Pacto con la poesía

María Julia Magistratti. Foto: Sebastian Miquel

.

Una poeta. Una casa. Sentada en un sillón del living mira hacia la ventana que da a una calle de San Telmo. El lugar es cálido, lleno de cuadros, fotos, colores, imágenes que cruzan miradas y afirman historias. Julia Magistratti ofrece té y enciende un cigarrillo. Empieza, entonces, una larga conversación sobre la poesía, los “viejos” maestros que nunca se cansó de escuchar ni de leer, la soledad de los ’90 y los posteriores encuentros con quienes hoy cultiva amistad y proyectos.

 

– Al principio parecía que éramos pocos. Escuchábamos a poetas increíbles como Joaquín Giannuzzi, el Teuco Castilla, Manuel Castilla, Olga Orozco, Juan José Hernández, Quico Salgado, Francisco Madariaga y Leonardo Martínez. Eran jóvenes de alma y la poesía la llevaban como una bandera. Me acuerdo que ellos me preguntaban: ¿dónde están los poetas jóvenes? Esa era la pregunta de todos. En mi caso, tuve la suerte, por distintas causas, de ir a algunas provincias, donde me encontraba con toda una juventud que también eran como satélites, y escribían. Fue muy interesante.

En los ‘90 te daba vergüenza decir que eras poeta, como algo desfasado de toda realidad. Nuestros 20 años fueron difíciles. Y más en ese momento que coincidió con la salida de un grupo de poetas jóvenes, cobijados por algunos que los dieron a conocer para hegemonizar el campo, y decir: “Esto es la poesía joven, y este estilo de poesía es la poesía”. Estaban encontrando un aval para su propia estética con los propios pibes. Otros, más solos, que no estábamos dentro de estos talleres literarios, nos quedamos mirando de lejos como el espacio de la poesía se fue llenando de un “deber ser”, que era prácticamente una poesía vacía en todo sentido.

Siempre consideré que la poesía es una manera de subversión, de transformación y de mirada mucho más fina, más lúcida y más revolucionaria sobre el mundo. La poesía “joven” realizada en ese momento no tenía ninguna de esas características. Estaba llena de lata, que tenía que ver con la implementación del neoliberalismo en la Argentina, la necesidad de un consumo sobre figuras para poder implantar una estética determinada, de vaciamiento de contenidos, que era la propuesta cultural de los ’90. Me llenaba de bronca y de indignación. Presencié muchos lecturas y pensaba, a mi entender, que esa no era la poesía.

 .

– ¿Cómo fuiste saliendo de eso?

– Empecé a hablar con gente que le pasaba lo mismo, Soledad Castresana, Claudia Masin, Griselda García, Carlos J. Aldazábal, Ana Laferranderie, Florencia Walfisch, Marisa Negri, Alejandra Correa, Paula Jimenez, Marcelo Carnero, Marina Serrano, Enrique Solinas, Alejo González Prandi… No me quiero olvidar de nadie. Nos fuimos conociendo en cafés y otros encuentros.

De alguna manera, hoy salió a luz esa gente que, mientras ocurría la fiesta menemista, hacía de la poesía un lugar de resistencia. No compraron ninguno de los boletos del viaje que proponía la estética de los ’90 y tampoco compraron esas figuras como el canon de la “poesía joven”, ni mucho menos. Lo genial es que ese canon se rompió, y florecieron las mil flores. Apareció la voz de una generación que seguía trabajando en la oscuridad, laburando a pesar de todo. El panorama ahora es mucho más tranquilizador en ese sentido. Hoy esta generación tiene una voz propia, muy fuerte, muy contundente, con una producción de muy buena calidad, en general. Me acuerdo que escuchaba a los viejos, “mis viejos”, que tuve la suerte de conocer: “Quedate tranquila, Julita, porque estos tipos no resisten más de dos publicaciones. Se van a dar cuenta que la poesía no es negocio y van a tener que dedicarse a otra cosa”.

 .

– Junto a esos poetas que escuchabas, ¿cuáles fueron tus lecturas y cómo fuiste encontrando tu poética?

