Un lugar feliz para todos

Florencia Walfisch y Ana Lafferranderie, en Fedro

 

Desde 2006 hasta 2010, Ana Lafferranderie y Florencia Walfisch organizaron un ciclo de poesía en la librería Fedro, en el barrio porteño de San Telmo. Una vez por mes convocaban a cuatro poetas para que leyeran sus textos y eligieran un poema de otro autor. De esa manera, fueron construyendo un espacio abierto, amplio de expresiones y de encuentros impensados. Un registro valioso de voces así lo afirma. Hoy, ambas poetas cuentan sobre esa experiencia y si piensan en un ciclo similar en el futuro.

 

¿Cómo empezó el proyecto?

Ana Lafferranderie: Nosotras nos conocimos en La Casa de la Poesía, en un taller de Irene Gruss, en abril de 2005.

Florencia Walfisch: A fin de ese año, unos amigos abrieron la librería. Y como además querían hacer actividades culturales, surgió la idea de hacer un ciclo de poesía. Y a Ana le gustó. Al año siguiente empezamos.

 

¿Qué ideas tuvieron?

 AL: Sabíamos que a los encuentros de poesía había que cuidarlos mucho. Pensamos bastante la propuesta. Decidimos que el ciclo estuviera sustentado en los textos, donde nosotras nunca jugamos un papel demasiado significativo en sí mismo. Sí en el vínculo con los poetas y en generar un espacio de encuentro que fuera cómodo, cuidado, de intercambio, grato para todos.

Debatimos posibles formatos, pero nos volcamos a lo tradicional. Aunque incluimos la idea de que cada poeta llevara un poema de otro autor para leer al final. Fue como un pequeño sello del ciclo. Eso permitía acercarse a los poetas como lectores. La producción de los autores siempre estuvo en diálogo con lo que llevaron para leer de otro. El ciclo nos dio muchas cosas y sobre todo conocer gente que pasó a ser muy querida, que yo creo es lo mejor que uno se puede llevar siempre en cualquier actividad.

FW: Queríamos distintas voces, generaciones y expresiones, que fuera lo más abierto posible. Eso se fue afirmando cada vez más. Estábamos interesadas en generar un espacio de escucha, con ese amor por lo que uno quiere mucho. A la hora de armar las mesas, teníamos el criterio de abrir la mirada.

AL: La idea era romper con los prejuicios que frenan el acercamiento a estéticas diferentes a las que a uno le gustan. El criterio para armar las mesas era convocar poetas que producen de manera rigurosa, con cierto compromiso, cuidado, más allá de lo que a cada uno más puede gustarle o conmoverle. Ese es otro tema.

FW:  Hay algo bueno, como un ejercicio inagotable, en trasladarse a la cancha del otro, al texto, al juego del otro, se va ampliando también la escucha frente a los propios textos. Uno ya sabe qué cosas lo conmueven. Cuando te sentís convocado por cosas que son nuevas porque las “descubriste”, ganaste un encuentro con aquello que te emocionó. A veces ocurre que uno se cierra mucho.

 

¿Piensan continuar con el ciclo?

AL: En esa modalidad cumplió su tiempo. No quiere decir que no tengamos ganas de organizar alguna actividad  que tenga que ver con lo poético, que podamos compartir…

FW: El ciclo estuvo atravesado por una confluencia de momentos que fue muy personal. Tenemos un enorme agradecimiento. Fue un espacio entrañable que trajo cosas entrañables.

AL: Sí, nos quedó pendiente invitar a más poetas de provincias. Igual, a algunos pudimos invitar. No es fácil llegar a todos los lugares del país. Si tuviéramos la posibilidad de llegar a autores de otros lugares sería un lindo proyecto.

FW: Nos encanta trabajar juntas. Se renueva siempre el encuentro y las ganas de construir en diálogo, de complementarnos en una experiencia preciosa de trabajo. El espacio significó muchísimo aprendizaje.  Cada mes estábamos en contacto con cuatro poetas y con sus trabajos. Eso nos enriquecía.

