Blanco, alma inquieta

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Una historia de dos hermanos habitada por silencios, miradas y complicidades. Una narración literaria de Griselda García, que forma parte de su libro La madre del universo. De ahí, el relato cinematográfico, a cargo de Nacho Gatica. Blanco es un cuento, pero también un corto. Tal vez una adaptación, pero quizás solo sea una mirada distinta de una relación que dice más en lo que calla, que insinúa más de lo que muestra.

Blanco no defraudó. Fue seleccionada entre miles de cortometrajes de todo el mundo y exhibida en el Festival de Cine de Venecia, y sus “padres” viajaron para el estreno. “Sería largo de contar, fue muy mágico y merecería un poco más de detalle. Algo que no me imaginé nunca que iba a vivir, un privilegio con el marco de una ciudad única”, recuerda García, quien define su trabajo con Gatica como una “dupla creativa”.

Esa estructura cuenta con una productora llamada Ojo Argento Producciones. De a poco, ambos creadores le fueron dando forma a la idea de filmar cortometrajes, “algunos más experimentales y otros más tradicionales, como un espacio libre, por fuera de las restricciones comerciales del trabajo diario”, explica la escritora.

En la búsqueda de historias para contar en un lenguaje audiovisual, la publicación de La madre del universo (relatos breves) fue un buen motivo de inspiración. García señala que como eran dos personas para costear la producción, “tenía que ser una historia con pocos actores, locación accesible y fácil de producir. Así fue que salió elegido Blanco”.

Para Gatica, responsable de la productora, el proceso de adaptación “fue muy disfrutable”. Confiesa que “con Griselda compartimos un profundo amor por las palabras y por las imágenes, y las entendemos como módulos de una misma cosa, el relato. El cuento destila una historia subyacente, fue algo que intentamos conservar en el lenguaje audiovisual. Un pequeño homenaje a la teoría del Iceberg de Hemingway”.

El principal desafío fue el de autoproducción. Llegar al lugar elegido, rodar e irse con la pieza terminada en un sólo día fue el motor que los impulsó. “Entendimos que el proceso de aprender a contar con los gestos, con la luz y entender lo sutil, es un trabajo de hacer, hacer y hacer. A los tres meses estaba viajando en un avión a Venecia. Esto reivindicó el modelo de seguir haciendo, seguir practicando y evaluando los resultados”, cuenta Gatica.

Según su opinión, el film corporiza lo que el cuento narra, aunque –aclara- “la historia escrita nunca necesitó nada. Existía antes de filmar y sigue leyéndose en los libros”. A su vez, cree que “la historia le brindó al film un alma. Un alma inquieta, movediza y algo fantasma”. El género del cuento “resulta hermoso de adaptar y funciona perfectamente como núcleo para un cortometraje. Tiene raíces y provee cierta literalidad que ayudan muy bien como disparadores iniciales”.

Luego de un tiempo de difusión prudencial, con estrenos en algunos países de Sudamérica, el corto comenzó a ser compartido en YouTube, Vimeo y redes sociales. Gracias a Blanco, afirma la autora del cuento, “pudimos mostrar en Venecia cómo se hace cine en la Argentina de forma independiente, con el estímulo valioso de familia, amigos y una clara pasión por contar historias”.

Leé el cuento acá


Categorías:Alejo González Prandi, Libros, Narraciones breves, Videos

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