El sonido (o el silencio) de los poetas

Valeria Tentoni acaba de fundar la Audioteca de poesía contemporánea de Argentina y Chile, en donde se privilegia “el compuesto auditivo del poema en la voz de sus autores, la música que resulte de su lectura”. María Teresa AndruettoJorge Aulicino son algunos de los que ya participaron del proyecto. Y se vienen más. ¡A escuchar!

¿En qué consiste el proyecto de la Audioteca?

La Audioteca de poesía contemporánea de Argentina y Chile es un proyecto que pretende funcionar como reserva de las voces de los poetas que actualmente están produciendo obra en ambos países. Con “contemporáneo” me refiero a eso: gente que esté trabajando hoy en la escritura. No hay un límite o una búsqueda etaria. Más bien, creo que resulta muy fertilizador para los audios que se intercalen autores de diferentes edades, con tonos, colores y climas diversos. Hay algo en ese contraste que parece darle más volumen o relieve a los poemas. Por ahora es un proyecto germinal, hay todavía muchos autores que quisiera aparezcan en la Audioteca, de ambos lados de la cordillera. Es una idea en crecimiento. La respuesta general de los poetas que colaboraron al momento y los que prometieron hacerlo y están grabando sus textos, es muy buena. Por otra parte, las estadísticas de visitas me sorprenden por la cantidad y por la procedencia, así que supongo que es un buen comienzo.

¿Por qué Argentina y Chile?

Argentina y Chile, porque yo misma consumo la poesía de Argentina y Chile como si fuese una sola. Supongo que tiene que ver con un recorrido personal, con los amigos que me hice allá. En 2007, o 2006, no me acuerdo, Lucas Oliveira armó una lectura argentino-chilena en la que participaban poetas de allá y narradoras de acá. Jorge Polanco Salinas y Guido Arroyo eran dos de los “poetas de allá”, y yo era una de esas “narradoras de acá”. Empezamos ahí un vínculo de amistad, que después nos llevó a tres de las hacedoras de la revista La Quetrófila a Santiago, Valparaíso y San Felipe a presentar la publicación, y conocer más y más escritores chilenos. Me traje muchos libros de allá, y tantos otros me llegan por correo, encomienda o e-mail en pdf, o por medio del tráfico hormiga que suponen las visitas chilenas a Buenos Aires. La primera impresión que tuve de la poesía chilena joven fue de gran sorpresa; en primer término porque hay un gran caudal de poetas jóvenes escribiendo hoy allá, y lo hacen con una destreza que a mí, por lo menos, no puede menos que maravillarme. Mi primer libro salió publicado en Rancagua, Chile, por Manual Ediciones, por ejemplo. Marian Lutzky, una gran amiga mía, argentina, se fue a vivir a Valparaíso. Quizás hago esto para estar más cerca de ella. Podría ponerme a intentar analizar ahora las diferencias y similitudes entre la escritura de uno y otro país, y de la lengua compartida y adaptada a los propios usos y abusos, y del regionalismo y las influencias y de tantas otras cosas, pero la realidad es que es una audioteca de Argentina y Chile porque yo, que vengo a resultar su editora, quise.

¿Qué aporta el sonido y la música de la lectura de un poeta para el conocimiento su obra?

Hay algo del orden de la intimidad que se nos presenta, como si el otro estuviera hablándonos su poema en una habitación silenciosa y quieta. El texto resulta tangible, algo como una temperatura o una densidad en las palabras se modifica, parecido a un cambio de estado. El sonido viene a ser como los 100ºC a los que se hierve el agua: la fuerza que está después del silencio e inicia la ebullición. Y entonces el texto burbujea y se sale de su cauce plano, de su arquitectura lisa y yerta. Viene a nosotros con la potencia del cuerpo -que es la voz- cargando con el poema. Es el cuerpo del mismo poeta el que nos acerca su poema. Hay una segunda inversión de fuerzas, entonces, por parte del poeta. ¿Sabemos más de él o ella ahora, que antes? No tengo idea. A mí siempre me interesó la sonoridad en la escritura. Escuchar las pausas, las respiraciones, las cadencias, me fascina. ¿Cuánto dura un punto y aparte? ¿Cuánto dura una coma? ¿Qué distancia hay entre una palabra y otra? ¿Cómo aparece esta palabra en esa voz? Yo leí la obra completa de Alejandra Pizarnik sin haberle escuchado la voz nunca. Alguien me hizo llegar, hace un tiempo, un audio en el que ella recita un poema de Arturo Carrera. Hay un cambio fundamental en mí como lectora de Pizarnik desde que escuché ese audio. Hay una Pizarnik -la que era muda en mis libros- que ya no es, que ya no está. La que tiene voz la suplantó, no puedo volver a leerla sin saber que su voz era esa. En ese sentido, puede que escuchar a un poeta leyendo su obra interfiera o corrompa la lectura. Pero cada visitante de la audioteca lo hará, doy aviso, bajo su propio riesgo. También puede resultar que la recitación vigorice el texto, lo embellezca y lo nutra. Lo cierto es que algo se modifica. Algo indeleble, se aparece, entre el lector y el autor, cuando le conoce la voz.

