Todo sería distinto sin Madariaga

En Patagonia (2) - Anahí Lazzaroni (c)

Alejo González Prandi


Este post es la segunda y última parte de la entrevista realizada en Ushuaia a la poeta Anahí Lazzaroni. Después de hablar sobre su último libro, A la luz del desierto, y de la ciudad donde vive, la autora se refiere a su poemario El poema se va sin saludarnos; de los inicios y el placer en la escritura y de quienes la marcaron.

 
El poema se van sin saludarnos, ese título –que es uno de los versos del libro- lo encontró (Francisco) Madariaga. Un día vino a Ushuaia y le dije que no encontraba el título. Él lo leyó y me dijo: “¿Pero cómo que no lo encuentra si acá lo tiene?”. Te imaginarás que no voy a desaprovechar un título de Madariaga con lo que me gusta su poesía, tan luminosa, llena de bandoleros.

 
“Me da mucho placer escribir poesía. Lo que lamento es escribir tan poco. No soy prolífica. Hay años buenos en que puedo escribir siete, ocho o diez poemas; otros años he escrito tres. No sé cuando es el último poema, no sé si voy a volver a escribir. Es feo. Me gustaría escribir con más orden. Hay quienes escriben todos los días y tienen sus cuadernos. Me encantaría poder hacer eso.

 
“La poesía me ha ayudado a vincularme. La mayoría de los amigos que tengo no son directamente de la poesía, pero sí del psicoanálisis, de la antropología, de la historia del arte, de la filosofía, del periodismo. Es gente que en algún punto está vinculada con la escritura, la creación, el arte o lo intelectual.

 
“Yo empecé a escribir antes de comenzar a escribir. Cuando tenía seis años. Escribía cuentos de animales. Se los dictaba a mi mamá o a las maestras. A los 11 años escribí poemas que no me gustaron. Entonces, dejé. Y después comencé a los 15 o 16 años, ya muy interesada por el rock. (Luis Alberto) Spinetta me sigue gustando como cuando tenía 14 años.

 
“Cuando terminé el colegio leía ocho horas por día, leía mucho. Ahora es distinto. La vida tiene ciertas complicaciones.

 
“A mi no me gustaba la poesía. Pero cuando comencé a escribir, lo mostraba y a la gente le interesaba. Veían algo. Y empecé a leer poesía a los 16 años. Me costó que me gustara. Leía para aprender y formarme.

 
“Ahora estoy preparando un libro sobre Ushuaia, que con un poco de suerte en dos años lo podría terminar. Sigo escribiendo haiku. También me gustaría sacar un libro de fotos, pero me llevaría mucho tiempo.

 
“A la Pizarnik tarde o temprano vuelvo. La leí durante muchísimos años, y después dejé de leerla. Me gusta mucho Edgar Bayley. Me marcaron los poetas italianos. La poesía japonesa. De joven leí mucho poesía francesa. Pero cuando la gente lee mis poemas, ve más cosas de los italianos. De los actuales me gusta Valerio Magreli. Mi poesía sería distinta si yo no hubiese empezado a leer en el ’88 a Madariaga. De adolescente me marcó Cartas a un joven poeta, de Rilke, por eso me cuesta sentarme a escribir si realmente no tengo nada que decir. En ese libro Rilke dice que hay que escribir únicamente si no podés más, dicho de una forma más elegante”.

 

Entrevista publicada en el blog La Víspera, 2007.



Categorías:Alejo González Prandi, Entrevistas

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