Siete poemas

Poemas de Antonio Requeni

requeni

MANUEL CASTILLA, ANOCHE

Anoche soñé que estaba en Salta
con mis amigos Sylvester, Adet, Jacobo Regen,
e íbamos, silenciosos,
en un tranvía al cementerio.

(Ya sé que en Salta no hay tranvías,
pero siempre hay tranvías en mis sueños)

De repente lo vimos ahí, junto a nosotros.
La risa como un pájaro se enredaba a su barba
y sus ojos brillaban con la luz de otro mundo.

-“Pero cómo, Manuel, sentado en el tranvía;
debías estar allá, donde íbamos a verte.”

El Barbudo reía y reía y nos miraba
burlón, hasta que al rato compuso sus facciones
y con voz ronca y dulce
nos habló de las nubes que deslizan
sus lentas catedrales por el cielo,
del verano que inunda
los cerros de fragancias y libélulas,
y del néctar secreto de una copla
que dijo, paladeando sus cadenciosas sílabas.

Yo, tenso, lo escuchaba
Igual que aquella tarde en la que tuve
intuición de la magia. Aquella tarde
entre azahares y las mariposas
de diciembre y el vino y las pavesas
de sus palabras chisporroteantes.

Volvía a encontrarlo anoche.
Mis amigos también, pero es posible
que ya estuviesen habituados (Salta
es mitad tierra y mitad alma y sueño).
La última imagen fue la de su risa:
una suave luciérnaga apagándose
en el monte velludo de su cara.
De pronto no lo vi. Eso fue todo.
El tranvía seguía su rumbo al cementerio.

(Del libro Línea de sombra)

 

ROBERTO SANTORO, POETA

La luz, medrosa, se repliega
y las lágrimas ruedan por los pómulos
de la impotencia y la respiración.
Sólo eres un nombre en una lista.
Pero yo creo
en la venganza del poema.

No haya paz en la tumba del verdugo.

(Del libro Línea de sombra)

 

MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
-aunque yo soy su deudo más humilde-
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste. Pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz. Y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.

(Del libro Línea de sombra)

 

(*)

Te quiero con temblor de lentos ríos
con madurez de júbilo y con llanto,
con mi sed, que se ahonda cuando canto,
con mi razón, entre mis desvaríos.

Con mi muerte en los huesos, con mi vida,
con mi sangre que irrumpe y que te nombra
sobre el haz del poema, con mi sombra
donde baila una luz entremetida.

Te quiero en la costumbre de mis gentes,
con mis calles, mis árboles y fuentes,
con lo que soy, exalto y enumero.

Fluyo hacia ti y en tu delirio me hundo.
Y es a la vez conmigo todo el mundo
el que te quiere porque yo te quiero.

(Del libro Manifestación de bienes)
(*) De la serie Sonetos de amor (N. de la Ed.)

 

NARANJERA DE ASUNCIÓN

De tus manos descienden, lentamente,
doradas serpentinas, naranjera.
La piel de tus naranjas es lo único
que nos sonríe en la Recova Vieja.
Tu piel, la de tu rostro y de tus manos,
un poco más de tierra entre la tierra.
Cada día el oprobio se acomoda
junto a tus ropas desoladas, trémulas
mientras un río de hojas y ladridos
lame tus pies descalzos y se aleja.
Silencioso más dramático que el grito.
Ojos que hasta las lágrimas desdeñan.
Yo estoy aquí, mirándote, y no sé
si la naranja que ahora despellejas
es sólo un fruto o es tu corazón
que se desprende de tu cuerpo y sueña.
Virutas de la piel de tus naranjas,
guirnaldas que decoran la miseria,
tal estos versos que, impotente y triste,
escribo ahora en un lugar de América.

(Del libro Inventario)

 

CUERPO

Corps, mon vieux compagnon, nous périrons ensamble.
         Comment ne pas t’ aimer, forme à qui je ressemble,
         puisque c’ est dans tes bras que j’ etreins l’ Univers.
                                                           Margarite Yourcenar

Hemos llegado, viejo, compañero,
a esa línea de sombra a tras la cual, algún día,
deberemos rendirnos a la ley implacable.
Quizás nos separemos o, abrazados,
juntos seamos destruidos
mientras la indiferencia majestuosa
del sol y el mar, la flor y las abejas,
devane el oro eterno de la vida.
Pero hoy estamos como siempre, juntos.
Aún nos une el milagro,
la suprema alegría de sentir el deseo,
de jugar a vivir y prolongarnos
en hijos y palabras. Todavía
seguimos de este lado de la tierra,
ardiendo en el impulso y la fatiga.
En el prodigio inmenso
De ver, oír, tocar, ir a las cosas.
Hermoso ha sido el viaje
hasta ese límite de sombra.
Una puerta se abre a otra aventura,
en un cierta región en las que un día
entraremos fundidos, con los ojos
abiertos, lentamente,
junto a las hojas descompuestas,
insectos y detritus. Contigo
como siempre, mi viejo compañero,
hasta no ser ya más, nunca, en el mundo.

(Del libro Línea de sombra)

 

OSCURO FUEGO

¿Quién necesita que yo escriba?
Sin embargo es hermoso
vivir por la belleza, aproximarse
al fuego oscuro en el que arde
la fiesta y el misterio de la vida.
Aunque a nadie le importe.
Brilla en la noche el verso
bello y desamparado
como un cuerpo desnudo.

(Del libro Línea de sombra)

Publicado en EVT, AÑO 3, N° 7, julio de 1998

Link: Entrevista a AR



Categorías:EVT Nº 07

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