Ni sal ni pan

Litvinova

Una lectura sobre Cesto de trenzas, de Natalia Litvinova.

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El personaje de la abuela advierte que las trenzas de las mujeres guardadas en un cesto no lleguen a manos de una bruja para que esta no las convierta “en su elemento”. De otra forma, esas mismas mujeres “tienen un talismán que las protege”. En ambos casos, Natalia Litvinova arroja a la órbita de Cesto de trenzas (Llantén, 2018) tradiciones que expresan tentativas de protección, escudos que mantienen a salvo a esos seres de fuerzas que no pueden controlar y que están por fuera de la vibración de la tierra que pisan.
Debajo de la siembra hay llanto escondido con canto, obediencias irrenunciables, vestidos que pesan gusanos que han barrido con su cola, murmullos a la espera de nada. Por sobre todo eso una maldición se extiende en el pueblo.
Historias como éstas marcan una obsesión, una tragedia, la aparición del mal, la cura y su posible resurgimiento entre las cenizas, traído por el viento, interprete de antiguas oscuridades.
Litvinova recurre en la búsqueda de un talismán: mentiras, caballo, quemas. La escritura de Cesto de trenzas da en el blanco. No suma escudos al peso de la sangre Ceso de trenzasheredada, sino que va contra los que permanecen en la memoria. Los poemas de este nuevo título de Llantén libera a las almas de la familia del espanto permanente de ser cazadas por una maldición. La poesía, entonces, como la serpiente, “ataca sólo a los que huyen”.
La valentía de la poeta es escarbar en los conjuros antepasados, hallar la precisa y propia luz, la voz original y hacerlo a través de un cuerpo poético que nunca vuelca el antídoto ni el veneno; sugiere, sí, las múltiples caras de una estampa que sacude como los dioses dan el sueño para que cada uno acceda a la verdad que le toca.
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LA GENTE DE MI PUEBLO
es iracunda
como esclavos de tártaros.

Todas las mujeres
de mi familia
tienen un talismán
que las protege.

Yo no, pero miento
para que me traten
con cuidado.

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LAS MUJERES DE MI FAMILIA
guardan el cabello
que se cortan
en un cesto de trenzas.

Es una tradición antigua,
ya no se sabe
quién la inició.

Mechones, bucles,
pelo suelto,
cobrizo, rubio,
o ceniza.

Temo que los roben
las urracas
o que lleguen
a manos de una bruja.

Si viene,
no le abras la puerta.
Y si abrís,
no la dejes pasar.
Y si la dejás,
no le des ni sal ni pan.

Todo lo que hayas tocado
lo convertirá
en su elemento,
advierte la abuela.

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DOS POTRILLOS
de yegua muerta
durante el parto,
criados por mi madre.

El de color blanco
pasta libre
y se deja acariciar.
El negro
queda atado y rabioso
Cuando no hay nadie
le trenzo las crines.

No dejes
que otros te cabalguen,
le pido.

El caballo y yo
mirándonos.

Sé mi talismán,
quiero que absorbas el mal
y me recibas.
.
COMO TUMORES
o mariposas nocturnas,
en mí viven
los que ya no están.

Duelen como los huesos
en los días de humedad
o las quemaduras
en los días de sol.

Armoniosos calambres
trenzan mis músculos
y me hacen bailar en la cama.

Como los juguetes
de un niño que creció
o la cuchara limpia de hambre,
duele este dolor llevadero.



Categorías:Libros, Poetas

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