El otoño del alma


 

Por Andrés Haedo

El caer de un árbol en el bosque, produce más ruido que toda la fuerza vital que da vida a ese mismo bosque.

La primavera, llega sin que la notemos. De un día para otro todo se viste de luz y esperanza; y los árboles que hasta ayer estaban desnudos, hoy se colman del verde que, en el mayor silencio, irrumpe en el mundo.

Lo mismo sucede cuando arremete el otoño y con el deshoje lento se reanuda el ciclo de la vida, ese repetirnos para -al fin de cuentas- saber que somos de la tierra y del mundo, simplemente (así me gusta decir), vasijas de barro.

Estas certezas, muy íntimas por cierto, me acompañan ayudándome a interpretar los días y los vientos.

Estas certezas son las que pude experimentar y reconfirmar leyendo El Deshoje, del poeta Alejo Gonzalez Prandi; que ha llegado también con el silencio de lo que permanece. Hay libros que caen como el árbol en bosque y hacen mucho ruido, pero ya son madera lista para arder y morir. Otros, en cambio, tienen la fuerza de la savia que corre por su interior y son los que silenciosamente perduran. El Deshoje es de estos últimos.

La naturaleza, el mundo y la persona se corresponden; hay un sentir común, una identificación entre lo que acontece en el alma y lo que sucede en las flores.

Este libro, es el otoño del alma: la pregunta por la muerte, las pérdidas, el dolor de la vida -el dolor / por nosotros mismos / es tan inútil y necesario, dice el poeta.

Pero la poesía, siempre es fuerza vital, porque es trascendente, es decir mira más allá del aquí y el ahora, sin importar cual sea su tema o estado del alma.

El libro se cierra con un poema que desde el título ya nos advierte sobre la renovación de los ciclos, el título es: También la convierto en mariposa. Nótese que las mariposas abundan con la llegada de la primavera y el verano. Asimismo la última parte del libro se titula Otras puertas. Las puertas dan acceso y salida a otras realidades, a otro sentir.

Transitar las páginas de El Deshoje es un itinerario existencial en el cual el lector se sumerge de lleno en las preguntas ineludibles que tienen lugar cuando se encuentra, solo, bajo la sombra callada del reino perdido.

 

EL REINO PERDIDO
la lámpara ya no pudo iluminar
las tempestades de la casa
y cayó sola contra el suelo
y junto a sus restos el padre y el hijo
preguntaron el porqué de su muerte
 
ya no quiso este mundo
ni a estos hombres de lástima
ni la dádiva emocional que se desprende
como una sombra callada
del reino perdido

UNA MUJER
en una casa del Paraguay me enamoré de una mujer
vivimos durante dos semanas
alrededor de una mesa
comiendo la mandioca
entre los gritos de una santa que no hablaba español
y juraba crucificar a su hijo como Jesús

una tarde dijo que viajaríamos
a conocer el chaco del sueño
pero sólo nos miramos
sin queja ni dolor

ella solía llorar mientras planchaba
yo mientras ella dormía

PREGUNTA
¿cuál es tu pregunta en la poesía?
¿si estás muerto?
¿si volverás a estar muerto?

tu pérdida es genealógica
tu paisaje viene de lejos
lo tenés escondido nauseabundo heredado

no sabés de otra intemperie
no mordiste la tierra sin dejar de soñar un muerto

es el viento la frondosa lentitud que no llegará nunca

PREGUNTAS Y RESPUESTAS DE LA CASA
quién dejará la casa
quién irá a visitar mi muerte
qué harán de la casa cuando no pueda estar
qué palabras serán dichas como atmósferas
qué se cruzará en el camino como un sol

volveré entonces a la casa para saber quién anda por ahí
volveré con ánimo de palabras no dichas
volveré temprano y sabré qué hacen de mi muerte
cuando no estoy
volveré si es verdad que aman a la casa

por qué no se llevan la casa lejos de mí
de los otros que están en mí
por qué no la dejan tranquila con sus funciones
de lágrimas sombras y fantasmas
por qué no hacen de la casa un lugar para los amigos en el corazón
por qué no construyen una casa que tenga sólo lugares para amar
por qué no una casa con otra adentro y otra adentro
así hasta el final de todas las casas

volveré para robar los momentos no vividos
volveré con nuevas máscaras de mujer
volveré para encontrar las distancias que se van de la casa
volveré a cavar los gritos los golpes las deformaciones
que hacen a la historia de la casa
volveré para encontrar la casa en lo profundo de mí

Publicado en el blog Liendres


Categorías:Alejo González Prandi, Andrés Haedo, Libros, Opinión

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