticos el hombre se vuelve racionalista; pero antes estaban Hesíodo y Homero que poéticamente aportaban una tradición y un conocimiento del mundo.

Entonces podemos decir que hay una explicación poética de la realidad que nos proporciona “conocimiento”. Enrique Molina en su novela Una sombra donde sueña Camila O’ Gorman, lo explica claramente en el prólogo, cuando habla de una explicación o abordaje poético de la historia, no menos riguroso que el método puramente científico.

Pero el conocimiento al que aspira llegar la poesía no es al denominado “natural”, sino al “sobrenatural”, es decir donde no puede llegar la razón. Por ello muchos poetas confunden la poesía como algo religioso.

Esta certeza (la poesía como conocimiento) se presento constantemente cuando leía Tras la llave. Leónidas Escudero busca la verdad, lo explicita en algunos de sus poemas, y por momentos hecha luz sobre ella.

En cuanto a la ironía, ésta es constante y es producto de la sabiduría del poeta que conoce sus límites. Ríe, crea, juega, canta, busca la verdad con paciencia y apenas la vislumbra se contenta y a la vez calla con cierta resignación al no poder aprehenderla en su totalidad.

III- El lenguaje
Una última reflexión: el lenguaje.
Leónidas no sólo escribe como habla su pueblo (nació y vive en San Juan) sino que, extrema el lenguaje por ejemplo, suprimiendo palabras que el lector completa como en una especie de trabajo interactivo de creación.

El lenguaje acompaña la poetización de situaciones cotidianas, y a partir de ellas el autor busca dar el salto trascendente.

Finalmente la construcción de diálogos es elemento recurrente en un contexto de natural fluidez verbal.

IV- Conclusión

Un poeta impactante, un poeta viejo y sabio.

 

El pensamiento gatuno
Al saltar por la ventana
a mi gato se le una pata en la reja y
colgado ahí quise ayudarlo. Cae
y no me da tiempo a que yo. Gime,
en el suelo se arrastra quiere
alejarse de mí y pobrecito
cree que soy el culpable.
Me mira sustado como diciendo: Malo
¿cómo pudiste hacerme eso?
Y nada más.
Ahora que con el tiempo sanó
de quebrarse una pata me mira miau,
miau, perdón, creí
que me habías querido matar.
Le acaricio cabeza le digo estás
ya bien, eso es todo. Y él
agradecido cierra loj ojos.

 
Tras la llave
¿Quién va? ¿Quién anda?
Díganme quién es y de dónde va a dónde
ese que ante mi puerta pasa a
ser feliz o a inmensamente
andar entre los que no aciertan una.
Pregunto e insisto porque anda ese hombre
con la lengua afuera por cansancio y sed
y yo corro igual ante espejismos. Buscamos
lo que jamás de los jamases, pero.
Esto es porque andamos
de modo picaflor en flores mientras
los gatos acechan. Miento,
no se trata de flores ni de gatos
sino de tantear piedras, ver si alguna
es la filosofal de toque para
cambiar nuestro mundo.
Y es mejor no decir más porque estamos
golpeando puestas del horizonte
con la cabeza y nos rebota, pelota,
sin que podamos agarrar la llave.

Foto: vía El Litoral
Publicado en el blog Liendres


Categorías:Andrés Haedo, Libros, Opinión

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