La dedicatoria de Zelarayán

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Por Alejo González Prandi

A Jacobo Regen, salteño de pocas palabras, poeta si los hay”, reza la dedicatoria de Ricardo Zelarayán en su libro Roña Criolla (1991), incluido en Ahora o nunca, poesía reunida, editado por Argonauta en mayo de este año.

Es sorprendente como el nombre de Zelarayán pasó a poblar páginas literarias, blogs y artículos que recomiendan su lectura. Escritores y críticos desde hace un tiempo están difundiendo la obra de este vate, del que no se sabe el año en que nació –sólo que fue en Paraná, y en la década del veinte-, y que gran parte de su vida la pasó mudándose de pensiones en Buenos Aires, perdiendo y recuperando poemas.

En Internet se puede leer algo de lo suyo, incluso La gran salina, texto fundamental en la poética de Zelarayán (La obsesión del espacio, 1972). Cada vez que lo leo –hace sólo cuatro años- llego siempre a la conclusión de que es necesario hacerlo una vez más. Ese poema es una verdadera experiencia de relectura, y ahora mantiene las puertas abiertas en el reciente Ahora o nunca para descubrir poemas como Salvar la ropa, Cosas peores, A contrapelo, La piedad por “esas imbéciles moscas”, Muletas como no hay dos, Ya estoy solo, Tal vez no importe tanto y Tan busca de magros haceres.

***

Es curioso lo que sucede con muchos de nuestros buenos poetas: siempre estamos esperando que algún escritor o periodista de un medio importante escriba y difunda, al menos, los nombres de la gran poesía que se hizo y hace en la Argentina y Latinoamérica. La lectura de los títulos agotados –hoy la web ayuda un poco- la mayoría de las veces se combate a través de fotocopias, la suerte en librerías de viejo o gracias al esfuerzo de pequeñas editoriales que miran más allá de los claustros porteños. Es claro que los autores y editores de poesía se las tienen que arreglar con su propio ingenio y bolsillo.

Vuelvo al principio. Leo que Ricardo Zelarayán, ese “entrerriano, medio tucumano y salteño, en Buenos Aires. Una especie de ‘entrerriano, etc., etc., hasta la muerte’”, le dedica un libro “A Jacobo Regen, salteño de pocas palabras, poeta si los hay”. Esto ocurre en 1991, un año antes de que Regen publicara Poemas reunidos, que abraza Canción del ángel (1964), Umbroso mundo (1971), El Vendedor de Tierra (1981) y otros poemas.

De Regen cada tanto llega alguna noticia. No directamente sobre él. Pero una forma de seguir hablando de él es encontrarse con sus lectores. En un reciente viaje que hice fuera del país, le contaba a una periodista argentina sobre este espacio de poesía y la historia de la revista. Expliqué lo de siempre: “El Vendedor de Tierra es por un poema y libro de Jacobo Regen”. La periodista, sorprendida, exclamó: “¡Jacobo Regen! Sí, lo conozco…”. Hace años lo había leído en una antología de poetas salteños, entre los que también estaba Walter Adet.

Es fantástico como la poesía traza puentes. Espero que los nuevos lectores de Zelarayán atiendan las dedicatorias del propio Zelarayán y anoten el nombre de Jacobo Regen. Sus libros casi no se consiguen, salvo una antología del Fondo Nacional del Artes. Por lo pronto, desde aquí seguiremos diciendo: “El manco lleva el aire en su mano/ como una piedra en el bolsillo”.

Foto: Leopoldo “Teuco” Catilla (hoy presenta dos libros en el CCC -ver agenda-) y Jacobo Regen.

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