El período de París en la obra de César Vallejo

Por Andrés Haedo

vallejoEl denominado período de París en la obra de Cesar Vallejo comprende catorce años. Se trata de una época que duplica en tiempo de producción a la suma de períodos de Los Heraldos Negros y Trilce. Y además se destaca un componente importante: es esta etapa de su producción la que será publicada póstumamente.

Se trata de un período histórico de suma trascendencia en el mundo contemporáneo y el poeta vive, desde 1923, en uno de los epicentros sociales, económicos, políticos y culturales, que lógicamente había de dejar huellas en los poemas escritos entre 1923 y 1937.

Cuando Vallejo viaja a París la revolución rusa es insipiente; Mussolini toma el poder en Italia; Primo Rivera en España y se produce la intentona golpista contra el gobierno alemán; después el estalinismo, la crisis económica mundial, la segunda República en España, el nazismo en Alemania, hasta la guerra civil española y la segunda guerra mundial que encuentra al poeta ya con los ojos cerrados para siempre.

Son años, en la vida de Vallejo, marcados por la pobreza extrema, angustiosa, que no ha de ser ajena a su marcada sensibilidad por la injusticia social. Son años de lucha con la enfermedad, en la soledad de sus estadías en el hospital se inspira el poema Las ventanas se ha estremecido.

En este contexto, dos aspectos son claves para comprender los alcances temáticos de esta obra: el tema político, social y la dimensión religiosa; ambos se complementan sin excluirse.

El tema político

“En el año ’37, en París, se inauguraba una exposición industrial; al pabellón de la República Española fuimos con César Vallejo, y al llegar, estaban corriendo el panel de Destrucción de Guernica, de Picasso. Al lado del cuadro había un gran poema de Paul Éluard. El panel del siglo. Ahí pasó una cosa definitoria. Nos acercamos, abrazamos a Picasso, vi que en los ojos vivaces de este hombre estaba toda la ternura de su Málaga natal. Pero lo extraordinario era que estaban viendo cómo se inauguraba el ‘Guernica’ obreros ferroviarios, con sus gorritos típicos, y a los que yo veía a diario en las tabernas. Cuando vieron esto -tanta destrucción y tanta muerte en ese cuadro sobrecogedor-, ellos, con gran instinto e inteligencia, se llevaron la mano a la gorra y se descubrieron. ¡Se descubrieron! Como si estuvieran en un templo.”

Está anécdota contada por Raúl González Tuñón, tan hermosa, nos aproxima al Cesar Vallejo que en esta oportunidad queremos conocer. Encontramos al poeta rodeado de obreros, en ese clima intenso, sobrecogedor.

Entre 1928 y 1931 realiza tres viajes a la Unión Soviética. Ese mismo año de 1931 se afilia, en Madrid, en el Partido Comunista. Su toma de posición política se expresa en diversos libros: El Arte y la Revolución, en su novela El Tungsteno, en su reportaje Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin, y en sus obras de teatro Moscú contra Moscú y Lock-out.

Desde luego esta preocupación está también presente en la poesía; declara en uno de sus últimos poemas: Pues de lo que hablo no es /sino de lo que pasa en esta época, y / de lo que ocurre en China y en España, y en el mundo.

Observamos que en la medida en que revela una temática social, no acarrea elementos de política propiamente partidistas, de propaganda ni de ideología, si no sólo esa inmensa conmoción espiritual frente al dolor.

Es esa cólera ante la injusticia, esa solidaridad con los pobres y con los hambrientos del mundo el elemento que desata en Vallejo la gran lucidez de su poesía política. Pudiendo afirmar que no decae en absoluto la calidad de su poesía, en contraste con sus primeras composiciones, siendo el poemario España, aparta de mí este cáliz una de las composiciones más altas que se hayan hecho sobre la guerra civil.

Y esta grandeza radica en fusionar aquellos elementos que vertebran toda su obra poética: el drama existencial, la muerte, la eternidad, el tiempo, la libertad de la palabra -que adquiere vida propia, relieve propio, constituyéndose en un factor autónomo-, Dios y la nada; todo ello elevado y fusionado en una dimensión “social y política”.

Vallejo aborda una incesante interrogación sobre la situación del hombre en su mundo y su época y sobre las condiciones de la creación de un lenguaje libre, siempre por nacer.
Hay en Vallejo una preeminencia de la emoción como motor esencial de la poesía. Así el poema nace de esa emoción y de esa sensibilidad.

Si en los Heraldos Negros encontramos un espíritu convulsionado por el dolor, en Trilce esa convulsión del espíritu –nunca menos intensa- se traslada al lenguaje. Finalmente en la obra póstuma, es decir en los poemas de París, encontramos una síntesis definitoria de la obra de Vallejo que se expresa en el amor por la humanidad toda.

La dimensión religiosa: “España, aparta de mí este cáliz”

Sin lugar a dudas, España, aparta de mí este cáliz, ocupa un lugar destacado en la obra de Vallejo y constituye, al tiempo, uno de los mayores homenajes que la literatura universal le haya rendido a los héroes que participaron en la resistencia española contra el dominio de la tiranía.

Vallejo junto con Neruda, y su España en el corazón, marcan el punto de encuentro de la literatura sudamericana, en su máximo esplendor, con los exponentes españoles como Rafael Alberti, Miguel Hernández y otros.

Los investigadores de la obra de Vallejo aseguran que fue en el año 1937 cuando el poeta reunió quince poemas sobre la guerra civil española que, como los otros, estaban inéditos cuando murió y fueron publicados por primera vez en edición de guerra por los combatientes republicanos del ejercito del este, bajo la dirección de Manuel Altolaguirre, con el título del poema España, aparta de mí este cáliz, en enero de 1939.

Agregan los especialistas que durante mucho tiempo se pensó que la edición príncipe había desaparecido definitivamente, destruida por los franquistas, hasta que en 1983 los investigadores españoles Julio Vélez y Antonio Merino descubrieron varios ejemplares del libro en la biblioteca del monasterio de Monserrat; los mismos publicaron después en facsímil esta edición en su libro España en Cesar Vallejo, Madrid, Ed. Fundamentos, 1984.

Este poemario “poderoso” tiene como centro el poema XV, que lleva como título el que reúne a toda la obra. Él nos remite a aquel pasaje bíblico de Mateo 26.36: “Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo: -Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar-. Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: -Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo-. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: -Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

El fragmento es el principio de la pasión. Es aquel momento en el cual Cristo acepta como “hombre” la voluntad del Padre, cayendo con el rostro en tierra.

Esta es la simbología profunda, el torrente sanguíneo, que subyace en “España, aparta de mí este cáliz”. Vallejo ilumina la obra a través del título del último poema de la colección. Ese último poema-síntesis de la colección eleva su título a todo el poemario y lo sobrevuela, lo engrandece en su dimensión conceptual.

Efectivamente, del pasaje citado se extraen los elementos capitales de la obra. En primer lugar el componente religioso, presente en toda la producción de Vallejo aunque con distintas connotaciones, el dolor y la muerte, la traición –ya se acerca el que me va a entregar, agrega el evangelista-, los amigos, y el cáliz. Vallejo cierra el círculo abierto en los Heraldos Negros haciendo extensivo el amor de poesía a su hermanos.

La advertencia de Jesús a sus discípulos -estén prevenidos-, nos remite también a aquel  ¡Cuídate España! que se repite, una y otra vez, en el poema XIV.

“España, aparta de mí este cáliz” es presente, es la tragedia de la guerra hoy, pero también es la esperanza que tiene como fundamento el amor.

Publicado en EVT on line, en mayo de 2005

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