Poeta de yunque

Dossier sobre Juan Bañuelos

bañuelos

Su palabra tiene la profundidad de más de 500 años de historia. Nacido en Chiapas, México, en 1932, es una de las voces más representativas “del proceso cultural que se vive hoy en el habla hispana” y su obra es reconocida internacionalmente. Publicó numerosos libros de poesía y participó activamente en el desarrollo político y social de la causa zapatista. Además de una breve reseña sobre su vida y obra, el poeta y crítico Julio César Félix ofrece una visión acerca de la poética de Juan Bañuelos y la conversión de su ira en verso.

Por Alejo González Prandi

Sus imágenes tienen cara de recién sacadas de la tierra. Viven en estado constante de admiración, asombro y estupor”, dijo Juan Gelman sobre la voz de Juan Bañuelos en la introducción de El traje que vestí mañana (2000), un poemario que reúne casi la totalidad de su obra.

En 1969, Rosario Castellanos –amiga y maestra de Bañuelos- recordó la primera declaración de estilo por parte del vate chiapaneco: “una poesía de visiones, porque sé que lo real es lo que crea la imaginación; el mito es producto de la imaginación. Producirlo significa extraer de la suma de las cosas reales su significación fundamental  y encarnarla en una imagen”.

Esa definición no es letra muerta en papel de olvido, sino que puede constatarse en cada uno de sus títulos. Entre ellos, figuran Puertas del mundo y Escribo en las paredes, en los libros colectivos La espiga amotinada (1960) y Ocupación de la palabra (1965), respectivamente; Espejo humeante (1968, Premio Nacional de Poesía); No consta en actas (1971); Destino arbitrario (1982); Donde muere la lluvia (antología, 1992); Estelas de los confines (1994); Telar de la neblina (1997) y Nudo de tres vientos (1999) y la antología A paso de hierba.

En una larga entrevista, el poeta confesó que con Castellanos aprendió que “el lenguaje de la poesía no sólo informaba sino transformaba, y que esa transformación, al resolverse armónicamente, se convierte en arte. Pero la base de todo es la estructura: la manera como arquitecturamos un poema”.

En ese mismo diálogo –publicado en A paso de hierba– también observó que el ritmo que sale de sus versos “proviene de los golpes que daban mi padre y sus ayudantes sobre el yunque. Como los golpes rítmicos de los poetas griegos y latinos (eran grandes forjadores) así eran esa serie de golpes, esas constantes rítmicas de hierro forjado, que se me quedaban”.

Bañuelos hizo estudios en las facultades de Derecho, Ciencias Políticas y Filosofía y Letras en la UNAM. Si bien hoy es más conocido por sus versos, también lleva el oficio de maestro, coordinador de talleres literarios, editor y cuentista. Además, es miembro fundador del Ateneo de Chiapas y pertenece al grupo literario La Espiga Amotinada, junto a los poetas Oscar Oliva, Jaime Augusto Shelley, Jaime Labastida y Eraclio Zepeda.

El crítico Carlos Bautista Rojas afirmó que el autor de Donde muere la lluvia (1992) “es uno de los poetas  más destacados del proceso cultural que se vive hoy en el habla hispana”. Pero esa lengua también lleva a otras vertientes. El reconocimiento internacional produjo que su poesía fuera traducida al alemán, búlgaro, checo, francés, húngaro, inglés, italiano, noruego, ruso, polaco, rumano y sueco.

“El signo que corresponde a Bañuelos es el trueno: su poesía es poderosa… un círculo en expansión”, dijo Octavio Paz. A pesar de ese potente don de dar el nombre bello a las cosas, Bañuelos sintió por algún tiempo la sequía de la palabra que delata la mano. Pero un hecho llegó para despertarlo: fue el levantamiento armado en Chiapas. Como él dijo, con ese suceso logró “recuperar la voz” y entablar un activo diálogo con sus hermanos indígenas, a los que llamó ser “sujetos” de su propia historia y no “objetos” de los gobiernos de turno.

No fue la primera vez que su poesía se mezcló en los acontecimientos sociales. El Movimiento Estudiantil de 1968 también tomó como eco de expresión a sus poemas, que utilizaron “los jóvenes militantes como parte de sus consignas y los pintaban en los muros”, recordó Bautista Rojas. Como si hiciera falta, el crítico aclaró que “sería equivocado leer su poesía como una obra de contenido exclusivamente político”. A su vez, destacó que la voz de Bañuelos “confirma que el lenguaje pertenece a otro, a la comunidad en su conjunto, y que cualquier texto es el resultado de este sinfín de diálogos colectivos.”

Para Bañuelos la misión de los poetas consiste en “seguir bailando a la orilla del cráter, porque la vida es una danza; hay que repetir el drama de la humanidad. Hay que realizar el viaje oscuro, doloroso y sagrado hacia los mitos, que son la belleza y la existencia misma”.

Publicado en EVT on line, en enero de 2006

Link: Más sobre Juan Bañuelos en EVT

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