Música del desamparo

el agua que tiembla
el agua que tiembla (Ediciones del Dock, 2012)

 

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Es imposible abandonar la lectura en mar adentro, profundo, con rumbo incierto. El viaje ha comenzado, tal vez el sueño o la fantasía de llegar alguna vez donde las palabras no huelan a tormenta, a secreto, desamparo y silencio. Las palabras suceden rápido no porque el viento se las lleve, sino porque las borra. Y hay que decir, por sobrevivencia, antes de que llegue el final.

El agua que tiembla, de Luciana A. Mellado, si propone un viaje, solo se trata de un fugaz consuelo contra la sal que irremediablemente quemará la piedra y mostrará el hueso tallado de un corazón. Las sombras lo podrán multiplicar en tres piratas: Lauro, Cecilio, Julien. ¿Habrá dioses que se apiaden de la intemperie que aniquila lengua, seca ojos, teje sangre en el frío?

Inútil tener esperanzas. En Lauro sabemos que “la cuerda más fuerte/ también se deshilacha”; en la bitácora de Julien “la tragedia es un atajo de la muerte”; y Cecilio, tal vez por ese brote que escuchó creciendo desde abajo, apunta que “no se repara el paraíso/ en medio del naufragio”.

La música entiende razones del desamparo. Hermanada, vuela pronto hacia los que se han entregado en vida a su propio silencio. Reina música, agua que hace temblar el mundo. No salva, pero es prueba de la persistencia del diálogo humano con los seres, fantasmas, criaturas de una correspondencia desquiciada.

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Lauro, el frío y la intemperie

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V

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Me recordarás pronto
como si todo volviera
de un modo distinto,
con tus pasos pequeños
escapando hacia adentro.

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Y serás entonces el que huye
en el mar
hacia otros gestos
que te aten a una quietud
cualquiera.

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También la tierra será tu reino
aunque el recuerdo horade
la raíz de tu nombre.

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¿De quién será tu nombre?

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¿Quién dirá tu nombre?

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¿Quién lo escuchará?

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El milagro no es que vuelvas.

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Invisible.

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Las alas de Julien mientras la boca

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III

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No me quemaré cerca del sol.

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La lluvia entibiará la corteza
del agua
y el calor será un párpado
cerrado.

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Antes de dormirme
en tus alientos
seré el que flota lento,
boca abajo.

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Veré hacia el fondo
del mar.

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En el fondo del mar
veré el brillo de los peces
cosido
como antorcha
a sus escamas.

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En el fondo del mar
veré sus cuerpos
luminosos.

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La luz que ofrecen
enciende
la oscuridad
de la presa.

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Cecilio entre los ojos

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VII

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¿Despertaste Cecilio?

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El viento apalea la nave
con violencia.

¿Estás soñando?

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Se derrumba el aire
sobre el mar
y el alba cae en sangre
degollada.

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Hace calor.

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Una cal invisible
quema la borda.

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Se escucha el desgarro
de las velas,
las nervaduras rotas
de sus alas.

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¿Qué frágil amor nos crece
en las tormentas?

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Poemas de el agua que tiembla, de Luciana A. Mellado (Buenos Aires, 1975). Reside desde su infancia en Comodoro Rivadavia. Publicó Las niñas del espejo (2006), Crujir el habla (2008), Aquí no vive nadie (2010). Dirige, junto a Jorge A. Maldonado, la plaqueta de poesía “Peces del desierto”.

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