¿El audio de un poema funciona como una complementación de la lectura en plano o pertenecen a universos distintos?

No hay nada que pueda complementar o completar un poema. Un poema es en el mundo, por sí solo, algo entero. Entiendo que si algo le hace falta a un poema, si necesita aportes de cualquier tipo, ese poema no está terminado. El poema se termina de escribir cuando ya no hay nada que agregarle ni nada que sacarle. No se trata, tampoco, de multiplicar los universos. Es simplemente otra manera de acercarse a un poema, un camino más de los posibles.

¿Cuál es el criterio de selección de los autores convocados?

Bueno, el criterio de selección es el mío. Así que la audioteca depende de mi buen o mal gusto, digamos. Hay poemas muy distintos, y eso me alegra. Que haya diversidad me pone feliz. Que lleguen cosas que no se parezcan me pone feliz. Pero me reservo el derecho de publicar lo que me guste. Si bien hay algunos que me gustan más que otros, ninguno me desagrada.

¿Cómo es el proceso de grabación, teniendo en cuenta la distancia geográfica con los poetas?

La idea es que cada poeta se grabe a sí mismo, con lo que tenga a mano. Si yo tuviese que ir a grabar a cada uno, sería imposible, por tanto dependo de la buena voluntad de los escritores y de su generosidad. La realidad es que cualquier computadora, hoy en día, tiene un programita de grabación de simple uso con el que se puede lograr un audio decente. Y yo manejo, a duras penas pero manejo, un programa de edición que puede mejorar algunos desperfectos. La idea es aprovechar los recursos: trabajo con una plataforma de Blogspot y con un almacenamiento en Soundcloud, ambos de uso gratuito.

¿El texto es elegido por el autor? ¿Hacés sugerencias sobre determinada lectura?

El texto lo elige el autor, no quiero interferir en eso. Los audios salen sin imagen del autor y sin el texto transcripto, porque creo que se aprovecha mejor la potencia del sonido, así. Sólo aparece adjunta una breve biografía del escritor.

¿Qué planes hay a futuro para enriquecer o extender los recursos de la Audioteca?

Estoy recibiendo más y más trabajos, hay muchos poemas en camino. A futuro, el futuro. Sí me gustaría agregar más países. Me encantaría seguir por Uruguay.

¿A la hora de pensar en este trabajo, tuviste en cuenta otras experiencias similares que hoy estén desarrollándose? ¿Cuáles?

Claro, hay dos proyectos puntuales que me fascinan y que tuve en cuenta como referentes. El primero es el de Alejandro Méndez, Las afinidades electivas. Ese proyecto, por ejemplo, se replicó en muchos países, y funciona como un archivo relacional de poetas, en el que cada escritor menciona a otros que a su vez se incorporan y mencionan a otros, y así. Por otra parte, el proyecto Muchos días felices, de Fabián Muggeri, en el que cada participante comparte un día feliz de su vida con texto, video, fotografía, dibujo, etc. En ambos proyectos participé con mucho gusto. En los dos hay un giro, una vuelta de tuerca a la posibilidad de alojamiento masivo de obra. Hay muchos blogs y páginas en los que se albergan trabajos de varios autores. Pero estos dos supieron hacerlo con un agregado de originalidad. También está el proyecto chileno Pixel poema, que me resulta interesante. La habitación colectiva de un espacio en internet es una acción concreta de intercambio y de aprendizaje.



Categorías:Alejo González Prandi, Entrevistas, Poetas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: