Poemas de Paulina Vinderman

 

Agradecemos a Paulina Vinderman por su antología El vino del atardecer (2008)

 

Campo quemado

 

Nada de todo esto se parece al miedo,

el miedo es un agujero donde uno se resguarda

antes de la acción.

Este vacío se parece al hambre, a una tierra

quemada.

Veo, desde la ruta, un último hurón apresurarse

a escapar, ningún pájaro queda.

Soy una mujer al borde de un camino, todos

mis gestos son los de partir.

 

Una vez bailé un vals en un hotel de lujo,

el mundo era rojo entonces, me sabía heroína,

ahora escribo sobre la heroicidad después de

lavarme la cara: alguna historia con buenos fracasados

en las márgenes del papel.

 

Con suavidad, empiezo a ajustar las señas bajo

el humo.

Hay un saludo a nadie, o a un pájaro irreal

posado otra vez de lo que queda de una rama.

Inconsistente y neutra,

alzo los párpados desde una luminosidad que

recuerdo,

como una actriz, antes de la representación,

en un teatro de provincia.

 

(de Escalera de incendio)

 

IV

 

Este verano se parece a un pueblo todavía humeante

después de un bombardeo.

Del otro lado del río, en la bruma, un bote

está listo para llevarme a la frontera.

Si la metáfora suena dramática, es para proteger

esta ausencia sin brillo, el riesgo de una soledad en sordina

y a repetición.

Las heroínas no huyen del calor

ni de los muñecos quemados entre los escombros.

Hay que llegar (del otro lado), y escribir.

Y escribir es despojarme página a página

de un nombre anotado demasiada vida.

Amo este balanceo en la nada,

los recuerdos como linternas en la noche

que atraen a los animales y los alejan de sus cuevas.

Mi cueva es este verano inmóvil, metafísico,

casi reverente.

¿Hay alguien ahí?

No es fácil de entender tanta certeza, duele el mundo

y yo soy el mundo.

Un galpón atestado de maniquíes de vidrio

para verles, de lejos y cerca, los hilos de la repetición.

 

(de El muelle)

 

12

 

En este teatro de reparaciones mi mundo

se distancia del mundo para verte partir.

“Oigo que nombran la vida”*

con reverencia natural, y casi todos los días

cubren algún rostro ceniciento con una

sábana zurcida y el sigilo de cacería mayor.

Hombre fuerte una vez, tu corazón de humo

habla todo el tiempo de mi tiempo.

(habla a mi tiempo).

Me quedaré con nuestra colección de monedas

y tus zapatos enormes, vacíos para siempre

de tus pies y tus sospechas,

en esta tierra triste y extraña: fábula

de fábula.

 

* Paul Celan

(de Hospital de veteranos)



Categorías:Libros, Libros recibidos, Poetas

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