Los arcos de la memoria

En septiembre de este año, Alquimia ediciones publicó en Chile el nuevo libro de Jorge Polanco Salinas, al que EVT se acercó por primera vez en marzo último. Hoy, con un ejemplar en mano, ofrecemos otro poema de Sala de espera y el texto de presentación a cargo de Antonio Rioseco Aragó. Según su mirada, “la memoria constituye un eje central” en la palabra este vate nacido hace 34 años, en la ciudad de Valparaíso.

 

Música incidental

 

De fondo siempre se escuchaba John Lennon,

la música ambiental de la abulia

y la derrota, la inevitable mercancía;

lo escuchábamos así, sentados en el café, cerca de la plaza,

asociábamos una teoría interesante

sobre los bosques y los filósofos,

las metáforas que los unen.

Leíamos a K desbordados

frente al museo de Bellas Artes,

una ironía cruel, un eufemismo,

¿Cómo podemos leer

y que no pase nada, que nunca pase nada?

Es decir, leo en un café

fumando un cigarrillo con toda calma,

veo los transeúntes pasar

observando otro yo:

cierra el libro, paga, toma sus cosas

y se suma al río de la calle.

El río y el tiempo, otra imagen inhumana,

el río semejante al bosque.

K habla de cavar al fondo de sí mismo,

un Beckett agitado de palabras que tienen,

ahora sí, una catástrofe. Volver al río.

O volver al bosque, el filósofo da vuelta la espalda,

y se hunde en la noche del tiempo -o el río-.

Tal vez siempre pase lo mismo:

una palabra se escucha como una voz extranjera,

sonidos desesperados por dialogar y articularse,

el cristal de aliento plasma figuras irreconocibles,

labios encima de vidrios rotos,

elipsis que permiten hablar

y no sucumbir en el silencio, o la muerte.

Como al despertar,

cuando junto los párpados algunos segundos,

descanso del sueño y me apego al rito de la higiene mental.

Entonces vienen palabras que llevan consigo sombras,

voces que expanden las conversaciones, rodeándome,

(cierro meticuloso la habitación)

en su interior pareciera haber un bosque,

un río o una lengua que no comprendo.

Los sábados en la tarde miro la calle,

todo parece estéril, una tierra violentada

por capas subterráneas de pudrición.

Cuesta levantarse cuando hablan de un corazón desterrado:

cada vez que alguien ingresa arregla las cosas adentro,

limpia y ordena, y después ya nada es reconocible.

Hoy soñé con mi ex mujer

que decía amarme frente a la playa.

Una escena pasó entremedio y al abrir los ojos

tuve que practicar otra vez la higiene mental.

A veces dudo, quizás debiera haberme dedicado a la pintura

si hubiese tenido manos para ello,

o la música, que es lo mismo,

o haberme escapado del país,

pero con el tiempo me acostumbré a este ruido de llaves.

Nunca abro la puerta.

Estoy acá, sentado en el café,

esperando el río y el tiempo,

con el libro de K despoblándome.

 

(Fragmento)

 

Guijarros como huellas, de Antonio Rioseco Aragó.

La memoria, como enunciaba, constituye un eje central en la poesía de Jorge Polanco, pero –siendo un tópico ampliamente utilizado en la poesía– las posibilidades de los usos de ella se presentan aquí de una manera particular, que va desde el espacio íntimo y familiar hasta la memoria social de los macro relatos histórico que los carga, incluso, de cierto tono épico. Y esto se da en cuanto se percibe la crisis de los grandes relatos en su escritura, pero de lo que da cuenta finalmente este libro es la manera en que esa crisis atraviesa al sujeto, un sujeto situado, histórico y, aun, vivo, al que se le repasa, sin eufemismos su pasado individual y colectivo. (Leer texto completo).

 

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