Poemas de Estela Dominguez

Francisca

.
Ubiqué tus ojos en la fila de los fieles en gracia.
Entre las figuras eternas de tus rulos
me callaste con tu gesto.
Entre amenes y los siglos de los siglos
¿habrás dicho así sea? A quién le importa.

.

El camino hacia el pecado mortal
es pasillo.

.

El dedo disimulado
despegó la pasta celestial de tus dientes
y en la media vuelta
te llevaste las razones de la penitencia.

.

Muda de cánticos celebratorios.
Tu gracia era más que el cielo.

.

.

.

Después de la caminata
Apegada al perímetro
de pie
trato de decidir
si estoy dentro o acabo de partir.

.

Sólo mi cuerpo y la muerte
Alambran mi rescate.

.

.
En algún lugar de la memoria
habita el rostro de mi cara.

.

Pongo negro rígido
sobre el blanco inestable.

.

.
Y
Un lamento por detrás
me mantiene absorta.

.

.La Mañana

.
La puntilla del borde de estas sábanas.
La seda de los hilos del bordado
recorren suaves mis yemas.
Van y vienen.
Buscan el puño, la mano cerrada
para correr el manto de hojas verdes por encima de mis hombros.
Ya es de día, lo sé.
Estiro mis piernas y no te encuentro.
Giro la cabeza hacia donde todavía
el perfume de tu cuerpo me deja abrazarte.
Frente a la mesa, tu mirada sigue las líneas del sentido recto.
Desencaja de cada uno los arcanos platinados del misterio.
Desde acá, arriba sin paredes ni bisagras
disfruto tu mañana entre mis entresueños.

.

Cuando llego al círculo raso de tus lecturas
extiendo las miradas y no te encuentro.
Bajo mi cabeza hacia donde, todavía,
las palabras demoradas
me dejan imaginarte.
Los pájaros amarillos, más marrones, azulados del brillo;
gorriones, palomas y caseritas
danzan anillos que te embriagan.
Caliento el agua y suelto mi pelo
Desde acá, inhalo tu mirada.

.

.
Salgo al patio – intento flotar mi cuerpo
y callar mis ecos.
El encanto de tu danza es vulnerable a las presencias.
Camino por los senderos que sembraste entre la
siembra de los pasillos de mis manos.
Te esquivo – te rodeo.
Alargo los radios y arcos de nuestras distancias.
Los algoritmos del encanto en marcha
me dejan justo , en vos – a seis metros de distancia-
Continúo el paso, miro el despertar de los gineceos
y la madurez del grano.
Quito la morenita de los agobios y
las ortigas claman a los pies.
Continúo al giro de tu mirada
que gira al mi alrededor.

 .

.
Veo caer en seco las palabras y su sentido
como quien pierde cada una de las piezas dentarias
de su propia boca.
Deambulo alrededor de la costra
esperando se filtre algún murmullo
o en el mejor de los casos
ser testigo de la caída de los goznes.

.

Cuando la realidad
sacude al cuerpo hasta la desintegración mentida
bajo la piel.
Los pensamientos en agobio
pulsan la contradicción que estampa
la cordura en un paño
que jamás será una obra
sino despojo de un vivo
o muerte viva que maneja en quiebre las palabras.

.

No alcanza una mañana aunque sea como ésta.
Tampoco quince cuadras caminadas lentas.
En la mitad del tiempo me pierdo
y en el instante que queda por fuera
me despierto.

.

Entro más, que salgo de la sepultura
Más anhídrido que helio
Más subjuntivos en proceso.
Pero anido el nido de mi propia yema.
Caliento el remesón de un agite en octava mayor.
Ayuno para matar a la muerte.

.

Estela Dominguez vive en Villa Mercedes, San Luis.


Categorías:Poetas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: