Escenas dibujadas en la niebla

Sobre tabaco mariposa, de Elena Anníbali

 

Cuando llamé a la librería para ver si quedaba un ejemplar de tabaco mariposa, me atendió una niña que, a pesar de mi respuesta, no dejaba de preguntar: ¿quién es?, ¿quién es?, ¿quién es? Corté y fui directo al local. Al llegar, vi a esa niña que no superaba los tres años, y que jugaba junto a sus muñecas en el piso, reclamando la atención de su mamá. Mientras envolvía el libro de Elena Anníbali en papel madera, esa madre pedía disculpas por el desorden y el comportamiento de su hija.

En los días siguientes leí tabaco mariposa, que este mes se cumplen dos años de su edición. Sin saber porqué, en cada poema aparecía la voz esa niña. También la imagen de las muñecas arrojadas en el suelo. Desde entonces, siento al libro de Anníbali como la historia de un desprendimiento; muchas vidas en una sola; la voz de la infancia en el cuerpo de un espesor infinito. Hay otra escena posible: Elena describe viejas costumbres vividas con criaturas que alguna vez fueron parte de ella.

Podríamos elogiar lo punzante de la imagen, la decisión de no favorecer adjetivos y efectos fáciles. Pero doblo la apuesta. En cada río, bosque, loba, cielo, mar, nombra la experiencia del paisaje. Arriesgo: visión y memoria de la Naturaleza. La palabra caballo dicha por Anníbali es el caballo. ¿Acaso no azuza el calor de la sangre y el temblor de la piel?

Cada señal de vida avanza con los mismos elementos que después servirán para encarnar la pérdida, secar la crecida, alimentar el hambre. No es que la materia del recuerdo sea la sed, sino que en tabaco mariposa la niebla es el único testimonio del tiempo. El cordero se transforma en zorra para comer al cordero, aunque tenga que romper sus propias vértebras y llegar al corazón.

En ese mundo (¿solo ahí?) la naturaleza manda, limita, protege, aunque asfixie. No parece haber alternativas de escape. Hay una vitalidad: en principio, todo llega a su fin. Aunque es posible que el diablo meta la cola y, para peor, el desenlace sea un estado permanente. Así de fácil.

Selección de poemas

 

Elena Anníbali nació en Oncativo, Córdoba, en 1978. En 2007, publicó Las madres remotas (Editorial Cartografías, Río Cuarto). Tabaco mariposa fue publicado por caballo negro editora, en noviembre de 2009.


Categorías:Alejo González Prandi, Libros, Poetas

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