Poetas reunidos (N° 8)

PRIMER Y ÚLTIMO RECUERDO

“Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor”
                                                                           César Vallejo

Algunas veces aparece entre largos sueños
la madre llorando en el suelo.
Algunas veces uno sólo ve en el aire
madres llorando en el suelo.
Y aunque no tuviese madre
aunque sea huérfano de una madre y de todas las madres
y aunque de golpe no recordase nada de la infancia,
siempre vería una madre llorando en el suelo.
Aunque un rayo me convirtiese en árbol,
aunque de golpe me trocase en caballo,
aunque fuese una ola bañando los brazos del bosque,
siempre vería una madre llorando
en el fondo de la casa, tendida en el suelo.
Y si tuviera otros ojos, otra mirada,
otra forma menos aguda de sentir la levedad de las nubes,
otra altura para acariciar las sandalias del aire,
si tuviera otra espera,
otras palabras que decirle a la nada,
otro movimiento de cintura, otra pasión,
seguiría viendo a una madre llorando en el piso.

Pero eso no es todo.
Si yo me llamase igual que un pájaro
o me pintase el rostro con el mismo  color de las bandadas
o me gustara la política de hoy
o mis manos se parecieran cada vez más
de lo que se parecen al olvido
vería siempre una madre llorando en el suelo.

Cada parte de mi cuerpo, cada desgarro de mi semen,
cada avance de mi sangre, cada muerte de mi pecho,
tiene una madre llorando en el suelo
antes de que yo partiera al trópico amarillo de Panamá,
tiene una madre llorando en el suelo
en un departamento de Buenos Aires, Av. Santa Fe y Uriburu,
no sé qué piso, no sé qué tarde,
no sé qué hora ni qué edad.
Pero si quieres puedo decirte cómo eran las lágrimas,
qué color tenían, qué suavidad iban perdiendo,
te puedo decir cómo florecían unas mejillas
entre sollozo y sollozo, en aquel tiempo,
antes de partir a las selvas verdinegras de Panamá.
Te puedo decir que ese es el primer recuerdo
y también el último y el que vendrá
después de los hombres que se rompen con el otoño.
Y que además esa imagen fue el primer árbol
donde mi sombra se ocultó en unos nidos vacíos
y el último engaño donde creí ver un perdón.

Oh corazón, vayas al cielo o al infierno,
siempre verás una madre tendida en el suelo, llorando.
Y cuando hayas al fin consolado ese llanto
habrás consolado a la vida
y las noches y los días de claras hierbas
podrán dormir, al fin, eternamente en tus ojos.

Celedonio Torres Avalos (Buenos Aires, 1973)

 

A UNA MUCHACHA QUE CANTA EN LA COCINA

Desde ti me subo a la canción de las muchachas
cuando salen de la cocina
y tienen palomas en el pecho o barriletes
días que son pájaros frutos para el amor
colmenas rojas senos
y un arco iris las abraza en el río de su soledad
cuando lavan la pasión
oscura bajo los arcos del viento.

¡Oh, María!

Me subo a la canción
cuando invade la sala
con senos que tocan las nubes
y se confunden con el olor del pan caliente
aferrado a la cabellera que se extravía en tiempo
unido por siempre a la pasión y al silencio de la piel
a las alas que tocan la inmensidad
a los labios que nombran las cosas con su nombre.

Tu cintura tiene alegría enramada la risa del viento
¡Oh mariposa sensual!
sabes decir el amor
y tienes escondido un río bajo los besos
una sombra de rodillas
que bebe su vida de tu seno.

Y tu desnudez tiene todos los colores del amanecer
la espuma del mar
el vuelo del la gaviota que une los horizontes.

¡Abrázame –joven madre- y atraviésame con la lanza de tu pobreza!

Canta con los pájaros de tu amor
¿puedes escuchar la risa en la ventana las flores nuevas?
el amanecer es bello mientras te preparas
sube tu voz sube tu voz…

Andrés Haedo (Buenos Aires, 1974)

 

PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE LA CASA

quién dejará la casa
quién irá a visitar mi muerte cuando ya no pueda ir
qué harán de la casa cuando no pueda estar
qué palabras serán dichas como atmósferas
qué se cruzará en el camino como un sol

volveré entonces a la casa para saber quién anda por ahí
volveré a la casa con ánimo de palabras no dichas
volveré temprano a la casa y sabré qué hacen de mi muerte
                                                                [cuando no estoy
volveré si es verdad que aman a la casa y a la terraza
que hay en la casa

por qué no se llevan la casa lejos de mí
de los otros que están en mí
por qué no dejan la casa tranquila con sus funciones
de lágrimas, sombras y fantasmas
por qué no hacen de la casa un lugar para los amigos en el corazón
de la casa
por qué no construyen una casa que tenga sólo lugares para amar
por qué no una casa con otra adentro y otra adentro
así hasta el final de todas las casas

volveré para robar de la casa todos los momentos no vividos
volveré a la casa con nuevas máscaras de mujer
volveré para encontrar las distancias que se van de la casa
volveré a cavar los gritos, los golpes, las deformaciones
que hacen a la historia de la casa
volveré para encontrar la casa en lo profundo de mí

Alejo González Prandi (Buenos Aires, 1974)

Publicado en EVT on line, en diciembre de 2004


Categorías:EVT Nº 08, Poetas

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