Palabra de naufragio

Tres poemas de Pampa Stalingrado (Ediciones Lamás Médula, 2017), de Flavia Soldano Deheza.

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así algunas noches Undertierra      pampa se guareció en mí que no
tenía guarida
cataratas de viento partían raíces álamos       antes de caer
resbalaban despidiéndose
sicomoros fresnos paraísos    higueras
ni talas tampoco espinillos pero sí nogales hundieron su entraña

ese fue el tiempo del naufragio

.

“y a la reunión de las aguas llamó mares y vio que era bueno”
                                                                                             Génesis 1:6

a la reunión de tierras llamó pampa y vio que era bueno
reunió pampas y mares
lo llamó ciénaga

y hachó la tierra del mar la luz de las tinieblas
el cielo del aire     el agua del río hachó
el ojo del barro     el soplo del cuerpo
la lluvia del cauce      el hilo del hueso

vio que era bueno
y hachó

.

llevo en mí las tierras que fueron
aguas de mala semilla abrevaron sus bajíos
sin embargo
vuelvo yegua    para desterrarlas
exilio? Travesía por pampa entre matas de trinchera
albergué la periferia    ojos    torvos observan enjambres

arde el cuero
até nudos a la rienda
en combate

.

La poesía de Flavia Soldano Deheza nace en estado de naufragio y violencia. Cuando parece que todo es letanía, acecho, matadura, vejación y territorio hundido nace una realidad que la muerte no reconoce. La muerte nunca es la muerte. Siempre es otra cosa y está buscada y buscándose. Es una constante: la muerte se niega a sí misma. Dice que es más profunda. No es sólo la idea de una patria truncada, de seres mutilados, de sueños que marcan la carne. Nunca se alcanza el fin. El hundimiento o la putrefacción crea una poética para la muerte. Ella lo sabe y se burla. Lo único que queda es la violencia. Hay tierras que nunca fueron; no eran sombras los peces/ sino puñales/cuerpos/en mares hundidos. El lector que atine a meter las manos en Pampa Stalingrado… ¡alerta! Nadie asegura que no salga manco.
Ante el naufragio, que simula un recomienzo pero es el mismo, la violencia apuesta más fuerte. No se niega a sí misma como la muerte. Sale a devorar, a exigirle a la poesía lo único tangible: el desposeimiento, expuesta únicamente a lo que la salva o la mata, que tal vez sea lo mismo.
Arrasado el territorio, lo que se sabe no es de sobrevivientes: pampa se guareció en mí que no/ tenía guarida; ya nadie quiso escuchar el ruido de la culebra ni tampoco, entonces, su despertar. La procedencia de Pampa Stalingrado raja la única barca que podría esperanzar un regreso: de dónde venía el galope sino de la noche.
Pero no alcanza con el hundimiento de la barca. La poeta no se queda con ese quiebre de comedia para el final. Irá por el agua. Y ordena: el agua es siempre el agua      busquen su guarida y mátenla.



Categorías:Alejo González Prandi, Libros, Libros recibidos, Poetas, Uncategorized

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