Libro de Bodas, Plantas y Amuletos

Por Celedonio Torres Avalos

ribero

Las páginas del Libro de Bodas, Plantas y Amuletos del poeta Romilio Ribero, quizás sean las más representativas de su obra. Porque en ellas se encuentran, en una gran calidad poética, todos los elementos que componen la poesía de Rivero, esto es, el verso largo y profundo, la plasticidad y riqueza de las imágenes, la imaginería esotérica, el lirismo, la originalidad de sus visiones, el dolor y la trascendencia del mismo a través de todo tipo de belleza.

A pesar de que el lector se deja llevar como encandilado por los ríos líricos que desarrollan sus versos, este libro tiene un innegable carácter épico, que se identifica más con la épica bíblica que con la griega clásica. Más precisamente Ribero dota a esa épica de una personalidad localista –latinoamericana si se quiere-, a la manera de Miguel Ángel Asturias en su libro Leyendas de Guatemala.

Las páginas de este libro son verdaderas “historias-sueños-poemas”, parafraseando a Paul Valery. En ellas Ribero describe una génesis y el desarrollo mítico-histórico de un pueblo, su pueblo. Por eso el poeta escribe: “Estas son mis estirpes. El orden del reinado./Las primeras abuelas y los primeros padres/ con las primeras lunas y los primeros frutos”.

A lo largo del libro, ese pueblo pareciera regido por un matriarcado. En efecto, la mujer cumple un papel esencial. Por ello leemos con frecuencia: hechiceras, abuelas, cantoras, madres, esposas, recién casadas, bailarinas, tejedoras, hacedoras de “esteras de paja”, destiladoras de “tintas vegetales”, muchachas “que saben otras lenguas”, entre otros muchos oficios y seducciones que ejerce la mujer en estos poemas de Ribero.

Además menciona sus nombres a veces misteriosos, a veces religiosos, a veces mágicos, como ser: Jacobina, Seledonia, Sarah, Elvira, Magdalena, Koal (“cuyo nombre significa, hacedora de música y de humos”), Atziri (“creadora de la planta de los nacimientos”), Cavec (“hacedora del árbol que aprisiona”), Vucub, Ayah, Sac, entre otros tantos nombres.

En estas páginas podemos reconocer con alegría la sensualidad de Enrique Molina, el esoterismo mágico de Olga Orozco y la musicalidad de Saint John Perse. Sin embargo el autor de este libro conserva un estilo muy propio, inconfundible, mezcla de copla y salmo, mezcla de mar y selva. Configurarlo en algún estilo o escuela en particular sería desconocerlo.

El libro se divide en tres partes y sus poemas se podrían considerar, dentro de esas narraciones fantásticas, como apasionadas descripciones de personajes mágicos; relatos de travesía, bodas y sucesos fantásticos donde la naturaleza tiene un protagonismo esencial. Hay poemas que sólo se presentan a manera de prodigiosas fórmulas para lograr algún estado en particular: “raras fórmulas heredadas un día del hechizo”, nos recita el poeta.

Sin embargo creo que todos esos elementos en la poesía de Romilio Ribero no tendrían razón de ser sin su misticismo propio que late constantemente en cada línea del libro. Esa es la dimensión espiritual donde mora la poesía que nos muestra deslumbrantemente Ribero en estas páginas. Veamos un ejemplo: “¡Y del extraño oficio, hablo por ti, muerto después de dos resurrecciones!”.

Considero al Libro de Bodas, Plantas y Amuletos como de pura celebración a todo lo que existe, como una gratitud por una infancia maravillosa: el testimonio de una tierra misteriosa que le fue dado relatar quién sabe por qué designio o conjuro. Por eso escribe acerca del autor, Enrique Molina: “vivió su infancia en el corazón de la tierra”. Y es un niño el que escribe, o quizás, un adulto que no sabe escribir.

Pero no podemos dejar de percibir en sus versos aspectos nostálgicos donde el dolor y la soledad hayan su eco. De esta forma, Ribero escribe: “Duro es regresar cuando todos dejaron sus coronas al implacable olvido./Y los dioses de nuestras invocaciones no responden…”. No obstante, todo cuadro oscuro se ve realzado inmediatamente por una imagen llena de vida, que en el caso de este poeta se presenta en forma de esoterismo, magia, misterio y erotismo permanente.

El libro empieza con estos atrapantes versos: “Este es el lugar donde los soles rompen las hierbas en agosto /y del libro cubierto de secretas pinturas para mi corazón”. Creo que esos primeros versos inician mágicamente al lector a lo que vendrá luego, pero que misteriosamente no tendrá fin.

Publicado en EVT on line, mayo de 2005

Link: Más de Romilio Ribero en EVT 



Categorías:Celedonio Torres Avalos, EVT Nº 10, Libros, Opinión, Romilio Ribero

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