El abrigo salvaje

Las tierras naturales, de Leonardo Martínez

Martinez_Las_tierras_naturales

Por Alejo González Prandi

Quizás la única puerta que el poeta dispone para siempre ser fiel a su poesía es entregarse por completo y en plena libertad a sus más profundas obsesiones y al universo único de su emoción. En Las tierras naturales, Leonardo Martínez sigue vislumbrando y entretejiendo los elementos y los personajes custodios de su razón poética.

La infancia, los nombres que pueblan la infancia, las muertes, la memoria de las voces y la vida de esas voces en un destino común, el padre, la madre, la familia, los ancestros, la amistad: ese cambio de oxigeno y de arena en el desierto. Como marca el título de uno sus libros, la palabra de Martínez continúa en Jaula viva. Una palabra que parece reavivar bajo todos los medios las cenizas, aunque no se detiene en esa obstinación y busca el goce por la tierra, los amigos, el silencio de los árboles, a pesar de la vida difícil.

Todo vuelve, pero renovado y como si sucediese por primera vez. En El señor de Autigasta (1994), el poeta nos dice: “Mi padre/ heredó de viejo/ la casa y los alfalfares de mis abuelos.” En asuntos de familia (1997) regresa a la primera morada: “Nosotros sabemos que en la casa del padre muerto/ enciende la lámpara mientras los perros lamen/ las puertas cerradas del invierno”. Estricta ceniza (2005) continúa el viaje paterno: “Mi padre me escucha/ mi padre me enamora desde la muerte/ mi padre es el aquí el momento”. La obra recién publicada por Ediciones del Dock reafirma esa presencia vital: “¿El Abisinia la Venancia/ mi padre joven moribundo/ fueron sólo pies sin cabeza?”

La madre y las mujeres que pueblan los mitos y las sombras de los primeros años encarnan un eje de innumerables connotaciones y espejos en la palabra de este vate catamarqueño. “Me pregunto/ dónde estarás madre/ si las puertas han sido derribadas/ y las palabras llamándote,/ soplan como vidrios soplados/ hasta la desesperación”. Mujeres como doña Bersabé, doña Goya, la niña Carlina, la Eteljiva, la tía Isidora, la señora Zósima acercan su propio fuego con recuerdos de primeras lecciones, músicas, alquimias de mercados, mundos prohibidos en un territorio de hombres violentos. Y en toda esa peregrina visión de acontecimientos a lo largo de los años, persisten los interrogantes y las sentencias en Las tierras naturales: “¿cómo vivir? ¿en qué lugar?/ ninguna parte es la casa que nos corresponde”.

En una entrevista que le realicé al poeta para la revista El Vendedor de Tierra, en marzo de 2005, dijo acerca de su obra: “Indudablemente hay, en una ínfima medida, una especie de rescate del tiempo perdido. No quisiera de ninguna manera usurpar el dominio de (Marcel) Proust. Creo que cada uno, a su medida, busca restaurar el tiempo. La memoria es una especie de trampa por la cual uno piensa que está rescatando su esencia. Uno trata de reparar las heridas del tiempo. Y vuelvo a utilizar estas palabras: para restaurar. ¿Para restaurar qué? ¿Qué? Para restaurar…”.

GENEALOGÍA DEL DESEO
… y los padres de los padres de los padres
de los tatarabuelos de mis padres
esos Tales esas Cuales
las Zósimas los Baltasares
sus palabras en conmemoraciones de arena
sus miradas en las de mi Angel Custodio
Sabía del Cristo en la Sagrada Forma
porción de engrudo asado entre dos planchas
que Reales y misteriosos Poderes
convertían en Dios vivo
En mi primera comunión
se entrecruzaron pecados de la carne
omisiones y mentiras
De acuerdo a la catequesis recibida
aguardé caer muerto
encogido en vómitos de sangre
Nada de eso
Sólo una fiebre de niño
extraviado catecúmeno en los laberintos
del sopor frailuno
Volví a la vida como un francisco renovado
Abundaron entonces los juegos placenteros
el espiar constante
los tocamientos
el dormir atisbando la vecindad de un sexo
No me acosaban los abuelos
Sus memorias funcionaron
como torrente de aguas generosas
Los padres de los padres de los padres
de los tatarabuelos de mis padres
fueron aires libres
tutelares

Publicado en el blog La Víspera, en 2007

Link: Más sobre Leonardo Martínez en EVT



Categorías:Alejo González Prandi, Leonardo Martínez, Libros, Opinión

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