Un hacedor de máquinas para la literatura

Entrevista a Mario Guzman.

Acostumbrado a tratar con robots en Hong Kong, crea sistemas donde la tecnología y la literatura conviven para proponer escrituras alternativas.

Alejo González Prandi

Un viaje que empezó y parece no tener fin en la vida de Mario Guzmán. Llegó a Buenos Aires desde su ciudad natal, México D.F., en 2005, pero el camino más largo, y el que aún sigue recorriendo, es el de la exploración permanente entre literatura y tecnología. Desde 2018 vive en Hong Kong, donde trabaja en inteligencia artificial con robots que dan conferencias y presentan un aspecto humano que asombra.
Escritor, fotógrafo, artista audiovisual e investigador, Guzmán es un incansable creador de proyectos donde el lenguaje cobra dimensiones poéticas a través de distintos formatos, aplicaciones y aparatos. Propone con convencida insistencia que la literatura se expande fuera del libro: puede ser conjurada o modificada por la energía de pequeñas antenas o bien por unos seres mitológicos y robóticos.
“Programo máquinas que sean compañeras creativas, máquinas que me propongan elementos inesperados que pueda usar como material estético. Me interesa mucho el arte generativo, en ese sentido, como un proceso en donde el humano y la máquina comparten autoría”, dice Guzmán a El Vendedor de Tierra en su departamento de Buenos Aires, de visita a fin del año pasado.

¿Cómo surgió tu interés por vincular en un proceso creativo lo tecnológico con lo literario?
Siempre tuve una doble actividad entre las humanidades y la tecnología. Llegué a la Argentina para estudiar psicología –carrera que empecé en México-, pero la dejé para comenzar Letras. Al mismo tiempo estudiaba fotografía, que ya había hecho en Monterrey, con un interés místico por el revelado y los trabajos de laboratorio. Incluso, durante un período, investigué sobre la fotografía de espíritus en las obras de [Leopoldo] Lugones. Durante mi primera época en Buenos Aires, mientras trabajaba en la galería de Appetite, conocí a Mateo Carabajal. Él me inició en el mundo del circuit bending, un proceso que implica romper el funcionamiento estandarizado de un circuito para experimentar con el sonido, la luz, etc. Ahí comencé a interesarme mucho más por la electrónica. Cuando terminé Letras, me enfoqué en experimentar con distorciones visuales VHS y jugar con microcontroladores. De ahí cursé la Maestría en Tecnología y Estética de las Artes Electrónicas en la Untref, y desde entonces, lo literario y tecnológico son una mezcla ya indisociable.

La literatura trae máquinas todo el tiempo. La idea de lo robótico o lo automático ya aparecía en la Ilíada y en el mito del Golem

Mario Guzmán

¿Y cómo entendés la relación entre ambas áreas?
Entiendo al código y al software como un género literario y como un metalenguaje de los medios. Creo en la literatura como una máquina en donde cada palabra tiene una función. Me interesa trabajar con textos que sean algoritmos y que lleven a cabo acciones por sí mismos. Cuando sucede, me parece espectacular. Entonces, lo que hago es programar máquinas que funcionen como compañeros creativos. Me gusta sorprenderme con lo que esas máquinas hacen. Programo algo que después me enseña. La literatura, pero más bien la escritura, es una tecnología que transforma y construye nuestro mundo. La interfaz de esta experiencia nos puede llevar a experimentar con lo ilegible, con lo no-lineal, con lo inestable. Yo apunto a experimentar con estos elementos.

¿Qué es para vos la literatura?
Es un campo de exploración y de juego, con una serie de recursos, conceptos, estructuras que están para alterarse y romperse. Es un espacio donde el lenguaje no necesariamente tiene una función comunicacional y puede utilizarse como algo plástico, integrando objetos que pueden ser rotos, re-armados y combinados. También es un espacio donde la ambigüedad -que en otros terrenos puede ser angustiante- es productiva.

Desde ese enfoque, ¿hacia dónde creés que va?
Creo que su futuro es múltiple: con el soporte de papel tiene un proyecto; con los e-readers, otro proyecto; y con la robótica, otro. Se pueden hacer muchas interpretaciones y la literatura cambiará más o menos dependiendo de cuál se elija. Creo que hay que pensar a la literatura como un campo de posibilidades donde el lenguaje es flexible, esa idea no cambia. No importa qué soporte tenga. Todas las versiones y posibilidades de lo literario conviven entre sí.

