Una poética del desborde

Bea

Cara y cruz de un texto referido a hormigas, de Bea Lunazzi. Tres poemas.

La conclusión para la poesía es siempre un animal desesperado. Y esta improvisada definición se extiende, para este caso, a insectos. Con precisión: hormigas (modesto rimba, 2017), de Bea Lunazzi. Esta poética surge primariamente de los colores, que marcan estados, ánimos y certezas. El verde converge con el tilo y con las negras. También enrojece y, oscureciendo por el follaje, el negro sobre el negro, el blanco en lo negro, negro sobre el terreno y el rojo. Una visión trágica marcaría, tomando la palabra de la poeta, que “el hongo alimenta/ se alimenta/ multiplica los restos/punza/ late/ escupe: se alimenta”. Los procesos de vida y de muerte se repiten. Cada etapa tiene sus colores.
El caos propone un orden terrestre, que incluye el desborde. Es ahí donde la poesía da un salto sobre el mandato y también sobre la sobrevivencia. No alcanza con ser una hormiga sobreviviente. El principio es la red. El itinerario es voraz. Pero Lunazzi habla de resistencia. Nombra que “el hormiguero es un/ individuo”. La libertad, agazapada. El verso gana ritmo, se subleva el orden: “bocas que mastican/ maceran/ deshojan/ojos como bocas/ de ojos/ de hojas/ degluten/ fermentan/ insisten.”
“El hormiguero sale del hormiguero/ (…) invierte el hueco”. Ha entrevisto la luz. Se ha hecho poesía.

Contracara de reseña
Desde el día que llevé a casa el libro hormigas, la cocina se pobló de estos insectos. Atacaron el plato con alimento balanceado del gato. Se subieron a la mesa. Sentimos el temor de dejar sobre la mesada una torta recién salida del horno. Lo más probable es que las hormigas se hicieran un festín. Echamos insecticida y esperamos que de una buena vez nos dejaran en paz. Pero las muy temperamentales decidieron quedarse.
Continuamos con nuestra vida. Una noche con mi mujer hablábamos de poesía, intercambiando ideas y opiniones. Cada uno mencionó los libros que quería leer. A mi turno, entre otros, dije: hormigas, de Bea. Ambos nos miramos en silencio. Y supimos. Habíamos comprendido que hasta que no leyera ese libro, las hormigas seguirían dando vueltas, amenazando con extenderse a otras zonas del hogar.
Esa noche leí hormigas varias veces. La primera vez lo hice para asegurarme que la cocina fuera liberada por esa tormenta diminuta. La segunda lectura fue por la poesía y a la tercera llegué por la verdad, revelación del poema.

.

Quien será capaz de memorizar
esta sucesión inequívoca,
esta formación aritmética
que desborda.
alguien algo
deberá
retener detener
salirse del camino,
comprenderlo todo
con una sola mirada.

.

El sendero se bifurca
una y otra vez
forma un itinerario voraz
el verde
una y otra vez
dibuja la resistencia
a menos que
el principio sea la red.

 

lo que sobra
protege
el nido
es
el anverso del regazo



Categorías:Alejo González Prandi, Libros, Libros recibidos, Opinión

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2 respuestas

  1. Me encanta la simpleza del complejo edificio de hormigas viviendo como un gran organismo que vive infinita mente para los demás y sin salida para si mismo.

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