Miguel Ángel Bustos

MAB nace en Buenos Aires en 1932. Autor de cinco libros de poemas, es una de las voces más originales de la poesía argentina. Se dedicó al periodismo, al estudio de idiomas y tuvo una gran pasión por el dibujo. En mayo de 1976 es secuestrado y aún permanece desaparecido. Conforman este homenaje una selección de sus poemas, dos cartas inéditas de Vicente Aleixandre y Antonio Porchia, una reseña biográfica a cargo de su hijo Emiliano Bustos, más unos fragmentos críticos acerca de su obra por N. Pérez Martín.

Bustos
Un niño tomó una flor y la hundió
en el agua, murió un pez. Un pájaro
agonizaba. En su pico, un grano de
polen atómico. El niño con la flor en
el puño, se alejó gritando: – Hermoso
puñal! Hermoso puñal!
(Epígrafe del libro Corazón de piel afuera)

CANCIÓN DEL NIÑO Y LA MAMÁ

Mamá,
lunita
suave
cálida.
Ven niño. Juega
Mamá,
puñito
lleno
de besos.
Ven niño. Lávate.
Mamá,
palomita
salto
de estrellas.
Ven niño. Sueña.

(Del libro Corazón de piel afuera)

CANCIÓN DEL MUCHACHO ASUSTADO

Qué golpea
bajo la tierra?
Lejanas bombas
lejanos llantos.
Qué llevan
los vientos negros?
Soles pequeños
átomos inmensos.
Quién me asusta?
El pez herido
la flor enferma.
Qué grito
en la noche abierta?
Ven
y tiembla
corazón

(Del libro Corazón de piel afuera)

CAMINO CON AMOR

Enamorándome
del agua azotada
de tus ojos,
caminaba y sufría.
De los niños acurrucados
endurecidos,
oscuramente adultos,
corría mordiendo el llanto.
De las cárceles sin techos ardientes,
a espaldas largas
del verano.
¡Corría y corría!
Abrazando
mi pecho hermano
y tu pecho hermano,
a metros de la noche aterrada,
suelto mi vida
camino enamorado.

(Del libro Corazón de piel afuera)

VIENTRE PROFETA SIN TIEMPO

Yo no soy de ningún siglo.
Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y
mi delirio.
Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra.
Pero cuando muera, el profeta que hay en mí se alzará
como un niño sin moral y sin patria. Un niño loco con lengua
de alaridos. Entonces amanecerá en el millón de Galaxias.
Madres del futuro; cuidado; cuando muera puedo volver.
Entonces, ay, vientre que me aguardas, dulcísima catedral
de tinieblas

(Del libro Visión de los hijos del mal)

1

Himalaya boca callada, piedra mentira. Ah, moral de los pájaros: sí, ilumina.
Que recuerde, el primer juego-juguete que vino a mí y ya no se irá de mí por nunca fue un cristal; pero qué cristal; algo líquido y duro que no caía por milagro del arco bronce que lo ataba.
Bajo el agua es más que el agua porque está detenido y es móvil. Si toco una llama con mi cristal, soy invierno: el fuego gira y no es su resplandor ya más. Por hábito y piedad cada tanto lo arrojo en las brasas para que devore y llene el Fulgor con su siesta de infierno.

(Del libro El Himalaya o la moral de los pájaros)

6

No, yo no voy en este cuerpo que me lleva, ni toco en el agua un elemento que fluye y se estanca hasta morir. A quien ves, cuando me miras, es aquel rostro que te doy por miedo jamás ver tu calavera que finge ojos verdes, húmedos lentos sobre tu boca que recita letanías entre incienso y campanas que están en mí. Oigo tu voz idéntica en vos, ajena a mi memoria que te quiere inmóvil. Si me siguieras, si llegaras a mi cristal. En su casa de Fulgores, ¿quién podría decir: yo, me siento el yo de mi rostro para vos? Estaría en vos y hablaría a aquel mi cuerpo que cree poseerme. Terrible si alguna de tus almas, huyendo de la eternidad que nos persigue en la infinita repetición, no siente la ausencia, la ausencia del viento y el sonido caer en cuerpos imaginarios, muertos y errantes en la noche inmortal.
Si alguien me preguntara qué soy; porque ciertas sombras marean; le diría: no soy todo, ni nada, ni algo. Con mi cristal soy el planeta que te lleva por mares a tierras de oro y rapiña y el horizonte te lo doy yo.

(Del libro El Himalaya o la moral de los pájaros)

UN EMPLEO HORIZONTAL

Pobre Miguel Ángel. Siempre he dicho que tuvo una suerte perra. Hay perros que tienen suerte; pero él es un perro perro.

Buscaba empleo. Las oficinas esmeriladas y los bancos llenos. Tristísimamente buscaba.
Un día cruzó una avenida, creo Corrientes o 9 de Julio y desapareció.
Es decir, desapareció su andar vertical. Porque fue tal la fila de coches que pasó, que lo hundieron en el asfalto. Sólo quedaron la luz de sus ojos, su boca, sus manos.
El asfalto tiene olas, con ellas defiende de las ruedas de los autos el rostro y las manos de Miguel Ángel.
Enterado el Intendente, lo visitó para ofrecerle el puesto de Semáforo Parlante.
Pobre Miguel Ángel, digo. Hubo que quedar ahogado en el asfalto para conseguir empleo.
Claro que ya no hace más nada de lo que le gusta. Sólo grita reglas de tránsito y aún así la gente lo desprecia. Una ayer, sin querer pero igual, le piso una mano.
Qué mundo. Qué sombras. Ciertamente ya no morirá junto al mar.

(Del libro Fragmentos fantásticos)

Publicado en EVT, AÑO 3, N° 7, julio de 1998

Links: Análisis de N. Pérez Martín; Reseña, por Emiliano Bustos; Cartas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s