Fue una oportunidad que la vida me dio haber escuchado a esos poetas, leerlos, verlos en la mesa de un café hablando de un poema que les había salido fallido, contándose broncas por haber sacado un adjetivo en un verso, dándose los libros para que otro les eche una mirada o peleándose a muerte por un verso. Era un romance. Estaba la cosa más inocente, también la más brava, dejaban la vida en cada verso. Eso viví. Cuando me voy a enfrentar a la hoja, a la necesidad de escribir, eso corre como un mar de fondo, aparte de las lecturas. Además, hay una urgencia anterior a todo eso, la urgencia por escribir.

 .

– ¿Por qué hay una urgencia por escribir?

– Porque hay momentos en las horas de cada uno que no podés hacer otra cosa más que eso. Es la única posibilidad de existencia que te es dada. Sos incapaz de otra acción humana más que ponerte a escribir. Y siempre es urgente. Siempre fatal. Es una cuestión de vida o muerte, la única posibilidad que se cumpla tu tiempo sobre el mundo en ese momento. Es lo único que tenés que hacer.

 .

– En el caso de tu primer libro, Alasitas, ¿hay una voluntad de habitar ese vacío que nombrabas recién sobre los ’90?

– Sí, porque en ese libro acompaña un proceso mío de viajes y de poder entender el mundo, la vida, la misión del hombre. También era un modo de nombrar lo que deliberadamente estaba dentro de los planes de exterminio cultural. Todavía no estamos a salvo, lamentablemente. Es un plan que no coincide con lo que yo siento que tiene que ser la vida de los seres humanos sobre la tierra.

 .

Alasitas está dividido en dos partes. En la primera, hay un viaje más íntimo. También en Bolivia, pero ya desde una mirada puesta en el otro.

– Tal vez tenga que ver con la biografía particular de cada uno. En mi caso, la muerte fue una constante. Así como me tocó en suerte haber estado con muchos poetas, me tocó en mala suerte haber perdido a gran parte de mi familia a lo largo del tiempo. Era justamente eso: no dejar morir, pero también poder conjurar la muerte. Es eso que decía Rilke: si tienes una maldición, escríbela. La poesía tiene la capacidad de nombrar aquello para que sobreviva.

 .

– Ya nombraste las tres constantes que observo en tu poesía: los viajes, la muerte y la familia.

– En Ea, por ejemplo, mucho de lo que está escrito fue un diálogo con mi abuela luego de su muerte. Nosotros convivimos con muchos planos que están dentro de nuestras horas. A mí me gusta jugar con la posibilidad de elegir en qué plano quiero estar. Lo interesante es cuando se entra por una de esas puertitas, las personas queridas, los vivos, los muertos, se trasladan y se despliegan en esa otra dimensión. La poesía es una gran hermana y cómplice para poder jugar. Es una gran cómplice.

.

– “Todas las noches volvemos a la ley del niño”, escribiste. ¿Cómo cambió tu poesía desde que sos madre?

– Hay cinco elementos en el mundo, y la maternidad, a mi entender, en su principio es tierra profunda. La cría deposita en uno la confianza sobre su vida para arrancar la vida, para salir adelante. La maternidad lo que tiene de fabuloso para la gente que escribe es que vuelve a deletrear aquello que uno intenta deletrear consigo mismo todo el tiempo. Ahora hay alguien que te hace de nuevo conocer “la ley del niño”. La maternidad le da tierra al futuro, aunque nunca tengas la certeza de que vas a estar. La vida te da el pasado y el presente, los hijos te agregan la noción de futuro, y la poesía da todo. Es el pulmón para respirar. Está ahí todo el tiempo. Es un latido profundo. Lo que pasa es que hay que aguantarla, porque te exige la existencia, la fidelidad. La poesía es como la revolución. La amás, y querés que cambie el mundo. Pero tenés que dejar la vida. Te pasa cuando lees un buen poema. El poeta no pactó con nada. Con lo único que pacta es con la poesía.

 .

– ¿Es una elección entregarle la vida a la poesía?

– Creo que esa es la pregunta de todos. Pero me parece que hay que entregarle la vida. No hay mucha posibilidad de negociar nada.

 .

* MJM (Azul, provincia de Buenos Aires, 1976) es autora de dos libros de poemas: Alasitas (Primer Premio Internacional de Poesía Letras de Oro 2004 de la Fundación Honorarte) y Ea (El Mono Armado, 2007). Tiene cuatro libros en preparación.

.

Poemas de MJM



Categorías:Alejo González Prandi, Entrevistas, Poetas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: