Poemas de Hilde Domin

Hilde Domin
 .
Paisaje cambiante
 .
Uno tiene que saber irse
y sin embargo, ser igual que un árbol:
como si se quedasen las raíces en el suelo,
como si se moviese el paisaje
y nosotros nos quedásemos parados.
Aguantar la respiración
hasta que cese el viento
y el aire ajeno empiece al rodearnos,
hasta que el juego de luz y sombra,
de azul y verde,
muestre los viejos patrones
y estemos como en casa
donde sea,
y podamos sentarnos y recostarnos
como si fuera la tumba
de nuestra madre.
 .
(Sólo una rosa como apoyo, 1959)
 .

Carrera macabra
 .
Tú hablabas de quemar barcos
-y los míos ya eran ceniza-,
tu soñabas con levar anclas
-y yo estaba ya en alta mar-,
tú ibas de la patria a la Nueva Tierra
-y yo estaba sepultada ya
en tierra extraña,
y un árbol de raro nombre,
un árbol como todos los árboles,
creció en mí,
como de todos los muertos,
sin importar dónde.
 .
(Sólo una rosa como apoyo, 1959)
 .
 .
Sólo una rosa como apoyo
 .
Me preparo una habitación en el aire,
entre los acróbatas y los pájaros:
mi cama sobre el trapecio del sentimiento
como un nido en el aire
en la punta más alta de la rama.
 .
Compro una manta de lana finísima,
de ovejas delicadamente peinadas
que caminan sobre tierra firme
como radiantes nubes
a la luz de la Luna.
 .
Cierro los ojos y me abrigo
con el vellón de animales fiables.
Quiero sentir la arena bajo las pezuñitas
y oír cómo suena el cerrojo
que cierra la puerta del establo por la noche.
 .
Pero yazgo en plumas de pájaros en lo alto,
arrullada en el vacío.
Me da vértigo. No puedo dormir.
Mi mano
busca un soporte y encuentra
sólo una rosa como apoyo.
 .
(Sólo una rosa como apoyo, 1959)
 .
 .
Con equipaje ligero
 .
No te acostumbres.
No tienes derecho a acostumbrarte.
Una rosa es una rosa.
Pero un hogar
no es un hogar
 .
Quítale el objeto al perro faldero
que te mueve la cola
en la vitrina.
Se equivoca. Tú
no hueles a quedarte.
 .
Una cuchara es mejor que dos.
Cuélgala al cuello,
puedes tener una,
pues con la mano
es difícil servir lo caliente.
 .
Te correría azúcar por los dedos
como el consuelo
como el deseo,
el día
que ella sea tuya.
 .
Puedes poseer una cuchara,
una rosa,
tal vez un corazón
y una tumba
tal vez.
 .
(Regreso de los barcos, 1962)
 .
 .
Las alas de la alondra
 .
Las alas de la alondra
son inútiles
ellas están cegadas
en la jaula
Evidencias contra nosotros
 .
Nuestras rosas se han vuelto
negras
en la lluvia
Nuestro vino se volverá
vinagre en el lagar
y nuestras fiestas
en días de prueba
 .
De los dorados cuernos de la abundancia
ascienden los gusanos
Venenosas nubes oscurecen
el cielo sobre las ciudades
Sería coraje
tener miedo
 .
(El árbol florece a pesar de todo, 1999)
.
Libros HildeLlantén tuvo una gran idea: publicar a Hilde Domin. Canciones para dar aliento (2018) 〈Traducción de Geraldine Gutiérrez Wienken〉 es una reunión de la poética de esta autora alemana (1909-2006) en sus cinco libros: Sólo una rosa como apoyo (1959), Regreso de los barcos (1962); Aquí (1964); Te deseo (1970), El árbol florece a pesar de todo (1999).
Leer a Hilde es tomar conciencia de nuestra fragilidad y fugacidad. No sólo está la muerte acechando, sino que la idea de una permanencia sobre la tierra está constantemente amenazada. El exilio tan presente en la poeta se expresa en un oleaje de aceptación y resignación: moraremos donde haya luz, pero nos mantendremos firmes “como si se moviese el paisaje/ y nosotros nos quedásemos parados”.
En ella es donde crece el árbol. Isla de su isla, su polvo “jamás será tierra”. Vaya donde vaya es el elemento cambiante la que la constituye. Siente la herida de la marea golpeando a su espalda y la visión que se abre es añoranza del futuro. Las posibilidades del regreso a la raíz son a través de la palabra, el único hogar que recompone la imagen de las infinitas Hilde.
Lo dice sobre España, pero bien puede decirlo sobre otros lugares donde estuvo: “Amo esta tierra desnuda y no quiero nada”. Después de todo, ella contempla sin promesa, apenas da cuenta del golpe como la brisa. Lo demás, lo que podamos alcanzar al leer su obra, es tan sutil que no percibiremos la forma ni el momento en que desgaje su puñal frente a nuestros ojos.¦AGP

 

 



Categorías:Alejo González Prandi, Libros, Poetas, Uncategorized

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