vuelve del horizonte

Vamos por la segunda

Los poetas hicieron feria. ¡Y qué feria!

El lugar elegido del primer encuentro de Pequeñas Editoriales de Poesía Argentinas fue el Centro Cultural “Nuestra América”. Un gran abrazo entre los editores y lectores, y en el que las expectativas se superaron con creces. Eso es lo que transmitieron varios de los feriantes durante y después de PEPA.

Alegría y agradecimiento por los resultados. Pero también por el nivel de la organización, sobre todo por la tarea hecha de Javier Cófreces, de Ediciones en Danza. Los stands estaban cubiertos con manteles negros –con sus bordes cosidos a mano-. A cada editorial se le entregó sobres con el sello de la feria y una pequeña publicación a color, en el que figuraba el programa de las lecturas. Hubo cuatro mesas durante los dos días, en el que leyeron 18 poetas.  

Los de la casa fueron grandes anfitriones. Además de una cocina que ofreció un menú muy tentador, la atención fue de primera. Hasta hubo para los editores unos bocaditos exquisitos. Tanto mimo y hermandad hizo que el sábado y el domingo fueran jornadas inolvidables.

El balance positivo también se tradujo en ventas. Algunos me contaron que la cantidad de ejemplares comercializados fueron mayores a los estimados. Para El Vendedor de Tierra, con sus cuatro títulos editados de forma artesanal, fue una experiencia sobresaliente.

Formía, Soldano y Ravazzani

De la feria nos llevamos nuevos amigos y más ideas que iremos decantando. El contexto que atraviesa nuestro querido país es bestial. Hay que remarla en dulce de leche. Como dice un amigo, si no hay guita para la olla, menos habrá para libros. No obstante, acá estamos. Poesía y amor nos impulsan a seguir camino. Hacen falta más encuentros y más ferias con catálogos en crecimiento.

Me quedé con ganas de ver con más detenimiento los títulos y las novedades de algunos sellos compañeros. Sí me pude llevar la poesía reunida de Adélia Prado, publicada por Griselda García Editora, y la de María Teresa Andruetto, de Ediciones en Danza. Gratitud infinita al amigo Ariel Fleischer por su distinguida plaqueta de Los gritos, en una admirable edición cuidada y dirigida por Rubén Lapolla, de Ediciones Kalos. Y también a Cristina Briante por su original Entretela. Y como si fuera poco, el generoso Javier Magistris me entregó tres ejemplares de La Guacha, uno de ellos dedicado al gran Jacobo Regen.

Y con Regen me despido hasta la próxima: “Dos caminos tiene el mundo;/ dos caminos, nada más:/ uno que va y que no vuelve, / otro que vuelve y no va”.

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