“La poesía es un modo de andar por el mundo”

Entrevista a Julio Salgado

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Dice que la poesía no tiene nada que ver con la literatura, sino que es “un modo de andar por el mundo”. Asegura que no necesita que lo premien para seguir escribiendo y que la poesía está hecha de silencio. Casi con cuarenta años en Buenos Aires, Julio Salgado (Santiago del Estero, 1944) da cuenta con su propia poesía de que la naturaleza de su provincia natal sigue alimentando su paisaje interior.

Por Celedonio Torres Avalos y Alejo González Prandi

El paisaje de la tierra madre nunca se pierde, siempre se lleva adentro. El aire y el recuerdo de las vivencias de Santiago del Estero continúan desplegándose y orbitando los versos de Julio Salgado. Las marcas de fuego están a la vista y su poesía denota la emoción por la Naturaleza que curtió su infancia. Para el poeta, Buenos Aires es un presente que hasta el momento no ha logrado modificar el espíritu de su cosmovisión poética.

– A una altura de la vida estamos tan acribillados de imágenes, tan apresurados por las cosas, que ya no tenemos el tiempo que nos daba la niñez de ser observadores casi inocentes. Sin duda, es el tiempo más rico de la experiencia poética. Pero el hecho de que haya experimentado una poesía ‘de puerto’ –en Buenos Aires-, con sus influencias en el manejo del lenguaje y en la toma de algunos conceptos, no significa que la esencia haya variado. El paisaje interior que tengo de Santiago no cambió de ninguna manera.

Hay quienes creen que la poesía es un canal de salvación. ¿Es así?
– Yo no sé si la poesía tiene la potencia salvadora, pero sí es un recurso aliviador. Los poetas deberíamos tener más esperanza y confianza en el lenguaje de la poesía. Un poeta no tiene derecho ni razón de escribir en nombre de la poesía sino posee confianza en que ella nos ayuda a confrontar el mundo. El lenguaje es la defensa del ser ante el poder siniestro, que avanza sobre los seres humanos y la poesía, que es una forma de respirar, caminar y abrazar. Es más que una expresión. Es un modo de andar por el mundo, de convivir con los demás.

En varias ocasiones resaltó el valor del silencio en el poema. ¿En qué radica esa importancia?
– Gracias a mis conversaciones con Edgar Bayley, comencé a preguntarme sobre los materiales con los que trata la poesía. Entonces, tomé conciencia de que la poesía no es sólo sentarse a escribir un poema. Aprendí que no está constituida sólo de palabras sino también de silencio. Tiene que ver con una consistencia muda que nos hace sentir la pulsión de ir al encuentro de lo que se percibe y que siempre termina en una estructura de ambigüedad. A partir de allí, es de donde se pueden gestar algunas palabras y desde donde nace la necesidad de escribir un nuevo poema, aunque el tema sea siempre el mismo.

¿Cree que la poesía es un trabajo?
– Para nada. La poesía no tiene nada que ver con la literatura. Está más unida a la vida. Desde joven me di cuenta que no se trataba del verso armonioso, sino de aquello que es más extraño a lo habitual, que tiene que ver con la experimentación. Realizar un acto experimental es confrontar los ideales, las esperanzas, los sueños que uno tiene en un pedazo de papel.

¿Qué elementos le aporta la poesía?
– La poesía es mágica en mí misma. Me hace ver claro, no como un dios, sino como un ser humano que pierde, gana y ve que las cosas se alejan. A mí me ayuda mucho hablar con otros poetas y ver qué puntos e intereses tenemos en común. Todo eso me nutre tanto como escribir un poema. Con eso ya estoy conforme. No necesito que me premien.

El Ave Acuática, más allá de sus poemas, es un objeto de arte por su calidad artística y el cuidado de su edición. ¿Cómo fue el armado de cada uno de esos ejemplares?
— Ese libro está formado por los tres últimos poemas de Trampa Natura, que los escribí en quince días. El armado de El Ave Acuática fue apasionante. Todo empezó cuando alguien me propuso que si yo ilustraba un libro de poemas me pagaba la edición. Hablé con Alberto Tasso para que pusiera su sello editorial (El Barco Edita) y el libro lo armó mi hijo en Buenos Aires. Siempre tuve la idea de que el libro es un objeto valioso. Recuerdo que con Roberto Sánchez, Edgar Bayley y Francisco Madariaga tuvimos una editorial que se llamaba Ediciones del Poeta. La idea fue hacer libros miniaturas. En un principio, íbamos a editar a Francisco Madariaga, Bayley, Olga Orozco, Juan L. Ortiz, Ricardo Molinari y Juan José Ceselli. La impresión de los libros estaba a cargo de Eduardo Colombo, pero en un incendio que sufrió en la imprenta se quemó todo el papel que habíamos acumulado. Incluso se echó a perder un poemario de Molinari, del que se salvaron uno o dos ejemplares.

Salgado hace hincapié en la significación que tiene la honestidad y la generosidad en la poesía. Realza el valor de la memoria, al tiempo que critica el descuido y la falta de interés que existe por tener presente a aquellos poetas que dejaron su huella en el mundo. “Hay un gran olvido hacia los poetas. No sólo hacia los que desaparecieron 20 años atrás, sino hacia los que se murieron hace uno. Ya nadie se acuerda, salvo de forma aislada, de Madariaga o de Bayley”, dice.

Las nuevas generaciones de poetas no parecen entusiasmar demasiado a Salgado: “Se hacen lecturas en las cuales no se aprende nada de lo que se escucha. La experiencia poética no es una pasarela. La poesía está en el dolor y la felicidad. Hoy hay una gran superficialidad”.

Su enojo se transforma en júbilo cuando se le pregunta por la amistad que lo unía a Francisco Squeo Acuña. La anécdota no tarda en llegar: “Él padecía un ‘estado grave de verticalidad’ cuando lo conocí en un encuentro de poetas en Córdoba. Durante el viaje rumbo a Villa Dolores, donde se hacía el evento, Squeo espantaba a medio mundo diciendo que él era el espíritu de la poesía. Conocerlo a él fue una de las experiencias más lindas y de más generosidad en la vida. Fue un poeta que dio todo por sus amigos, sacrificándose y siempre dando lo mejor de sí”.

Obras del autor
Poemas murales (Alto Sol, 1969); Escrito sobre los animales solitarios (Ediciones Numen y Forma, 1971); Agua de la piedra (Edición del Poeta, 1976); Caja de fuego (Cisandina, 1983); Paisaje y otros poemas (Último Reino, 1991); El ave acuática (El Barco Edita, 1999. Libro de Artista ilustrado por el autor en edición limitada); Trampa natura, (Ediciones Último Reino, 2000).
Publicado en EVT on line, noviembre de 2006

Link: Más sobre Julio Salgado en EVT



Categorías:Alejo González Prandi, Celedonio Torres Avalos, Entrevistas, EVT Nº 12, Julio Salgado

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