Una poética por la restauración

Entrevista a Leonardo Martínez

estricta

Acaba de dar a conocer su último poemario, Estricta Ceniza, con la presencia de sus amigos Santiago Sylvester y Leopoldo “Teuco” Castilla. Nacido en Catamarca en 1937 y con 15 años de residencia en Buenos Aires, Leonardo Martínez tiene publicados siete libros de poemas. Los anteriores fueron Tacana o Los Linajes del Tiempo (1989), Ojo de Brasa (1991), El Señor de Autigasta (1994), Asuntos de Familia (1997), Rápido Pasaje (1999) y Jaula Viva (2004). El hallazgo de su cauce expresivo, el rescate de la memoria, la muerte y la reflexión poética, fueron algunos de los temas que poblaron el diálogo que se ofrece a continuación.

Por Alejo González Prandi

A los 52 años publicaste tu primer libro. ¿Cómo fue ese primer paso?
– Fue fruto de un momento decisivo en mi vida. Yo escribía poemas en cuadernos, que no corregía. No tenía pensado publicar. Pero una día Ana Emilia Lahitte, en Catamarca, me pidió leerlos. Me dijo que debían ser publicados y me invitó a hacerlo en su sello editorial, Cuadernos de Sudestada. Fue en diciembre de 1988. En abril del año siguiente, salió Tacana o Los Linajes del Tiempo, que lo presenté el día de Catamarca en la Feria del Libro. Fue un acontecimiento muy lindo, porque me vi rodeado de amigos poetas, que me acogieron como uno más de ellos. Fue principio de un crecimiento en la escritura. Comencé, de manera obsesiva a ir a recitales de poesía, a lecturas, a presentaciones de libros. Era el Buenos Aires del ‘89-‘90, que conservaba la efervescencia del advenimiento de la democracia.

Cuando salió Tacana o Los Linajes del Tiempo, ¿lo suponías como un hecho aislado o ya intuías esa continuidad de publicaciones que después hubo?
– No suponía nada. Tenía una carga emocional, imaginativa, que quería encontrar su cauce y que no estaba cumplido con ese primer libro. Entonces, siguió otro y después otro y otro… Las cosas se fueron dando sin una voluntad ni exterior ni interior, sino por el deseo.

Tu primera formación fue musical. En una entrevista decís que tus estudios académicos te impedían la libre creación. ¿Elegiste la poesía porque te permitía esa libertad que tanto buscabas?
– En realidad, soy injusto. Yo encuentro la libertad en la poesía, pero voy a rectificar lo que dije sobre la creación en la música. La responsable no era mi formación académica, eran una serie de fallas interiores, de viejísimos complejos, de formas absurdas de represión que me impidieron hacer una “carrera”. Yo adoré la música, la amo y es mi ámbito también. Pero con la poesía se me presentaba el campo orégano, libre. Un campo donde podía desenvolver, desarrollar, imprimir, exhibir toda una interioridad que me desbordaba. Ya que no tenía cauce en la música por mi incapacidad para improvisar, en la poesía sí podía hacerlo.

¿Cómo viviste ese proceso de la música a la poesía? ¿Qué elementos te indicaron que la música no era la expresión en la que vos te podías desarrollar?
– Paralelamente a la música, a la frecuentación de conciertos, grabaciones y de lecturas especializadas, leía muchísima poesía, novelas y ensayos. Desde muy chico he leído y he escrito poesía. Es como si la música, como profesión, hubiera ido demorándose y dándole lugar a la poesía. Pero es la misma Musa. No cambia ni el sonido, no cambia nada.

Desde el primer libro hasta el último (Estricta Ceniza), observo dos pertenencias muy fuertes. Una es la vinculación a tu paisaje natal y la otra tu relación con los lazos familiares, en particular con la imagen de tu padre y de tu madre.
– Sí. En el último libro hay dos o tres poemas que marcan de una manera bien nítida la pertenencia a un lugar y a una tribu, a un núcleo familiar que por ahí se desdibuja y deja de ser mí núcleo familiar para ser un núcleo de familia que yo voy creando desde una especie de orfandad. Soy muy desagradecido al decirlo porque he tenido familia. Pero siempre, en el fondo, me he sentido huérfano, con la ansiedad de reforzar los vínculos, de buscar mi origen, de tantear la historia, de meterme en los vericuetos de la genealogía de mi gente, de saber de dónde vengo terrenalmente. No por vanagloria sino para reafirmar mi situación de pertenencia, a un sitio, a un lugar, donde creo que escarbando y hundiendo las uñas y arañando esa tierra, va a brillar la verdad.

En tu palabra también hay una presencia mayúscula de personajes históricos, regionales, que seguramente habrás vivido o te habrán contado.
– Hay una mítica en la tribu, en el núcleo familiar. Hay tradiciones que se van pasando de boca en boca, que pueden, en cierta medida, confirmar, afirmar o desvirtuar la historia, esa historia tan particular que tiene cada familia, que ya se está perdiendo, que ya no existe. Trato de rescatar eso.

