“Amo la poesía de los otros”

Lectura

Fue la coordinadora del ciclo de poesía más recordado y querido de la ciudad de Rosario, que la llevó a convertirse en una talentosa gestora cultural. Hoy, cada vez que se lo propone, sigue organizando mesas de lectura, convocando a vates de distintas localidades del país y reuniendo a un público fiel. Durante el Segundo Encuentro Federal de Poesía, en el Centro Cultural Kirchner, EVT entrevistó a la poeta Alejandra Mendez. “La poesía siempre es resistencia”, aunque “hoy se convirtió en una cuestión más de Estado”, dijo.

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¿Qué era Poetas del Tercer Mundo?
Fue como una especie de mito en el imaginario del ambiente literario rosarino porque marcó un antes y un después, obviamente sin proponérmelo, o sí. Había otros lugares ya oficializados que no me gustaban. En ese espacio se generaron encuentros de verdad, intercambios, el quedarse con los otros después de la lectura o la posibilidad de leer con el poeta que uno admiraba. Eso, que no pasaba en Rosario, ocurrió y fue algo mágico. Me moví para que eso sucediera y siguiera. Fueron cinco años, de 2007 a 2012, una vez por semana. Durante un período también me acompañó Leandro llull. Iban poetas de otros lugares, músicos… Tratábamos de mecharlo con otras artes. La poesía era lo central, lo demás acompañaba. El público, que no necesariamente eran escritores, iba y se quedaba.

¿Cómo recordás esa etapa?
Me abrió un camino, puertas, ventanas, amistades, otras inquietudes. Es una de esas cosas que se van haciendo inconscientemente. Hay algo del orden del deseo que puja por hacerlo y lo logra. ¡Me encantó! Me ayudó a entender que más allá de que amo escribir poesía, también soy eso otro que es difundir. Amo la poesía de los otros. A la vez, significó para mí la puerta a la gestión cultural porque no sabía que podía realizarlo. Incluso, al ver cómo iba la movida, desde el Festival de Poesía de Rosario me propusieron que la trasnoche pasara por Poetas del Tercer Mundo, que había tomado su nombre del bar donde se hacía, un lugar con un patio muy lindo. Cuando cerró el ciclo, cerró el bar. Pero entonces, empezaron a abrir otros espacios. Hubo más variedad.

¿Qué aprendiste del ciclo?
Aprendí mucho. Aprendí a escuchar, que es muy importante. Como dice Diana Bellessi, el poema está en el oído. El poeta es también su lectura o su interpretación sobre el texto. Es interesante ponerse a prueba para ver qué pasa, cómo repercute en el otro, cuáles son las devoluciones o qué sucede en uno… De escuchar a los otros se aprende, como también de la diversidad. Es rico que haya diferentes estilos y formas de decir. Esto es como una red en la que se van encontrando distintas voces.

¿Cuáles eran los inconvenientes más comunes?
Lo que siempre cuesta es tratar de que todos estén contentos. Tenía que hacer entender que todos podíamos leer, desde el más consagrado hasta el más pichi. Todos podían caber en un ciclo de lectura, hasta había abierto una convocatoria. Mucha gente tuvo lugar. Otras de las dificultades fue que no me acompañaron (desde las instituciones oficiales). Lo único que conseguí fue un subsidio para comprar un equipo, pero terminé poniendo más plata yo. Cuando me retiré, por cansancio y cuestiones personales, me quisieron dar una mano, pero ya era tarde.

¿Qué cambió de la gestión cultural de aquellos años?
Es un gran tema porque depende también de las gestiones políticas. En toda gestión cultural hay política. Es una manera de hacer política. Pienso que se fueron descentralizando un poco las cuestiones. Antes era un solo lugar y algunos poetas. Había otros que parecía que no existían. A veces los ambientes literarios tienden a cerrase. Es un problema con el que los gestores culturales tenemos que luchar permanentemente, insistir, buscarle la vuelta para que eso no suceda. Cuando nos cerramos, perdemos riqueza. ¡Podemos perder algún Rimbaud y no lo sabemos! Esa visión cambió un poco. Esta época del país abrió mucho más el juego a los poetas. Es una cuestión más de Estado. Es importante. Por eso estamos hoy acá (Centro Cultural Néstor Kirchner), con la atención que recibimos. Esto no existía. Pero la poesía siempre es resistencia. En plena dictadura, los poetas se juntaban en una casa a leer. Ahora tenemos espacios que se han ganado políticamente. Veremos lo que suceda con el tiempo y qué tendremos que hacer. La poesía siempre sale a flote.

Como una presencia más en la tradición oral de la poesía, ¿qué valor tiene ese tipo de espacios?
La poesía oral tiene que ver con el encuentro y el intercambio. El vínculo es fundamental. En los encuentros hay un plus que es ver al poeta, ver su rostro, ver cuando se emociona, cuando eleva la voz, los gestos, la manera de hablar… Y después conocerse e intercambiarse los libros. Además, uno se da cuenta de los diferentes períodos en los que va atravesando la historia de la literatura. Ahora existen los slams de poesía. Son otras formas de encarar los encuentros, que pueden ser más atractivos para los jóvenes.



Categorías:Alejo González Prandi, Ciclos / Festivales, Entrevistas, Poetas

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