Barrilete cósmico

Por Alejo González Prandi

Podemos decir que el primer encuentro de fútbol que se jugó en las páginas de la poesía argentina fue escrito por Bernardo Canal Feijoo. Mucho antes de que escritores y poetas hicieran rodar la pelota en tinta y de que los críticos analizaran la relación de la pasión futbolera con la literatura, este poeta santiagueño, nacido a fines del siglo XIX, sorprendió en 1924 con Penúltimo poema del fútbol.

Al arco:-

En la inminencia irreparable
Del instante,
Al gritar “GOL!”,

La muchedumbre se tragó el gol
Como el bolo alimenticio
De la emoción.
Y así pudo evitarse
El gol inevitable.

En la última edición que hizo el suri porfiado (2008) de ese título, Carlos Juárez Aldazábal recuerda que en “los años 20, una década antes de la profesionalización del fútbol del deporte, las ligas provinciales ocupaban un lugar de relevancia que nunca más consiguieron recuperar: no es gratuito que tres años después de la publicación de este libro, la liga santiagueña se consagrara campeón nacional, al vencer a la liga paranaense”. Ojalá que ahora Penúltimo poema… ayude a traer la Copa de Sudáfrica.

Penal!

                                             La arboleda más alta había asomado al estadio…

Quedó tan suspendido todo al producirse el PENAL!,
Que se hizo despreciable la instantánea,
Como una pose.-
Consecuente consigo misma,
La pelota escapó,
Y atravesó el arquero,
Como un dolor de vientre.-

Si coincidimos con Ricardo Zelarayán en que “no hay poetas, sino hablados por la poesía”, uno de los tantos ejemplos es el relato que hizo Víctor Hugo Morales de aquella obra maestra de Diego Armando Maradona desparramando ingleses en toda la cancha.

GOL!

   Esquinera,
Enfiló la pelota hacia el arco,
Con una eficacia recta de do de pecho
            Pierrot un poco afónico,
Solitario y sin mangas,
El arquero desplegó su brazo
Tal como una romanza implorante…
              Pero no pudo aprisionar la nota,
              Unánime y gloriosa, que escapaba
Y hubiera esclorosado el vértigo de la tarde!
             Su ademán fue herido
             Como un grito de angustia!
             En el extremo,
             EL GOL! EL GOL!
             -como una gran pedrada-,
             Había alcanzado la vajillería insubsanable
             De los aplausos,
             En la multitud!…

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