 

A partir de la experiencia que tienen, ¿cómo se ubican dentro de la tradición de poesía oral?

 FW: Más allá de la tradición, para mí la creencia de todo lo relacionado con una teatralidad o con esa dimensión de lo que puede ocurrir, me sigue conmoviendo. Tiene eso de lo irrepetible.

AL: Y de esa comunión, de estar con otros, que no la tenés cuando te ponés a leer vos solo, ni cuando te encontrás a leer con un amigo. La  impronta  que queríamos darle era generar un espacio cuidado de escucha compartida.

FW: En cada ocasión aparecía una dimensión que sabíamos que iba a jugar más allá de la suma individual. Eso se hacía explícito en el grado de encuentro entre los poetas o en el diálogo entre los textos que ellos mismos elegían.

 

Ustedes pasaban a ser puentes entre los poetas, el público, los textos, el espacio…

 FW: Nuestra idea era estar a la hora de construir ese espacio. Convocar a los poetas y recibirlos. Una vez que se daban esos elementos, nuestra tarea terminaba. En un punto, sentíamos que lo mejor que podía pasar era ser invisibles. Solo escuchar y participar de ese momento.

 

¿Por qué grababan los encuentros? ¿Van a producir ese material?

 AL: Lo hacíamos para tomar un registro. El primer año no grabamos. Y pasaron tantas cosas, que decíamos: “¡qué pena no registrar esto!”. Siempre tenemos la idea de que el material circule, de generar algo que sea como una devolución a los poetas que participaron. Tenemos el registro de voces como la de Daniel Muxica o Javier Adúriz, lecturas que son entrañables, que las atesoramos.

 

¿Van a otros ciclos?

 AL: Este año yo no pude ir mucho. Hay un montón de alternativas y creo que la variedad es buena. Cada organizador le da su propia impronta.

FW: Yo he ido a algunos, siempre uno va menos de lo que le gustaría pero está buenísimo que surjan nuevas opciones, cada ciclo tiene su etapa, su momento.

 

Teniendo en cuenta la costumbre de los encuentros en Fedro, en los que cada invitado leía un texto de otro poeta, ¿qué autor elegirían y qué poema?

 FW:   Ah, mis amigos, habláis de rima [escuchar audio], de Juan L. Ortiz , como un regalo que él nos hiciese a todos.

AL: Se me ocurre  Un sol, de Edgar Bayley.

 

 

Ah, mis amigos, habláis de rimas…

Ah, mis amigos, habláis de rimas

y habláis finamente de los crecimientos libres…

en la seda fantástica os dan las hadas de los leños

con sus suplicios de tísicas

sobresaltadas

de alas…

Pero habéis pensado

que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,

desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo

del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,

despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos

con el pan que él amasa y que debe recibir a veces

en un insulto de piedra?

Habéis pensado, mis amigos,

que es una red de sangre la que os salva del vacío,

en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,

de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,

a no ser una escritura de vidrio?

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,

y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…

Y sé que a veces halláis la melodía más difícil

que duerme en aquéllos que mueren de silencio,

corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo…

No olvidéis que la poesía,

si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

 

Juan L. Ortiz

 

 

Un sol

No hay una naranja perfectamente redonda

No hay un día perfecto

Hay un sol para los que han peleado

contra las sombras

sin rendirse jamás

de noche

de día

a orillas del lago

bajo el sicomoro y el sauce

entre las rocas y las anémonas

Para ellos hay -habrá- un sol

porque han peleado contra las sombras

contra su propia oscuridad

su turbia lámpara

su ignorante desgano

Para ellos

habrá un sol

pero no hay

no habrá nunca un día perfecto

una naranja perfectamente redonda

 

Edgar Bayley

 

 

– Entrevistas /Ciclos: Las voces de Muñecas Rusas


Categorías:Alejo González Prandi, Ciclos / Festivales, Entrevistas

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