A mano con los libros

En Valparaíso, el poeta chileno Rodrigo Arroyo confecciona libros de forma artesanal bajo el sello Ediciones Inubicalistas. Autor de Chilean Poetry (2008) y Vuelo (2009), en esta entrevista cuenta cómo lleva adelante ese proyecto, opina sobre la “independencia” de la editoriales de poesía y sus planes con editores de Argentina.

¿Cómo surgió la idea de crear Ediciones Inubicalistas?

El nombre en sí viene de una revista que Felipe Moncada Mijic dirige, llamada La Piedra de la Locura, y en el cual se describe el Inubicalismo como una postura crítica e irónica frente a la literatura, o las escenas literarias que se van formando en el tiempo. La idea surge por tener un espacio que de cabida a textos o poéticas que, no todas en la práctica lo son, estén fuera de las líneas que dichas escenas suelen generar en su actualidad.

¿Quiénes te acompañan en el proyecto?

Trabajo con un gran amigo, poeta y físico, Felipe Moncada, quién lleva cinco libros publicados (Irreal, Carta de Navegación, Río Babel, Músico de la Corte, Salones) y ocho números de La Piedra de la Locura.

¿Dónde y cómo editan los libros?

Vivimos y trabajamos en Valparaíso, en la casa. Hacemos los libros en forma artesanal; diagramamos con Pagemaker, que sí, está discontinuado, e imprimimos en casa. Usamos impresora de tinta líquida –inyección- y de polvo –láser-. Luego doblamos los cuadernillos impresos y cosemos los libros manualmente. Las portadas las hacemos con cartulinas de de colores y texturas diversas, imprimiendo sólo el título, con serigrafía, o bien en las mismas impresoras. El único trabajo externo es el guillotinado, que lo hacemos en imprenta.

¿Qué títulos publicaron hasta ahora y cuáles están en la lista de espera para este año?

Prefiero nombrar los libros publicados, y omitir los no publicados. Pues nunca es algo completamente seguro. En poesía, Vuelo, de mi autoría; La derrota del paisaje, de Antonio Rioseco; Memorias del Bardo Ciego, de Bernardo González Köppman; Urdimbre; de Julieta Marchant; Fiesta del Alfarero, de Alejandro Lavín. En plaquettes de poesía, Nimbo, de Valentina Osses; Ferrocarril Belgrano, de Jorge Polanco Salinas; Los hijos suicidas de la Mistral. Antología Poética de Jóvenes del Valle de Elqui, de Leonidas Lamm; Sátiras, de Víctor Hugo Saldivar. En cómic, Remi el Paletero, de Sebastián Moncada.

¿Qué tienen en cuenta al momento de elegir un libro para editar?

Que sea un libro que nos interese poéticamente y mantenga, aunque no resulte exclueyente, cierta distancia, con lo novedoso cuando ello es vacuo; cuando sólo alude a la actualidad de los referentes que se posean. Principalmente que su desarrollo sea a partir del lenguaje.

¿Cuál es tu opinión con respecto a la situación de las editoriales de poesía independientes, como es el caso de Inubicalistas?

Es bien irregular el concepto de independencia, porque nunca se especifica respecto a qué es lo que se es independiente. ¿Independiente de dineros estatales, del mercado, de las instituciones? En nuestro caso el financiamiento lo aporta el autor, y cuando ello no es posible lo asumimos en forma compartida; no hemos participado de fondos de gobierno ni de instituciones. Asimismo somos independientes del mercado, pues no distribuimos en librerías. Y somos también independientes de referencias críticas, pues no las buscamos sino las que surgen espontáneamente, o bien el autor solicita por su cuenta. Por lo mismo nosotros dedicamos textos críticos, o presentaciones a los libros que hemos editado, pues creemos forma parte del proceso mismo de edición y factura.

Creo que una forma de ver, la nuestra al menos, la independencia es poder trabajar un texto que ha desarrollado un trabajo serio con el lenguaje y está ahí, fuera de lo que ocurre, y con mínimos materiales lograr un objeto-libro de la más elaborada manualidad.

Hace poco tiempo estuviste en Buenos Aires leyendo tu poesía, ¿mantenés contacto con editoriales y poetas de Argentina?

Hasta antes de ir, casi nada. Digo, conocí a Martín Gambarotta en el año 2009, en Valdivia, y conocía a Funes Oliveria, y las exQuetrófilas –Marian Lutzky, Xim Venturini, Valeria Tentoni y Laura Latanzi-. Pero ahora pude conocer más gente, además, con La Funesiana –la editorial de Funes- estamos trabajando juntos para que nuestros libros puedan distribuirse, y elaborarse allá, por encargo. Digamos, luego de difundirlos.

¿El trabajo de editor influyó en tu escritura?

No, y en cierto modo sí; pero como ocurriría de igual modo al mantenerme leyendo. Lo que sí se afina el la atención a diversas formas de escritura, a ponerle atención a detalles a los que no le daba mayor atención en relación al hecho mismo de escribir. Pero no así en la poética. Es más bien una influencia de oficio, que sí bien es importante, para mí no tiene una relevancia mayor; digamos, lo veo –al oficio- siempre subyugado a lo que el pensamiento o la crítica, atravesados por la experiencia, puedan plasmar en el lenguaje.

(Leer poemas de Rodrigo Arroyo)



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