Una de las sensaciones que tuve en la lectura o relectura de tus libros, es que tienen una clara intención de ir en busca de la memoria, de dejar escrito para la memoria.
– Indudablemente hay, en una ínfima medida, una especie de rescate del tiempo perdido. No quisiera de ninguna manera usurpar el dominio de (Marcel) Proust. Creo que cada uno, a su medida, busca restaurar el tiempo. La memoria es una especie de trampa por la cual uno piensa que está rescatando su esencia. Uno trata de reparar las heridas del tiempo. Y vuelvo a utilizar estas palabras: para restaurar. ¿Para restaurar qué? ¿Qué? Para restaurar…

Hay una entidad íntimamente ligada a tu poética, que cada vez va ganando mayor terreno, que es la muerte. ¿Compartís esta impresión?
– En un poema del Estricta Ceniza digo, refiriéndome a la época mágica de la infancia: La vida entonces era para siempre. Pero resulta que el abanico de posibilidades y esa mirada amplísima, de ese mundo que se muestra al niño, cada vez se va reduciendo más hasta que nos queda un sendero estrecho y oscuro. A su costado nos está esperando la muerte, que no miro con espanto. Es un acontecer natural, ya lo sabemos. Es un tránsito hacia regiones… o hacia la nada. En un poema también digo:… la nada/ deslucido nombre/ para llamar al opulento reino/ de cambios y mutaciones infinitas. Mundo real, donde todo va mutando, va asumiendo nuevas formas. En el mismo poema escribo: Ayer nomás tallé este petroglifo/ antes fui pez también fugaz insecto/ mono fraterno y habitante de Lemuria. Será una manera de buscar conformidad ante la desaparición total.

¿Qué lugar ocupa el sentimiento religioso en tu vida?
– Soy hondamente religioso, animista, vivo en un mundo mágico. Todo tiene un sentido entrañable y trato de desentrañar ese sentido de las cosas, que me dan mensajes, que me sugieren. Tengo mi adoratorio personal y privado. Te voy a decir una cosa que va a sonar muy desaforada, tengo la religión del arte.

¿La existencia de ciertas terminologías quichuas en tus primeros poemas se debe más a una elección literaria o se corresponde a una transmisión de vivencias propias?
– En lo que yo escribo no hay una intención ni una voluntad literaria. Las palabras que escribo se deben a una necesidad expresiva, nada más. Por ahí utilizo arcaísmos, formas desusadas, porque muchas veces son las formas del habla común de la gente de mi provincia.

En El Señor de Autigasta, Juan José Hernández cita a Bachelard diciendo que él enseñaba que “la poesía, en su forma simple, natural, lejos de toda ambición estética y de toda metafísica, es una alegría del aliento, la dicha evidente de respirar”. ¿Crees que tu poesía está lejana a una ambición estética?
– No creo en las preceptivas estéticas. Siempre pienso en la búsqueda y el descubrimiento. La poesía es la alegría del alma, del hálito; es el espíritu, el neuma, el aire que está saliendo y que está soltando gemidos al salir, pero son las palabras. Porque si bien los poetas nos manejamos con palabras, también nos manejamos con el sonido de las palabras, con el sentido, con la sonoridad que conlleva otro sentido, que nos remite a otras cosas. Quizás también la poesía sea un estímulo sensorial, sonoro.

En un verso de Rápido Pasaje decís que la vida es un poema traducido/ en el mejor de los casos transcripto. Si bien la poesía no se explica, sería interesante que pudieras explayarte sobre eso.
– Como decís, la poesía como la vida no se explica. No podemos explicar la vida, la sentimos. Estamos vivos. Siento, luego existo. Entonces, al decir que un poema es una traducción, estoy dando quizás la pauta de que el poema, en cierta medida, trate, lejanamente, de ser una vislumbre de los movimientos de la conciencia.

Jaula Viva es un libro distinto a los anteriores y también al que le siguió, Estricta Ceniza. Allí el tema predominante es el amor. ¿Qué significa para vos ese libro y cómo fue su concepción?
Jaula Viva es un libro muy especial, escrito durante un tiempo convulsionado por grandes movimientos interiores amatorios. Fue como un encuentro de mí mismo en ámbito completamente nuevo. La manera en que está expuesto en Jaula Viva el sentimiento amoroso es distinta, nueva, originalmente hecha sin tapujos, sin pensar si estoy haciendo buena o mala poesía, si estoy haciendo literatura. Sin embargo, no fue una catarsis. No conjuró nada, no ayudó a extinguir ni a clarificar nada. Fue la exposición de un movimiento pasional.

En tu último poemario volvés sobre el paisaje natal, la infancia, la familia, pero aparece un nuevo elemento, que es la reflexión acerca de la palabra y de la creación en el momento de la escritura. En una serie de poemas del libro, que reunís bajo el subtítulo de Las palabras, un conjunto de arte poética, decís: mi esperanza cuando escribo versos/ es su buena factura.
– Es cierto, es un intento de arte poética, pero que no fueron escritos con esa finalidad. Los reuní porque pertenecían más o menos a un mismo núcleo. Esos poemas nacen ante la reflexión de un padre, amigo mío, que me muestra un verso escrito por su hijo: la creciente arrastra sombras. Ahora, no sé si quiero la buena factura cuando comienzo a escribir, pero quiero acabar los versos con una buena hechura. Una pulsión interna me hace arrasar con la hoja en blanco. Después trato de encauzar ese desmadre, sacar a flote lo que yo considero más o menos medular. Quizás el poema ya estaba escrito, lo único que hago es descubrirlo.

Publicado en EVT on line, en mayo de 2005

Link: Más de Leonardo Martínez en EVT

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