Plauto: “el jazmín de noche del poema”

Suter-1731
La presentación de la editorial artesanal El Vendedor de Tierra (el 31 de agosto, en La Casa del Árbol) tuvo como gran protagonista a El increíble viaje de Plauto. Se refirieron al libro Luciana Ravazzani y Julio Salgado. Compartimos los textos completos que leyeron aquella hermosa noche y seleccionamos algunas estrofas de esta luminosa novela en verso.

.Según algunos, nunca quiso a nadie,

salvo a su perra y a la yerba mate.
Según otros, fue abate porque vate
cazador y mendigo porque amante

que de noche soñaba que comía
ardiente el corazón, los miembros yertos
lívido y rojo el descarnado rostro
manjares los que le negaba el día.

Eran color y fruto su alimento
los pétalos de rosa y las espinas
y hasta un jarrón de porcelana china
del siglo dieciocho, de su tía.

Óleos comió hasta sentirse harto
prefiriendo por fin las acuarelas.
Cielos tornasolados y fulgores
bebía después en copas y tazones.

Mordió manzanas verdes de Vermeer,
cerezos florecidos de Hokusai,
anémonas y orquídeas, marca Klimt
y uvas tuvo en racimo, de Velázquez.

Soñaba que todo era de su huerta
hasta el jazmín de noche del poema.
El banquete negado era su tema:
naturaleza toda, pero muerta.

Eso sí, le gustaban los pescados
que situaba Picasso en el sombrero,
la cacería del zorro de los cuadros
antílopes y el toro en Altamira.

Si es cierto lo que dicen, bebió ajenjo
verde, en copita, cierto día en Sorrento,
acompañado por masitas dulces
y música de cítara y laúdes.

No dejó de comer el bueno Plauto
sueño tras sueño, el mundo conocido:
Babilonia y Sumeria eran bocados
en su insaciable hambre de pangeas.

Así se fueron sus filosos dientes
de otrora –que envidiaban las vizcachas-
gastándose en yantar imaginario
pues al cortar, el filo pierde el hacha.

Aunque en sus sueños era un poco obeso
no dejó de comer noche tras noche
el plato de la Tierra Prometida.
Pero hoy, hoy, sólo se ven sus huesos.

Manducante tenaz, él no ha perdido
del niño el hambre y del viejo el gusto.
No ha dicho nunca que la vida es dura
pero sí que agotó su dentadura.

Dijo en un verso que editó Alfajuera
sin pagar copyright, pues es sabido
que gustó de decires oportunos
más no del capital que lo cercaba,

robándole los versos que escribía
bajo la mesa de Epulón el rico,
sin saber que después recogerían
las migas que dejó, en formato libro.



Categorías:Editorial artesanal, Libros

Etiquetas:,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: