Una lectura de Enrique Butti

Enrique Butti. Foto: Catalina Boccardo

El ciclo de poesía Interiores, coordinado por Inés Manzano, tuvo como invitado del mes al santafecino Enrique Butti*. Si bien la timidez del poeta logró a su favor un encuentro breve, el público que se reunió ayer en la Biblioteca Popular José Ingenieros, en el barrio porteño de Villa Crespo, se quedó con ganas de escuchar más.

“Poeta secreto, narrador confeso”, definió Manzano a Butti. Sobre la relación de la prosa con la poesía, él comentó: “Hay un fragmento, una sentencia, una frase, con la que (Gilbert K.) Chesterton empieza su ensayo sobre Robison Crusoe, que dice algo así como: ‘Quién de ustedes al viajar en un ómnibus urbano, no tuvo alguna vez el impulso, la idea, de ir hacia el conductor, echarlo de su lugar, tomar el volante, enfilar para el desierto, para el campo, cuando se llega donde no hay nadie, detener el vehículo, volverse y decirle a los pasajeros: bueno, ahora estamos aquí, conozcámonos’. Yo no encuentro otro fragmento que explique mejor lo que para mí significa escribir. Ahora, la diferencia entre narrativa y poesía creo que es que (Gustave) Flaubert puede decir ‘Madame Bovary c’est moi -soy yo’-. En poesía ni siquiera existe otra persona que se llame Bovary. Todos soy yo. O por lo menos, al menos así yo veo a la poesía, como un streep tees absoluto”.

Luego de leer algunos textos propios, Butti recordó poemas de Leopardi, Manuel Bandeira y Fernando Pessoa, traducidos por él mismo.

Caperucita Roja despide los despojos del Lobo Feroz

“Rerum annihilatio”

Hobbes

Nunca nunca me resignaré
Madre Lobo
al Paraíso Perdido de tu vientre
abuelita y yo
en tu seno generoso

Madre Lobo
te entregaste a
flores y mieles
para alimentarnos

la cofia y el camisón de abuelita
ya no los usabas por astucia
sino por felicidad
de encinto

tejías, te preparabas tisanas,
te hamacabas mirando el atardecer
te arrebujabas
junto al fuego.

Oh, tirano, quédate un poco quieto
te ordenábamos
abuelita y yo
entre risitas.
Abrazadas
hablábamos como siamesas.

Madre Lobo
que empollabas
la representación de nuestro mundo
fantasma de la oscuridad,
nuestra filosofía de la caverna.

Tirano, no creas a tus ojos
sino al doble seso
de tu estómago.

Dábamos pataditas,
te oíamos gruñir
dulcemente.

El lobo es la mujer
de las mujeres,
te complacía escucharnos
sentenciar.

Tirano,
lo despertábamos en medio de la noche.
¡Tirano!,
le tirábamos palabras
y él se adormecía al arrullo
de nuestro ronroneo.

Después, ya se sabe,
vino el estúpido leñador
mató a mamá lobo
y nos dejó otra vez
a la intemperie.

La primera palada
de tierra
que echaron sobre la fosa
entró en tu pecho
despanzurrado
Lobo Pachamama.

Abuelita ya no quiso vivir.

Yo voy por el mundo
sola como un perro
alejándome por los campos
para aullar a la luna
¿Lobo está?

escarbando en tu tumba
que está en todas partes.

* Enrique Butti (1949) es periodista y autor de varios libros, entre ellos, El novio (novela, 2008) Cada casa, un mundo (novela de aventura); La daga latente. 9 cuentos casi policiales (2006) y Caperucita Roja y otros (poesía, 2009).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s