¿Abren?

EL cansancio de los hijos

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Sobre El cansancio de los hijos (hilos editora), de María Mascheroni

Nota: Creo que leí el libro de MM poco tiempo después de su presentación, a mediados de 2011, más o menos. Lo leí varias veces. Hice anotaciones. Marqué versos. Tuve el propósito de escribir un texto que sintetizara y ordenara ciertas observaciones, pero nunca se dio. Por h o por b, todo fue quedando en libretas. Hoy comparto esos borradores sueltos, esas líneas, ideas o imágenes que fueron apareciendo. AGP

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Hubo una vez un padre que fue pájaro, abismo, búsqueda.

Nombra el camino de aquel que, andando, sabe que ninguna distracción lo llevará a otro lugar que el buscado.

Experiencia de un palimpsesto. Un viaje sin principio ni fin. Tal vez un estado de viaje. Hay una partida que el lente no capta.

Conciencia de la soledad que habita el mundo. Hacia un largo viaje. Dolor. Adiós a la sangre, a la carne.

Vuelo del padre: destino del pájaro. El combate contra el tiempo. La interrupción.

Celebración de una lírica del tiempo, de tiempo de estados; itinerarios de vuelo, de fotografías. Realidad de una vivencia perpetua.

Palabras-Mascheroni: ramas delgadas, fuertes. La lectura de El cansancio… es incertidumbre. Nada permanece, todo se interpone. El pedido está hecho: “hasta que algo     algo encaje por favor”.

En esos versos no hay salida. Nunca la hubo.

Poema por artefacto. Hay quienes tienen el mal gusto de llamar artefacto a un poema, a un cuento, a una obra literaria. Y pienso -no lo puedo evitar- en El cansancio… como un artefacto. Un diseño pensado en etapas, creando su propia ley, su norma biológica. Después, claro, la maqueta, las primeras representaciones. Los objetos miniaturas que ya no dicen lo que tampoco dirán, sin guiños, sin globos. Corro antes que muerdan.

No tengo nada que ver con todo esto, pero me quedo tocando timbre. ¿Abren?

Si alguna vez necesita guardar por un largo tiempo una llave –cualquiera; no nos importa su misterio- coloque esa llave en el libro de Mascheroni. Contraindicaciones: el objeto puede cambiar de fisonomía o alguna huella. Entonces, ud. estará frente a poesía.

Leo un cartel en un comercio oriental en el barrio de Once: “Ser (sic) necesita repositor”. Imagino un repositor fantasma vagando con su carrito por la constelación del libro, cada vez más lejano, frustrado porque el trabajo ya está hecho. Dicen que todo fue repuesto. La carga que verás mañana en el puerto… ¿para quién es? El muchachito piensa qué pasaría si se cansa, si se atreviese a reponer una palabra. ¿La estructura se desplomaría?



Categorías:Alejo González Prandi, Libros

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