¿Cómo fueron las primeras experiencias en la Maestría?
Para ese entonces ya trabajaba en cómo la técnica influye a las letras y viceversa. Por ejemplo, mientras estudiaba a Lugones, observaba que en muchos de sus textos, principalmente en sus ficciones fantásticas y en Las fuerzas extrañas, el laboratorio, la ciencia, la máquina y la escritura tenían un lugar muy interesante. La literatura trae máquinas todo el tiempo. La idea de lo robótico o lo automático ya aparecía en la Ilíada y en el mito del Golem. Pero quizás también en los textos oraculares de la literatura antigua. Por ejemplo, una de las primeras obras que hice, el Oráculo Generativo, tenía que ver con la posibilidad de generar texto sin la “intervención humana”, emulando las prácticas rituales de los oráculos. Era un poco un ejercicio literario y técnico. Fue alentador ver lo que el público decía y cómo eran las distintas reacciones en los lugares en donde lo exponía. Me interesaba que los participantes hicieran algo con su cuerpo, que interactuaran con el lenguaje de otra manera, más allá del formato libro o pantalla. Era un objeto grande con el que se interactuaba y se ponía en juego el cuerpo en la lectura.

En ese tipo de ejercicios que implican otras formas de narrar, ¿con qué más experimentaste?
Experimenté también con la historia de México y sus códices. Hice una obra que se llama Quetzalcóatl-bot entre códigos y códices, una reformulación del mito prehispánico de Quetzalcóatl a través del arte robótico. La idea es que un robot, con forma de serpiente, circula dentro de un perímetro y, mientras repta, va dejando -proyecta- una estela que devela códices. Está basado en una interpretación de códice de Borgia, en donde se narra el origen del universo que, al mismo tiempo, es el propio mito de Quetzalcóatl. También trabajé con narraciones cosmogónicas huicholes en Temazcalli-Dome, una obra inmersiva para planetario, que hice junto a Agustín Ramos Anzorena y que es un viaje desde un temazcal hacia las Pleyades, un conjunto de estrellas que según el pueblo huichol, es nuestro lugar de origen.

¿En qué consiste el “Poema Electromagnético Desneoclasificado”?
Es un proyecto de poesía sonora que trabajé junto a Paula Guersenzvaig y expusimos en 2016, en la Casa Nacional del Bicentenario, en el contexto de FASE, encuentro de arte, ciencia y tecnología. La idea era hacer una máquina que reaccionara a los discursos de la muestra, que era bastante amplia e interesante. Hicimos una columna dórica en 3D -como metonímia del estilo neoclasico de la CNB- y después hicimos varias más copias en yeso y las convertimos en antenas. Recogimos textos del entorno donde estábamos, los pusimos dentro de una base de datos y después estos eran controlados con ondas electromagnéticas también del espacio de la instalación. Alguien acercaba unas lámparas a esas columnas y su aproximación alteraba el modo en que el texto se iba emitiendo, que, a la vez, se convertía en un instrumento textual. O sea, se podía hacer poesía sonora con luz y electromagnetismo. Algún día retomaremos esa performance.

¿Qué estás haciendo ahora?
Estoy trabajando en una máquina para minar ethereum, una criptomoneda de las muchas en caída. Lo que quiero hacer es utilizar la fluctuación del valor de la moneda y del trabajo de la máquina para escribir poesía latinoamericana cuyo tema gire al rededor del dinero. En América Latina la historia del dinero y la especulación es muy interesante. También estoy investigando sobre robotica social y educativa, pensando en obras nuevas, aprendiendo nuevos lenguajes. Siempre hay muchas cosas para hacer.

¿Quién es?
Mario Guzmán (México, 1985) es licenciado y profesor en Letras (UBA), egresado de la Maestría en Tecnología y Estética de las Artes Electrónicas (Untref). Actualmente trabaja para Hanson Robotics, en Hong Kong. En Buenos Aires, se desempeñó en la Biblioteca del Congreso de la Nación y dio clases de literatura en la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde abordó temas como cine experimental, videoarte y literatura latinoamericana.
Ha presentado trabajos en congresos internacionales, publicado artículos en revistas especializadas y en libros como Poéticas del Movimiento. Aproximaciones al cine y video experimental argentino. Comp. Torres, A.; Garavelli, C.
Su obra ha sido expuesta en México, Panamá, Bolivia, Brasil, Argentina, Francia y Nueva York. Se destacan la XIX Bienal Internacional de Artes Visuales de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 105 Salón Nacional. Instalaciones y Nuevos Medios en Buenos Aires y el Festival ZERO1 en La Rochelle, Francia.s y robóticos.
“Me interesa programar máquinas que sean compañeras creativas, máquinas que me propongan elementos inesperados que pueda usar como material estético. Me interesa mucho el arte generativo, en ese sentido, como un proceso en donde el humano y la máquina comparten autoría”, dijo Guzmán a El Vendedor de Tierra en su departamento de Buenos Aires, de visita en las fiestas de fin de año.


Categorías:Alejo González Prandi, Entrevistas, Videos

Etiquetas:, , ,

1 respuesta

  1. Capo mi compa!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: