El deseo de editar

Durante el primer año, dieron a luz cinco libros y van por más. Con el proyecto de abrir una nueva colección, Griselda García y Santiago Moabre cuentan cómo es llevar adelante una editorial que privilegia el trabajo con sus sus autores.

Alejo González Prandi

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¿Por qué hacer una editorial?
Santiago Moabre: Con Griselda estábamos en Ediciones del Dock, donde ella dirigía la colección La verdad se mueve. En un momento eso se agotó, quisimos hacer más cosas y publicar otros autores. Nos abrimos y empezamos algo nuestro, Griselda García Editora.
Griselda García: Había llegado un fin de ciclo. Entonces, me pregunté qué quería hacer. Tengo una idea y la materializo. Eso me parece casi adictivo. La función de editora es muy excitante y muy creativa. En una editorial se multiplica la cantidad de tareas más relacionadas con lo administrativo y su sostén cotidiano. No sé si eso es lo que uno se imagina cuando dice que quiere ser editor.

¿Qué les transmitió el camino hecho hasta ahora?
GG: Reconfirmé que lo que más disfruto es meter mano en el material, podar y trabajar exhaustivamente con el autor. Además, acompañarlo desde que el libro llega hasta que sale. Me parece que eso es un editor. En mi caso, se solapa con otras funciones, como el taller de escritura y una especie de asesoría integral para el autor. Si es una persona que recién comienza a publicar, hay determinados desafíos. Pero si se trata de alguien con varios libros, esos desafíos son otros.

¿Cuáles?
GG: Por ejemplo, mirar de forma más macro su obra. Intentamos tener en cuenta distintas variables. Privilegiamos mucho la relación con el autor.

¿Por qué cuidan tanto ese vínculo?
SM: En principio, porque los dos somos escritores. Este nuevo deseo por editar completa la secuencia de lectura y escritura. Aprendimos de eso y pudimos transmitirlo: hablar de lo que es exterior a la escritura, cómo mostrar una obra y cómo llegar a determinados lugares.
GG: También vemos la manera en la que ese autor se comporta en las redes sociales. Alguien que tiene mucha presencia en esos canales vamos a tener más ganas de ayudarlo. En ese caso, nos movemos si el autor se mueve. Firmamos un contrato donde hay un compromiso con el libro. La difusión es una tarea en colaboración.

¿Qué les interesa publicar y cómo hacen la selección?
GG: Tenemos como un régimen mixto. Parte de los autores financian sus libros y, por otra parte, financiamos determinados títulos que nos interesan como inversión editorial. Ese es el caso de Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, de Cesare Pavese. Por otra parte, un libro de relatos no es una sumatoria de cuentos, como un libro de poemas no es un rejunte de poemas. El que no piensa en el lector, después no lo tiene.
SM: En nuestro primer año, salieron cinco libros. Uno de narrativa y los demás de poesía. Comenzamos con Donde los peces pueden vivir, de Marisa Dominguez Coll, casi en simultáneo con Sombra de agua, de Joaquín Valenzuela. Además del de Pavese, están Yo, la perra, de Romina Ruffanato; y Shibólet, de Diego Roel. Hay un título más en el horno.

¿Cómo definen y trabajan las colecciones?
GG: Vemos qué nos interesa y lo que hacen otras editoriales, tanto locales como de afuera. No nos cerramos a nada. Creamos en base a cómo nuestro gusto como lectores se va modificando. La traducción nos interesa especialmente.
SM: Tenemos el proyecto de publicar una antología de poemas de [Guillaume] Apollinaire. Ahora queremos sacar una colección de libros raros, de difícil catalogación. Estamos trabajando con un autor bastante renombrado por esa línea.

¿Cómo manejan la distribución?
GG: Al principio, decidimos contactar a libreros con buena onda. No queremos muchas librerías, sino pocas pero buenas, que nos reciban y exhiban nuestros libros. Son lugares donde dan espacios a editoriales pequeñas que recién se inician. No me interesa estar con alguien que es un capo en cualquier área pero que su trato no es bueno. Desde 2018, la distribución la tomó Carlos Pereiro.

¿Qué opinan del trabajo y el surgimiento de nuevas editoriales independientes en el país?
GG: Cuantas más editoriales haya, más revistas literarias y blogs, mejor. Ese florecimiento está muy bien. A su vez hay que hacer un mayor esfuerzo por ver qué es lo bueno. Muchas veces no hay una idea de catálogo, como tampoco hay un editor, sino un empleado de sí mismo, que no tiene una mirada literaria de las obras que edita. En cambio, el que cuida hasta los detalles tiene un acto de generosidad muy grande. Estaría bueno poder profesionalizar un poco.
SM: El desafío está en ver cómo se llega a nuevos lectores. Es bueno nutrirse de lo que piensan y creen los otros. Por ejemplo, escuchar a los chicos de Ediciones Godot [Víctor Malumián y Hernán López Winne] o a Eric Schierloh [Barba de Abejas] es genial. Uno aprende constantemente. Hacen pensar en lo que es editar libros.

¿De qué editores aprendieron?
SM: Además de los que nombré, otros son Lucas “Funes” Oliveira [Funesiana] y Andrés Beláustegui, de Editorial Sigilo.
GG: Carlos Pereiro nos enseñó mucho del oficio, de eso que sólo se aprende en el fragor de las trincheras. Nos dio un lugar bastante importante. También Santiago Espel, de La Carta de Oliver; Javier Cófreces [Ediciones en Danza], que es muy generoso; o Claudio Lo Menzo y Javier Magistris, de La Guacha; y Eric Schierloh que nos ayuda mucho con las entrevistas que da. La generosidad de algunos editores es hermosa.

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Razones de un rescate. Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos fue el primer libro que Griselda García Editora hizo junto a otras editoriales. Ediciones del Dock y Cartografías fueron los compañeros de ruta en ese desafío, que tuvo su primera presentación en febrero de este año. En esa ocasión, se refirió a la obra su traductor, Jorge Aulicino.
El próximo sábado 28, a las 20, se presentará nuevamente en la Sala Adolfo Bioy Casares, Pabellón Blanco, de la Feria del Libro de Buenos Aires. Leerán poemas de la obra Maricel Santín, Patricio Foglia, Javier Magistris, María Laura Decésare, Jorge Aulicino y Santiago Sylvester.
Para Griselda García, lo más importante de haber publicado ese libro es que antes esos poemas los leía en un blog. “Es el deseo de leer a un autor y el deseo es contagioso. Por eso la importancia de ofrecer un libro bello”, dice.
Santiago Moabre recuerda cuando leía a Pavese en la traducción de Rodolfo Alonso. “Me gusta que sea un poeta narrador de los caminos, lo esencial, la vida de campo, el trabajo, las relaciones entre amigos y camaradas, el conocimiento de la sexualidad, y ver cómo se configura la masculinidad en el poeta”.
Hay muchas razones para que hoy Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos ya esté en las librerías.



Categorías:Alejo González Prandi, Editoriales, Entrevistas

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